19.5.11

Pelos



El vello púbico no existe, está ausente en los pubis femeninos de todas las esculturas y pinturas llamadas tradicionales, esas que hemos estudiado sobre la antigüedad, el renacimiento, el romanticismo, esas que hemos visto mil veces en los libros de arte, en documentales aburridos, en museos donde nadie debate su hegemonía, en jardines opulentos y clasistas o en mansiones donde lo importante es sólo aparentar. Si ahora mismo cerrásemos los ojos y pensásemos en una escultura clásica, en un desnudo femenino ¿quién en su pubis vería una hermosa pelambrera?, supongo que nadie, sólo mi mente perturbada que después de tanta negación ve cosas donde no las hay.



Siempre me he preguntado el por qué de su no inclusión, ¿dónde están los pelos púbicos? ¿se pusieron todas las mujeres representadas de acuerdo en rasurarse toda la zona? o quizá ¿no existe por que el pelo incita? o, tal vez, ¿el pelo es sinónimo de una construida vergüenza hacia los genitales femeninos (léase también miedo y por lo tanto desconocimiento) por parte de los artistas (sociedad) de todos los tiempos? Claro, sin pelo y casi sin forma, si abertura aparente, sin coño (hablando sin pelos en la lengua que por cierto me los he rasurado esta misma mañana) se simula una figura triangular anodina y no sexual, sin connotaciones, sin anatomía, por lo tanto sin deseo, sólo el que la mira puede desear.


Además muchas de estas esculturas y pinturas de mujeres con triángulo anodino rasurado se tapan parte de “su zona ¿impúdica?” frente a las miradas invasoras de lxs visitantes. Es decir, que mientras muestran su cuerpo éste es a su vez marcado por la vergüenza pero curiosamente objeto vouyerístico. Ains, ¡cuánta contradicción!



Ninguna de estas esculturas fueron producidas por mujeres y mucho menos para mujeres (¡ja!). Este borrado anatómico y sexual es motivo suficiente para pensar en la negación de una sexualidad plena, deseosa y carnal de las mujeres. Estas esculturas nos muestran un desnudo pero nos enseñan que ellas no sienten deseo, no tienen placer, no tienen sexo propio si no más bien desdibujado. La tradición de occidente volcó parte de su entusiasmo en enmascarar y controlar el cuerpo de las mujeres a través de este tipo de representaciones que comenzó mucho, mucho antes de lo que yo pueda imaginar. Lo perverso es que aún hoy en día disfrazado de mil formas sigue en pie de guerra, sólo que algunxs son y están incrédulxs.


Imágenes:
Venus. Sandro Botticelli.
Venus dormida de Giorgione
Venus de Urbino de Tiziano
La afrodita de Cnido de Praxíteles
El nacimiento de Venus de Alexandre Cabanel

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