13.6.11

Miedos irracionales

11 de junio. Sábado por la tarde. Trayecto del Ave Valladolid-Madrid. En la parada Segovia-Guiomar suben un grupo de unos 10 hombres de entre unos 30-40 años. Y se sientan en los asientos de detrás de nosotras. No miento si digo que se nos hicieron los 30 minutos más laaaaargoooossss de los últimos tiempos. Estos hombres metidos en años iban a celebrar una despedida de soltero a Madrid. Eran las 20 h. y parecían ir como cubas o, al menos imitaban a la perfección sus efectos: decir chorrada tras chorrada, reírse de sus propias estupideces como si la risa se fuese a terminar y sobre todo a dejar bien claro que eran heterosexuales, muy pero que muy heteros. La unidad de conjunto en este caso se suele reforzar cada segundo, se justifica en cada momento, dejando bien claro, que uno es muy macho, el más hombre de todos, frente a sus amigotes y frente al vagón entero. Este exceso de hombría va acompañado de multitud de circunstancias que todxs lxs allí sentadxs en el vagón terminamos sufriendo de una u otra manera.
Supongo que en los miedos paranoicos de estos varones jóvenes blancos heterosexuales  siempre está la sospecha de que hay algún homosexual observándolos y de ahí que tengan que acotar y luego gritar que ellos son muy, pero que muy hombres haciendo derroche de su testosterona, virilidad y desacomplejada sexualidad. Los síntomas fueron: hablar muy alto sus chorradas, reírse como si no hubiera mañana, decir tetas, culo y polla cada minuto, hacer sonidos graves, y darse palmaditas en la espalda como signo inequívoco de su camaradería. Aparte de sus manidos comentarios misóginos y básicos sobre tetas, rubias y culos, se suman los que dedicaron a lxs travestis que por supuesto no voy a escribir, comentarios que se inscriben, (sin ser yo antropóloga) en una de las fantasías homosexuales más comunes del hetero-macho, esa gran fantasía de penetración anal que casualmente tanto estigmatizan pero que dejan siempre tan claro que es muy deseada, evidentemente siempre lo disfrazan con descalificaciones y amenazas.
El tema de las despedidas de solterxs es sumamente inquietante y muy revelador. En una sociedad avanzada como la nuestra se supone que el sexo no tiene que ser tabú, ni tan siquiera tema de conversación constante o tema de cachondeo para celebrar fiestas. En cambio por lo que veo en cada despedida el sexo es más tabú que nunca, y las relaciones por ello menos libres y más tipificadas.  La sexualidad, que no sexualidades, se convierte en una especie de tortura, en deberes obligatorios que llevar sobre la espalda y que suele tocar los sábados o tres veces por semana (y si gana el barca o el madrid) y en estúpidos comentarios segregacionistas por parte de amigxs que en cada despedida juegan a ridiculizar al máximo el sexo y el papel que juega cada unx en ellxs. Colgarse una gran polla, la gran polla en la cabeza, llevar vibradores en las manos y accionarlos cada rato, muñecxs hinchables, tetas o culos de silicona, vestirse de putas para hacerse uno aún más macho o irse de putas es un plan perfecto para una sociedad alarmantemente bastante inculta, clasista, misógina, hegemónica y decadente. Me dan perfecto asco  este tipo de divertimentos. Me repugna ver como estas fiestas son perfecto blanco de desigualdades sexuales tan abismales y retrógradas tan metidas en algunas formas de diversión que algunxs ni se las cuestionan ni lo más mínimo.

Igual en su día tuvieron su sentido. Igual pudieron ser ritos de sexualidad y fertilidad de culturas dónde el sexo tenía otro lugar y otra dimensión. En lo que respecta a los tiempos que corren me parece bochornoso que cada sábado que salgo, esté en la ciudad que esté, un grupito de insolentes personas ataviadas de manera indescriptible hagan gala de su ignorancia con respecto a las sexualidades, los respetos, las libertades y las diversidades.

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