15.6.11

Queer está pasando

Hoy mientras caminaba hacia casa iba mirando a mi alrededor con una indiferencia acentuada en lo monótono, en lo rutinario, en el balanceo de lo días anodinos y comunes. Mientras todo esto ocurría en mi cabeza me imaginaba un reseteamiento al menos de modo local de ciertos convencionalismos y transgredirlos dándole rienda suelta a lo subversivo, a lo raro, a lo diverso, a lo extravagante, a lo extraño, a lo que retuerce el pensamiento simple y categórico sobre la(s) identidad(es) y sexualidad (es) de manera que se desestabilicen, entre otrxs, las señoras con pelo atusado lleno de laca, los señores con bigote y gafas de sol que leen el ABC, el clero, claro, lxs monjas y lxs pijxs que usan la palabra perroflauta como quien escupe mocos al suelo.
Revisemos de manera radical todo aquello que ya no es porque nunca lo fue, lo que fue pero que ya no nos sirve y lo que sirvió en alguna ocasión y hoy lo reciclo y lo reviento después, reactivemos y trasformemos nuestra creatividad caminando hacia lo queer.

Para Foucault la identidad es el sistema de regulación y el control de las subjetividades de forma que todxs respondemos a fórmulas ya preestablecidas, determinadas y marcadas. Lo queramos o no, lo llevamos apuntado en una parte de nuestro cerebro (ese mismo sitio dónde se graban a modo sintonía las canciones de misa que yo misma aprendí en el colegio y que nunca he olvidado, por cierto).  Cuando yo me defino y lo hago como mujer, marica, bollo, incrédula, cinéfila, dormilona, fácil, distraída, irónica, atenta, desastrosa, molesta, disléxica, egoísta, hiperactiva y nerviosa ¿a qué sistemas de mi misma estoy apelando? ¿Cómo me estoy representado? ¿Bajo qué parámetros y paradigmas? ¿Qué tienen que ver lxs otrxs en todo esto?

Me ataca el binarismo bueno/malo, hombre/mujer, cielo/tierra, vienes/vas, subes/bajas, estás/no estás, blanca/negra, homo/hetero, macho/hembra, lista/tonta, deportista/floja, si/no, porque me(nos) oprime(n) y me (nos) aleja(n) de las construcciones de múltiples subjetividades que recortan mis posibilidades de ser creativa y versionan a la duda como algo inaceptable (con lo que quiero yo a las dudas y a estar en duda todo el rato). Nos hacen menos libres tanto para ser como para estar, tanto para sentir como para amar, tanto para follar como para luego reflexionar e incluso odiar, olvidar o mandar a paseo. Sólo nos están permitidas determinadas identidades, las que ya están prefijadas y legitimadas por los convencionalismos y universalismos del tipo: “esto ha sido así toda la vida o una señorita es una señorita y no eso que eres/haces tú”.

Me voy a explicar un poco mejor porque me apetece hoy dar explicaciones ¡vaya!  Yo, como mujer no sería tanto lo que soy en mi misma sino un arquetipo de lo que otrxs han decidido que yo debía ser. Y luego yo he sido. Sigo. Lxs negrxs no son negrxs si no son todo lo que los blancxs han dicho de ellxs. Lxs que nos rebelamos contra la sexualidad preestablecida, autoimpuesta y esperada no somos como pensamos que somos si no como los discursos normativos heterocentristas y homófobos dicen que somos.

Así de claro, resumido, y complejo.

Veo, respiro, observo, calculo, siento que a día de hoy a mucha gente se le escapa que somos intertextos, caminos cruzados y atravesados por multitud de situaciones, actitudes, sensaciones, discursos y representaciones. Todas cambiantes y mutantes, variables e insospechadas. Ya en 1980 Monique Witting en su ensayo La pensée straight subvirtió la tradición del feminismo heterosexista acuñando una gran frase que pasó automáticamente a la historia de la militancia bollera en el mundo entero: “las lesbianas no son mujeres”. Mostrando así que la mujer es una categoría política que surge en el marco de un discurso heterocentrado. El pensamiento de Wittig pasará años más tarde a ser uno de los pilares fundamentales de la teoría queer.  ¡Cómo me has gustado siempre Witting!

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