8.11.11

Lxs cobardes nunca quieren cambios. Solo protegerse de ellos.

Me rechinan las personas que siempre dicen tener las cosas claras. Me revientan todas aquellas personas que siempre tienen y tienden a estar de buen humor, esas que no se dejan así mismas experimentar los fracasos, las dudas, la incertidumbre, ocultando con su sonrisa una actitud acrítica pegada siempre a la comisura de sus labios. Me fastidia el "no te preocupes, ya pasará" porque mientras lo estoy viviendo sí que estoy preocupada, por lo tanto, no quiero frases construidas ni me apetece salir a correr con mis miedos, prefiero sentarme con ellos.


No puedo con lxs veletas. Ni con lxs que hablan siempre de ellxs sin escucharme y sin escucharse.


Hoy mucha gente estaba contenta porque había ganado el debate Mariano Rajoy y con ello el Partido Popular. Y yo me pregunto ¿qué es lo que habrá ganado? ¿Era a caso un ring? como si el cambio político de por sí dejase colgado los problemas de poder o como si de una varita mágica se tratase, a partir de del 20 N comenzásemos a vivir en el mundo del pequeño pony, donde el trabajo se genera sin cesar y el buen hacer de la gente es moneda de cambio.

Sí, me jode. Me jode pasar por una caseta de esas del PP y ver a la gente que está dentro de ella agitar su banderita y atusarse el pelo para un lado y luego para otro. Me pregunto si a esos jóvenes que agitan banderitas y lucen orgullosxs pulseritas con la bandera española les han dejado alguna vez pensar solos, con reflexión y autonomía. Quisiera saber si alguna vez se han parado a pensar que los derechos que muchas generaciones de personas, como la de mis padres, han ido generando, pidiendo y luchando con miles de sacrificios, amarguras y dolor, ahora parece que ya no importan que ya no son importantes, que los planes de jubilación, las pensiones, la seguridad social, las cuarenta horas laborales, el divorcio, el aborto, la educación pública, y la libertad que tanto cuesta, ahora veo que de un plumazo, de un día casi para otro, con tanta facilidad y agilidad pueden ir desapareciendo sin que esos repeinados con raya al medio y camisa con cuellos hacia arriba sepan cómo funcionan ciertas cosas.


Nunca me han gustado lxs cobardes. No hablar claro del matrimonio homosexual es rodear la verdad con una soga. No querer que todxs tengamos los mismos derechos se llama homofobia. No hablar de ello claramente se llama cobardía (ante la posible pérdida de votos).

No puedo creer como hay gente que piensa que el simple hecho de votar al partido popular supone en sí mismo un cambio.  Un cambio sin pegar palo al agua. Un cambio que les viene caído del cielo como maná amparado por la crisis y los cinco millones de paradxs. Ayer, Mariano Rajoy se mostró soberbio y ganador. Se encontraba sobrado y con ese aire prepotente que sólo los políticos mediocres consiguen tener cuando creen poseer la razón absoluta.

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