22.11.11

Pues...ya casi ni me acuerdo

Siempre recordamos de manera inexacta. La memoria es traicionera como lo son tantas de nuestras acciones diarias. Me gusta cuando dos o más personas tratan de recordar alguna experiencia vivida de manera conjunta y se concentran tanto que terminan rememorándola de una forma un tanto confusa. Ese es el momento de tejer datos que ya no nos sirven o bien que no encajan porque cada unx lo recuerda de forma muy diferente. La subjetividad es como un mal vicio, siempre está presente, y la necesitamos tanto que se nos escapa el pensar que forma parte de nuestro complejo estado de formular  lo que posiblemente ocurrió y la parte que inventamos.

Me parece fabulosa esa forma en la que lxs niñxs echan mano de su pequeño pasado hablando sobre ellxs mismxs de cuándo ellxs eran pequeñxs, como si acaso aún ya no lo fueran. Como si de repente midiesen el tiempo como lxs adultxs. (Cuando yo era niña me movía en eternidades, todo me parecía pasar lento).También me provoca confusión la forma en que lxs niñxs hablan de su vida cotidiana y si les descolocas mínimamente ellxs usan la palabra raro para designar algo que no es común a sus acciones diarias, que no se hace, o que no es normal hacer. Y esto me sorprende particularmente de lxs niñxs porque ellxs aún deberían tener el privilegio de no pensar como lo hacemos  lxs adultxs. Pero les hemos sacrificado con nuestros prejuicios. Y es aquí, justo en este momento, cuando se mezclan dos palabras extrañas pero comunes, usadas y odiadas a partes desiguales, bipolarizadas, estigmatizadas, ¡cuánto daño han hecho y a mí me hacen las palabras normal y raro!. Por eso cuando recuerdo que es para mí lo raro casi no tengo memoria más allá de lo que mucha gente denominaría normal.  Nos han escolarizado para vivir en un mundo racional, tranquilo, común, cotidiano y estructurado. Un mundo que, aparentemente se nutre ya desde los primeros años de escuela matando la imaginación porque esta conlleva en sí impresa el gesto de lo raro, y si no imaginamos no aprendemos a pensar. Por supuesto que sí nos enseñan a pensar pero de forma uniforme y sesgada, más bien, nos programan para pensar lo que es normal pensar. Y, claramente así no hay forma de imaginar, de soñar, de  despertar, y de ser autónomx. De esta forma relaciono la memoria, con la traición, lo normal y lo raro con el fanatismo.

El fanatismo siempre es algo inmediato, una solución que no entraña nada nuevo más que pensar, porque todo está ya pensando por otrxs, es algo como rápido de engullir. El fanáticx elimina su incertidumbre de forma placentera. Es como un gran ahorro de energía. Así es de fácil y así de sencillo; más de nueve millones de españolxs (no todxs fanáticxs por supuesto) dan su respaldo a un grupo político conservador de derechas, al pp, pensando así que el simple hecho del cambio por el cambio, que tras esta acción performativa se sucederá la redención como única y legítima salvación apocalíptica.  Pero observo con cierta incredulidad que el maná aún no ha caído del cielo como yo esperaba que sucediera al día siguiente del gran cambio. Qué rara que soy. Puede que a partir de mañana, por ejemplo, empecemos a recodar que escuchamos ciertas cosas cuando el pp estaba en la oposición y que ahora ya no son así, o que tal vez, nuestra memoria incluso se haya atrofiado y no sepamos qué fue lo que era que tenían que hacer.  O gente que incluso escuchó precisamente lo que le gustaría haber oído.

El fanatismo siempre me dio miedo. Y el domingo por la noche mientras veía en el salón de mi casa a través de mi televisor miles de banderitas con la bandera española y otras con el uniforme color azul derechista pensaba que con la que estaba cayendo qué coño estaban celebrando toda esa gente de fanáticos, en modo corderos, en un día con cierto aire telúrico raro, un día como el 20 N, nada pero que nada normal.

2 comentarios:

  1. Lo peor es que mucha de la gente ue lo ha votado no sabe qué está votando pero, aún así, confían todas las decisiones que van a tomarse en su país en un momento tan delicado, a un partido del que no saben nada excepto que ha perdido dos veces contra el que está por marcharse.

    Eso, y la oquedad de pensamiento que han de tener dentro muchxs de los que en Génova aireaban banderas de otrs (malos) tiempos.

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  2. SrChinaski comparto todo lo que has dicho. Es así. En épocas de crisis, en momentos de incertidumbre, la gente en masa tiende a agarrarse a aquéllo que que se presenta como "la solución" a modo de fórmula mágica. Cuándo está tantas veces comprobado que así no funcinan las cosas. Sólo hay que mirar atrás en la historia (esa con mayúsculas y universal) para saber qué es lo que ha ocurrido en otros momentos parecidos o paralelos a este. Gobiernos autoritarios que hacen involucionar. La confusión y el hecho de no saber exactamente ni lo que ocurre ni lo que los políticxs hacen, crean en las masas humanas estados de no-pensamiento transitorio, con un gran detalle: algunos son consecuentemente irreversibles.

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