17.8.11

OBDC

Deber ser muy duro pasear estos días por Madrid y ver a toda esa masa homogénea, marea de ovejas hipnotizadas (con mochila) que respaldan a una iglesia anacrónica, casposa, delirante, encubridora de las más atroces aberraciones que puedan existir, machista, clasista, misógina, homófoba, saca dineros a bocajarro y un largo sin fin de obscenidades inconfesables, que paradójico, ¿verdad?.
Me gustaría que alguna de las mujeres que defienden, pertenecen y apoyan a la iglesia me contase cómo viven aceptando  un discurso eclesiástico unívocal y unidireccional que oprime, recorta, hace retroceder, desalienta, hace involucionar y margina de todas las formas posibles a las mujeres. Por favor no se corten en contestar me es muy valioso leer experiencias increíbles.
Y esto ha sido así desde que la iglesia es iglesia y esto  deviene en  jerarquía y poder desarrollado en su más amplio sentido. Una iglesia que quiere mantener el control de los cuerpos de las mujeres y su subordinación suprema en todas las esferas. Insisto y  llámenme pesada si hace falta pero si por casualidad de manera despistada alguna católica, apostólica creyente y practicante ha llegado leyendo hasta aquí sería de muy buen recaudo tratar de explicarme su postura con respecto a este tema, con sus opiniones acerca de las mujeres tratadas como inactivas dentro de la iglesia, secundarias hasta dentro de sus propias vidas, sumisas en cuanto a su sexualidad y en cuanto a sus deseos ampliamente hablando.

Cuestionarse las cosas es aprender a vivir reivindicando derechos, es usar el mundo con dignidad. La crítica no es algo peyorativo sino una forma de crecer ante la vida. Seguir a ciegas unos mandatos legendarios que nunca han sido revisados debería de poner la piel de gallina a más de unx. Las mujeres no somos quiénes nos contaron que debíamos ser.  Si la iglesia ha tratado siempre de subyugarnos como mujeres es porque siempre ha estado gobernada por hombres que sólo han buscado sus propios placeres beneficiándose siempre así mismos para no perder ni un ápice tanto de opulencia como de intereses de todo tipo.
No entiendo cómo ciertas mujeres siguen apoyando a la iglesia. No me dan pena, me dan analfabetismo.

4.8.11

Intimidación por tradición

Parece que las coincidencias suelen llamar a otras coincidencias. Hay días en los que parece que llueve todo el rato sobre mí todo eso que me espeluzna ver.


No sé por qué a día de hoy aún hay mujeres que se empeñan en ser jefes, abogados, directores, médicos o arquitectos. En serio, me sorprende. Soy una eterna sorprendida.

3.8.11

Mirando para otro lado

Y de nuevo llegan las estadísticas, y con ellas las alertas sobre nuestros actos, acciones, pensamientos a flor de piel y así algunos desvelos delatan una vez más esa carestía de querer siempre hacer las cosas bien, o de ser siempre lxs mejores cómo indica nuestra sociedad civilizada y, por supuesto occidental,  siempre dispuesta a acogernxs en ese gran colchón industrial que tenemos siempre bajo nuestros pies para rebotar una y otra vez, aunque a veces lo hagamos de culo o como el culo.

¡Pero qué grandes son las estadísticas y cuántas cosas nos aportan!

Ayer,  la ministra Pajín anunciaba una encuesta realizada por el ministerio de sanidad, política social e igualdad en la cual unas 600.000 personas justifican las agresiones de la violencia machista o misógina (me niego rotundamente a llamarla de género) siendo un 40% de mujeres las justificadoras. Lo que más me llama la atención es que un 72, 5 %  atribuyen dicha violencia a problemas psicológicos del agresor y más de la mitad cree que los hombres que maltratan y matan a sus mujeres lo hacen por problemas con el alcohol y las drogas. Siempre me ha resultado altamente sorprendente que nadie nombre nunca al contexto, a la educación recibida, al patriarcado como eje del mal de la humanidad, al poder varonil establecido desde tiempos inmemorables, al reforzamiento de la positividad de lo masculino sobre la negatividad de lo femenino, a la prevalencia de los patrones machistas, sexistas, misóginos sobre cualquier otra posible estructura social y al miedo profundo de todo lo que rodea y es lo femenino. ¿Tanto cuesta hablar de esto? O más bien es que no interesa. Es mejor rodear las adversidades que enfrentarse de verdad a los verdaderos problemas que lo acunan constantemente.

De nada sirve que las mujeres luchemos solas por las violencias machistas (tanto las evidentes como las visibles e invisibles), entendidas éstas en su más amplia definición: física, verbal, performatica, gestual, porno, afectiva, silenciosa, simbólica... si hasta un tanto por ciento bastante elevado de algunas mujeres piensan que nos lo merecemos y para asegurarse hasta lo justifican. De nada sirve hacerlo sin ellos, sin los hombres, sin que ellos se impliquen de forma activa, reflexiva y concienciada. Pero para todo esto habría que empezar por la educación, por inculcar y trabajar el derecho a ser diferentes sin que ello trastoque los derechos y libertades tanto individuales como colectivas. Es que parece que no va con ellos. Y así es también expuesto en los medios de comunicación, en las familias, en la escuela, en la vida, en sociedad. Al parecer la lucha es sólo nuestra, ellos están al margen. A ellos no les gusta comprender que su masculinidad ha sido educada, que su hombría es fruto de un sistema complejo de poderes y control de intereses tan inabarcables como fronterizos. Ellos parecen ajenos a que su virilidad es una construcción social de un sistema hegemónico que a veces agoniza y otras se muestra victorioso. Ellos parecen no querer darse cuenta que forman parte de un gran aparato social que emplea variados mecanismos como medio del mantenimiento del control social y del ejercicio del poder mediante el patriarcado.  Ellos parecen no enterarse de que otros muchos hombres desde hace años, décadas, están poniendo en duda, están cuestionando el papel de la masculinidad, de cómo se construyen las masculinidades (a partir del Estado, la familia, la iglesia, la sociedad, lo médico y psicológico) y su representación en la cultura contemporánea. Pero claro ser hombre, joven, blanco, heterosexual y vivir en una cultura falocéntrica es mantenerse al margen, vivir ciego, actúar sin problemas y casi de forma impune, es vivir siempre a favor de lo masculino. Así, bajo estos parámetros es mejor pensar que el hombre que maltrata es porque está psicológicamente mal o es porque es alcohólico o drogadicto, no es por otros motivos, está básicamente claro que esto se debe mantener así. Sólo que yo no lo comparto, ni lo creo, ni lo veo. Sólo que a mí me afecta, me revuelve las tripas, me incomoda, y me hace entrar en lucha.

Este tema da más para una investigación que para un post. Me es difícil resumir, concretar, no desbordarme, centrarme, lo es en mi vida diaria, no lo va a ser en un tema como este. Me es complicado no perderme, aislarme del resto, no querer ver.

La palabra feminista asusta. Ahuyenta. Es peyorativa. Entorpece, crea confusión. Sigue siendo muy complicado hoy en día decirlo en voz alta sobre todo depende de en qué círculos te muevas. He oído tantas veces a tantas mujeres decir lo de “yo no soy feminista” y a continuación a modo de manifiesto enumerar todo lo que lucharía a favor de los derechos por y de las mujeres. ¿En qué quedamos? ¿Qué coño les pasa? ¿Por qué huir de la palabra feminista y de lo que todos los movimientos feministas suponen? Igual es que aún no han acertado a comprobar que no existe un solo feminismo, al igual que una sola forma de hacer las cosas, de sentir, de amar o de vivir. Cuánto cuesta ver que las cosas son múltiples, inabarcables, que hay cientos de posibilidades, variaciones, y formas de hacer, deshacer, construir, romper, subir, bajar, amar, olvidar, poner la mesa, ver una película, desayunar, conducir, hablar, pensar…Qué rápido se les olvida a algunas las cosas, el pasado, los avances, los derechos, el presente, los privilegios, las seguridades, los favores, las amabilidades y generosidades que otras muchas mujeres del pasado y del presente hacen, hicieron (incluso costándoles la vida) y otras harán por el resto y sobre todo por ellas mismas. Que rápido algunas parecen olvidar y otras las más jóvenes quieren ignorar o más bien pasar de largo. No hay nada peor que ser ignorante en una sociedad como la nuestra. No está ni mucho menos todo hecho sino que está todo por hacer. Para nada está todo superado sino más bien casi todo por superar y sino no dejéis de mirar ya no solo a las estadísticas sino a vuestro alrededor y a vosotras mismas.