21.1.12

¡Entra dentro, coño!

Cada mes intentaré escribir sobre la obra de algunas artistas que para mí son la base de mis cimientos intelectuales. El hilo conductor será reflejar a modo de pequeñas incursiones reflexivas y críticas como éstas han cambiado mi forma de relacionarme con el hecho artístico y más concretamente con las producciones creadas por mujeres sean éstas o no feministas.

Para esta primera ocasión voy a empezar con la obra de una artista francesa, Niki de Saint-phalle que en la década de los años 60 del siglo XX se resituó en contra la estética del arte pop distanciándose con ello de la imagen tópica que desde los medios de masas se generaba de manera generalizada sobre el cuerpo de las mujeres.

Si hay una obra que siempre hubiese querido experimentar, patear, caminar, saltar, tocar, oler, pensarla, hablarle, susurrarle, dormir en su interior y mojarme entre sus flujos, esa es Hon. Ella.



Resulta ya tan lejano... corría el año 1966 cuando Niki de Saint-phalle presentó Hon en el Moderna Museet de Estocolmo: una figura de vivos colorines con cuerpo de mujer, de escala monumental y tumbada en el suelo con las piernas abiertas ávida de usuarixs que la atravesasen de arriba abajo con su experimental interés. A través de unas escaleras lxs visitantes más desinhibidxs entraban en su interior, a través de su coño abierto,  forzando a volver de alguna forma al lugar de dónde salimos por necesidad.  Es algo así como “ven y conóceme, implórame, paséame, ven y verás como ante ti se desdibujan las terroríficas vaginas dentatas, los lugares cerrados y misteriosos, las cortinas que huelen a cerrado”

Hon se abrió para todxs. Hon cambió el paradigma permitiendo dejar de ocultar lo que por costumbre no se debe enseñar. Hon permitió dar otras posibles alternativas sobre la producción de imágenes sobre el cuerpo de las mujeres. Hon también fue un lugar para que otras mujeres no se sintiesen incómodas consigo mismas por desconocimiento o por “pecado” sobre su propia anatomía y consecuentemente sobre sus propios deseos y placeres. Hon no era una escultura que cosificaba el cuerpo de las mujeres, Hon no patologizaba las sexualidades femeninas.

Tiene gracia pensar que este tipo de obras sirvió como base para la deconstrucción de esa imagen tierna, sensible, delicada, blandengue, grácil y sutil que se esperaba de las mujeres  de a pie y más concretamente de las mujeres artistas en un marco contextual de los años 60 y 70 que comenzaba por aquellos entonces a cuestionar las relaciones y los modos de vida. En esta época, sobre todo en Norteamérica y más tarde en Europa se abrió un período de expansión económica que ayudó a propulsar como nunca hasta entonces un estallido creativo sin paragón en luchas a favor de la libertad y la igualdad. El punto de partida, como casi siempre, tiene origen político, la ausencia evidente de las mujeres en los ámbitos culturales y corrillos artísticos. Y cómo encajar su práctica en su propio olvido, desazón e inquietudes, alborotando y removiendo a modo de “forma sin retorno” el patriarcado.

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