19.2.12

¿Qué te gustan más las chicas o la ropa?

Cada vez que viajo en tren suelo llevarme un libro para leer tranquilamente sumergida en sus líneas y en mis paranoias. El viernes viaje a Madrid y para esta ocasión me llevé el libro "El pensamiento heterosexual" de Monique Wittig prestado por una amiga y que aún no he tenido ocasión de leer de manera íntegra. A veces, y según que libros no necesito mucha concentración, casi siempre he leído con música de fondo, la radio, gente alrededor, la televisión en bajito, o mil cosas pululando. Es la herencia de haber vivido con una familia bastante “ruidosa”. Tengo gran capacidad de concentración con lo que cuándo leo suelo evadirme hasta de mí misma. Es algo así como no poder hacer dos cosas a la vez. Lo cierto es que apenas pude abrir el libro, sólo me dio tiempo a leer una página, varios chicos entraron en el vagón como elefantes en una cacharrería y se sentaron uno a mi lado y los otros dos al otro lado del pasillo pero a la misma altura. En cuánto vieron el título de mi libro empezaron a hacer comentarios de todo tipo y a mirarme como si yo fuera un paquidermo desorientado en un vagón del ave. Como una ya está acostumbrada a este tipo de historietas en las que los machos deben hacer pavonadas y justificarse como tales todo el rato voy más bien tranquilina aunque he de decir que me incomoda bastante no pasar desapercibida. Si hubiese llevado un libro tipo "Las aventuras de Sandokan" igual para ellos hubiese sido completamente indiferente.



A la vuelta de mi corta estancia en Madrid de nuevo en un vagón del ave intenté ponerme a leer mi libro pero me quedé perpleja escuchando la conversación que mantenían una chica, que luego me enteré que era la tía, con un niño, su sobrino, de unos 8 años. La tía en cuestión le daba al niño una revista de moda mientras le preguntaba como unas 150 veces en menos de media hora: ¿qué te gustan más las chicas o la ropa? (lo mejor es que ella se hacía gracia a sí misma, es de esas personas que se gustan todo el rato y lo hacen saber al resto) a lo que el niño de forma bastante repolluda por cierto, contestaba que la ropa. A la tía le hacía tanta gracia que el niño contestase que la ropa en vez de las chicas que se lo preguntaba cada poco para ver hasta qué punto el niño era consciente de que las chicas que salían en la revista eran verdaderamente guapas. Sabiendo además claramente o más bien inconscientemente que a todos los niños por el hecho de ser niños les tienen que gustar las chicas y con 8 años uno ya tiene que tener un gusto exacerbado por ellas y babear frente a cualquier revista. Es curioso porque cuando el papá del niño se lo llevó a la cafetería, la tía comenzó a comentar con otro señor que el niño era como una marujita porque le encantaban las revistas, la ropa y las chicas que salían en ellas. Cuándo más bien la que se retrataba en sus propias palabras era ella solita. Es algo así como por un lado le da la revista, por otro lado le hace analizar las ropa que la chicas llevaban diciéndole si una cosa pegaba con la otra o si eran más o menos horteras (en función claro está del gusto de la tía) y por otro lado se extrañaba con cierto asombro de que el niño fuera una marujita. De lo que creo que ella no entendía mucho era del efecto-espejo-proyección. Y luego este tipo de chica-tía se llevará las manos a la cabeza cuando su sobrino se haya convertido en un tirano machista que valora únicamente a las mujeres por su físico y sus ropas.



Desde luego que el trayecto a Madrid en ave me daría para hacer investigación sobre comportamientos sociales. Nunca un medio de transporte me dio para tanto.

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