15.7.12

Tanta naturalidad me abruma. Histeria.

A través de la obra plástica de la artista Marina Núñez oí hablar por primera vez del médico Charcot (que fue profesor de Freud) y de su estudio sobre la histeria femenina y sus dolorosos tratamientos inflingidos a mujeres que supuestamente padecían esta enfermedad. La obra de Marina gira en torno a los discursos de género y las representaciones del cuerpo en ciertos momentos de la historia.  En su serie Locura 1995-96 discursa sobre la histeria como un estado de manifestación de los conflictos de la feminidad en el patriarcado. La histeria contiene esas contradicciones tan propias que han oprimido a las mujeres en determinados contextos. La locura quizá potencie ese estado ambivalente entre el control social, la leyenda, y la creatividad. Aparte de que generar conexiones entre el poder, las sexualidades, la misoginia y las enfermedades mentales.


Ambas imágenes pertenecen a la serie "Sin título (locura)", 1996. óleo sobre lienzo de Marina Núñez.

Esta semana pasada empecé a leer el libro “Porno y Postporno. Ensayos de Roberto Echavarren, Amir Hamed y Ercole Lissardi” que mi amor me trajo de su estancia en Montevideo. En uno de los capítulos encontré esta nota a pie de página que me tuvo rayada un rato. Es la nota 24 correspondiente al capítulo primero que se puede leer en la página 30. Copio textualmente:

“Desde Hipócrates, la masturbación, practicada por médicos o maridos, se entendió práctica para la cura de la histeria. Para mediados del siglo XIX se entendía que el 60 % de las mujeres eran histéricas crónicas; la terapia eran masajes clitoridianos por parte del médico. Como terapia, surgieron los vibradores: en la Inglaterra victoriana, en 1880, fue inventado el manipulator, masajeador vibratorio del clítoris. También británico, el médico Joseph Mortimer Granville inventó el primer consolador, un vibrador con forma fálica que producía un orgasmo en diez minutos”.

Casualmente también hace unas semana he visto el tráiler de la película “Histeria” dirigida por Tanya Wexler y que decidí no ver . Me ha echado para atrás ver que se trata de una comedia romántica. Odio las comedias románticas por todo que entrañan e invisibilizan. Aparte de que no me gustan las comedias mi intuición prejuiciosa me dice que el tema va a ser tocado de forma muy políticamente correcta, es decir, misoginia por doquier y a raudales por supuesto que sin crítica ninguna. Insisto de nuevo en que no la he visto.

Y la enfermedad de la histeria es tan sólo una práctica médica horrenda más entre otras para naturalizarnos como nuestra sexualidad no nos pertenece. De cómo si nos salimos de las normas establecidas por las políticas patriarcales convertirte en una histérica es tan sólo un trámite con qué diagnosticarte para corregirte, maltratarte, mutilarte y enseñarte a odiarte para devolverte al redil. Así de fácil. 

Lo más natural es justamente a veces lo más macabro.

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