14.8.12

Hago lo que me pidas si puedo a cambio recogerte el pelo con un pañuelo rojo


Y todos los veranos la misma cantinela.

-No seas tonta, tú mueve las piernas y los brazos. Yo mantengo, mientras y de forma firme,  mi mano sobre tu panza. Me miras y sonríes. Te miro pero no lo veo claro.

Confía en mí.

Hazlo.

Muévete.

Respira eso sí.

No te olvides de sacar el aire al ritmo que te marque tu propio cuerpo.

Me molesta una barbaridad. Me entran dudas de si no puedo o si no quiero. Y prefiero tu opinión para más tarde, por favor.


Correr sin necesidad nunca ha sido de mi agrado. Prefiero las carreras a largo plazo o esas que llaman de fondo. He sido durante muchos años, y aún a día de hoy lo soy, fabricante de utensilios para motivos y momentos concretos. Sólo valen para mí. Sólo alcanzan significado cuando yo los uso. Ahora que hago mi maleta me llevo algunos. Pienso que tan sólo los imprescindibles pero una nunca sabe cuándo los prescindibles dejan de serlo.

Me conformaré-todo el rato-con que tu vestido toque mis piernas desnudas aprovechando el viento y su dirección.
Ahora que lo pienso, y que me lo preguntas, prefiero tomármelo frío como el té que me serviste aquella tarde en la terraza de un ático en Sant Gervasi mientras el aire soplaba mitad norte, mitad sur.

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