29.8.12

Historias tan normales que decepcionan


 
Ruth Orkin. American girl in Italy. 1951.
 
Este tipo de representaciones suelen defraudar bastante de un modo generalizado. Pero no lo hacen a modo ordinario, al menos en el caso de esta fotografía, por las connotaciones de género que se pueden desprender de ella, teniendo absorbido y tan normalizado al piropo o al deseo baboso como parte integrante del juego erótico-visual, en una suerte de gracieta que te hace sentir precisamente como una tipa rara que repele y que no acierta a verlo como algo bello, salado y sin más.

Es más, pese a que este hecho pueda pasarte tranquilamente según bajas a la calle y doblas la esquina  está tomado como algo tan común y gracioso que no desata ningún tipo de incidente anormal digno de analizar. Tampoco lo es al parecer en una fotografía.  

Es lo que hay.

Algunas mujeres son objetos muy bonitos. También lo sé y también es lo que hay. Y cualquier hombre que se precie como tal debe hacer uso de su grandilocuencia alusión a entonar cuan de viril es él con respecto a una linda mujer que quisiera tomar como a cualquier otro enser preciado.

Esta fotografía, al parecer, defrauda y vaya que sí lo hace. Defrauda porque no es una instantánea sino algo preparado. Y claro, para qué vamos a engañarnos, esto no nos gusta nada a los seres humanos. He llegado a ver verdaderas caras de decepción cuando muchxs descubren que Ruth Orkin (en adelante Ruth) fotografió a la chica turista americana previo pacto entre ambas. ¡Qué descerebradas!

El objetivo por lo tanto estaba planeado de antemano. ¡Y por dos mujeres! ¿no es el colmo? Ellas calcularon pasar por una calle donde ya habían pasado anteriormente y habían oído las deliciosas palabras y las cándidas miradas de los hombres que salían a descansar un rato del duro trabajo varonil. Y no hace falta tener mucho brillo mental para pensar que en los años 50 quienes trabajaban en el espacio público eran ellos. Y como ellas estaban en sus casitas, en su espacio privado, limpiando culos y otras tareas del hogar irresistibles para cualquier mujer está más que aprobado que quienes osaran viajar eran evidentemente extranjeras de un alto nivel adquisitivo. Estas lindas damas viajeras se convertían en foco exótico, por excelencia además, de centros inigualables de miradas, abusos lingüísticos y otros gestos impíos. Pero esto no es importante.

Lo que realmente importa a algunxs es que la fotografía está construida por lo tanto ficcionada. Vamos, que otra cosa hubiese sido que Ruth hubiese estado allí de guardia con su cámara, siempre atenta y con ojo avizor, hasta que se diese realmente la susodicha imagen y rápidamente tomar la instantánea con su veloz mano, ojo y cámara.

En mi mundo estas cosas pasan, no que sea yo rápida con la cámara, que tampoco, si no que sin lugar a equívocos estoy hablando de las miradas y el acto de piropear. Y no he vivido en la década de los 50 y no me ha hecho falta. Pero ya que lo menciono, en el año 1951 que es cuándo Ruth realiza esta fotografía tan defraudante  vería este tipo de acciones día sí y día también y tras conocer y hacerse amiga de la turista americana acordaron realizar la fotografía que vemos hoy y que parece joderos a algunxs. Sí…que yo ya sé que lo que a veces traman dos mujeres que piensan es muy pero que muy peligroso. Estoy siempre al tanto y prevenida. No os preocupéis.

Lo que hubiera satisfecho a ciertas personas es el arte de la magia, algo así como “es mí día de suerte pasaba por allí y mira lo que he visto”. Y esto todxs sabemos que proporciona un placer extraordinario a nuestras conciencias.

La pantomima es justo lo otro. Es más lxs artistas siempre tienen la jodida costumbre de reírse siempre de nosotrxs a la cara. Vamos que ni es arte ni es nada. Porque el arte todo el mundo sabe que es algo fresco y nunca, nunca pensado ni mucho menos meditado ni reflexionado.

Es increíble. Como si acaso en nuestro día a día no tuviéramos nunca nada planeado y todo fuera espontáneo. Que de ser así cuantas lloreras y malos entendidos nos ahorraríamos. Como si acaso cuando hacemos nosotrxs mismxs una fotografía no planeásemos quien sale, qué no, qué esquina, calle , ángulo o qué luz es mejor. Quien se pone detrás de una cámara decide previamente lo que visibiliza y lo que no. Pero está claro que esto se olvida cuando vemos una foto que nos venden como arte o como profesional en una galería, exposición o museo. En este caso hacemos cargar con el peso de la frescura a la autora justo como no medimos nuestra planeada existencia. Qué cínico es pedir  espontaneidad a una fotografía, que no deja de ser una representación posible de la realidad, lo que en nuestro día a día a modo de tortilla que gira se convierte en limitarnos a pensar en lo correcto y a hacer lo previsto.

La norma. La norma. La norma. La norma tiene que ser fresca, original, instantánea y sorprendente. Y yo me pregunto que si todo esto no es en sí mismo un oxímoron….

1 comentario:

  1. El poeta Ángel González, escribió una vez:

    "-¿Por qué lloras, si todo
    en ese libro es mentira?
    Y él le respondió:
    -Lo sé;
    pero lo que siento es verdad."

    Sin duda, el arte es eso, ¿no?

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