9.8.12

Tensión. Dis-torsión. En la órbita del rechazo

Soy de un país que en buena parte de su territorio y durante el transcurso de tres a ocho siglos perteneció política, social y culturalmente al terreno de los países islámicos. Y que a su vez mantiene desde hace siglos una presencia controvertida en el norte africano. Y de todo esto lo único que puedo decir es que no sé nada ni del mundo árabe, ni de oriente, ni del Islam, ni de los musulmanes más allá de todo lo que han vertido los medios de comunicación sobre ellos. Y con ello, obtengo personalmente, que su cultura no me apasiona, es más, ni vista  a grandes rasgos,  ni parcialmente ni la entiendo, ni hago por hacerlo. Así de simple y así de polémico a la vez. Uno de mis grandes rechazos, que por supuesto sugerido desde un punto de vista epistemológico coetáneo al concepto miedo, tiene que ver con las noticias que me llegan sobre las mujeres, la cultura y tradiciones en el mundo árabe. ¡Qué claro! así dicho, queda muy grandilocuente es como si el mundo árabe fuese uno y no diera lugar al crisol de culturas y  modos de hacer y deshacer que apunta.Y esto es lo que desde occidente envidamos y con lo que apestamos a la vez.

No conozco a ningún árabe. No he hecho ningún estudio ni investigación sobre nada que tenga que ver con ellxs, si acaso exceptuamos alguna asignatura que curse sobre arte islámico y poco más. Sí que conozco la obra de artistas árabes pero muy pocxs y casi todxs ellxs trabajan en occidente.

Hablo, por lo tanto, desde la ignorancia y los supuestos malentendidos a los que soy acribillada todos los días a través del periodismo de este país o del internacional occidental, claramente. Hace poco cayó en mis manos el libro  “Persépolis” de Marjane Satrapi, escrito para las masas y con un colchón mediático. Lo devoré rápidamente y días más tarde me leí de la misma autora “Bordados”. Puedo decir que ambos libros me han hecho pensar (que ya es bastante) a través del desarrollo de otras narratividades y subjetividades cargadas de significación bajo parámetros distantes. Pero no es suficiente, lógicamente. Si pienso en material audiovisual ahora sólo me vienen a la cabeza las películas “Caramel”, “Ararat” y “Osama” aunque se que he visto alguna más. Paradójico es también que una de mis canciones favoritas sea “Ya rayah” de Rachid Taha (lo cual se lo debo a Raquel y a las noches de humo y alcohol en el viti)

El mes que viene me voy unos días a Estambul, y esto también ha hecho que me ponga a leer sobre ciertas cuestiones que me resultan remotas. Un viaje de turisteo no puede ni de lejos captar casi nada de la idiosincrasia del país visitado. Pero considero que rompo una lanza a favor de abrirme a otras culturas debido a que mis viajes durante la última década han marcado aún más mi occidentalismo y mi eurocentrismo. Es la primera vez que salgo de lo “conocido” para adentrarme en otros ambientes que he ignorado. Me dicen que Estambul está muy occidentalizada pero creo…quizá que tiene la llave que necesito para tratar de quitarme en parte la venda y abrir otras puertas culturalmente hablando. Para mí, aunque parezca una banalidad y una tontería, supone todo un reto. Un reto en sí mismo porque  repito que peco de occidentalismo en exceso. Por supuesto que no era mi destino primero, ni el segundo, ni el tercero…pero un golpe inesperado cambio el rumbo y mi idea de destino.

Supongo que el primer paso para derribar muros es reconocerlos.

Pese a ser quien soy, de donde soy, pese a ser historiadora, investigadora, humanista y muchacha de mente despierta y ávida de conocimiento desde que tengo recuerdos, tengo una gran laguna en el desconocimiento de la reciente historia española  (entendiendo reciente como años ha).

Se que estas líneas que acabo de escribir pueden resultar globalizadoras y tranquilizantemente europeas. Escribo desde donde escribo y soy quien soy. Pero conforman parte dentro de mi etnografía a una apertura discurso-conceptual por captar otras subjetividades no tan pendientes de mi yo, mis circunstancias y como defino a el Otro. Si no conmigo y hacia mis amplitudes en la medida de lo posible incluyendo a ese Otro tratando de desdibujar, insisto en la medida de lo posible, las posiciones ideológicas sembradas y enraizadas. Para deconstruir siempre es necesario partir de la construcción por muy negativa que esta sea. Aunque quizá y no extrañándome puedan devenir en frustración. Pero no por ello dejo de marcarme un saldo generosamente positivo en mi refuerzo por la idea de lo ignoto.

2 comentarios:

  1. Te recomiendo que te leas Orientalismo, de Edward Said :)

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  2. Muchas gracias. ;)

    Lo buscaré y lo leeré.

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