29.2.12

Me gusta vestirme de rojo los días de viento en los que tú piensas qué lindas son las ondas de mi vestido

No me gustaría ponerme apoteósica ni agonías tampoco pretendo ser apocalíptica ni suicida en estos días en los que las historias quedaron arrasadas por encima de las ramas de algunos árboles del parque.
La visualidad por la que corren las más atrevidas de nuestras percepciones ponen en peligro, en modo estafa, todas y cada una de nuestras capacidades elementales para tejer relatos sobre nuestra cotidianidad que paradójicamente es tan contradictoria de nuestras horas.

Parece ser que a algunxs no les asustan las vidas ajenas, esas que salen en pantalla, las que recogen las revistas del corazón y que obscenizan de forma pertinente nuestros atardeceres. A ellxs se lo perdonamos todo, a nosotrxs igual no, a nuestrxs vecinxs puede que tampoco pero a lxs demás lxs que no nos tocan, sí. De cara al exterior hablamos de privacidad, de buenas costumbres, de ideales casi siempre que casan con la belleza y el estado de paz interior, también de sentido común y sobre todo de maneras, siempre hablamos de maneras. En cambio en nuestro interior somos fieras indomables que acampamos haciendo fuego a nuestras anchas, gimiendo de forma exhausta y rascándonos la piel hasta producirnos costra.

Me ofende que no tengamos un momento para el relato, para las pequeñas historias, para la banalidad de los días que pasan sin apenas darnos cuentas que es casi otro día no dado a la experiencia, no recapacitado ni siquiera haber sentido ese gusto opaco por haber habitado lo que has vivido. Por atreverte a sacar tu repugnante y malsana parte interior y relacionar tu búsqueda con esas cuestiones que tanto quieres pero que te ofenden, con lo que no te gusta pero halagas secretamente o con lo que no nombras pero vives.

Vivimos el día pero no las experiencias que produce ese momento. Un chispazo. Visitamos el Guggenheim porque todxs lo hacen pero apenas materializamos nuestras idas y venidas en función del talento que llevamos sin pulir. Queremos tener lo último en tecnología para sentirnos más que nadie manejando amigos virtuales cuándo ni siquiera  sabemos quién es el que tenemos enfrente o ¿quiénes son nuestrxs vecinxs?.  Nos relacionamos con máquinas a través de pantallas en las que nos comunicamos con otrxs que están igual de perdidos que nosotrxs pero aprendimos a  disimular silbando tranquilamente en la ducha dónde todo nos resbala de forma contundente. Vivimos bajo el disfraz del acorazado aparente.

Cuándo se trata de elaborar nuestras propias historias elaboramos las de los otrxs, nunca las nuestras. Siempre es a otrxs a quiénes les ocurren las cosas y les pasan las dichas y desdichas, siempre son violaciones, muertes, asesinatos, mujeres infieles que son castigadas bajo maridos celosos, heridas de sangre por amor, policías que hacen bien su trabajo y ladrones a sueldo que siempre son pillados infraganti, no permitimos casi nunca concesiones,  la vida es blanco o negro, la vida es vida o pena de muerte, los matices grises son parte de otra vida, quizá una de una vida en pantalla.

Nos da miedo contar historias, nos da miedo escucharnos. Nos da miedo posicionarnos y nos provoca horror descubrirnos sino es a través de esxs otrxs, de esxs que son lxs que sufren, lxs que lloran, lxs que ríen, lxs que en definitiva viven, para algunxs es mejor pensar que llevan una vida normal, lo anormal es para el resto.

Niñxs que ya no juegan si no es con video juegos, Papás que ya no pasean sino es por el centro comercial, público que digiere sin parar películas americanas dónde la convencionalidad de la vida y el refuerzo de los estereotipos pasa dentro de las venas y se sumerge cual suero en silencio. Gente que llega a su casa sin ganas de hablar, de charlar, de compartir, de contar, de generar información significante para el otrx.

Viudxs del relato con vocabulario escaso veo pasar día tras día individuxs de diferentes generaciones entrometidos en sus propios mundos de individualidad exacerbada. Algo tendrán, algo les pasará cuándo todxs y cada unx de ellxs no escucha al resto, sólo se escucha así mismo, sólo se mira su propio egocentrismo inhalando por momentos que es el mejor-la mejor-de cada casa.  Van siempre como con si llevaran unos cascos puestos que los aleja y paraliza en burbujas. Yo escucho mi música y ya está. 

Gente que no les gusta que otrxs hablen en el bus, que no soportan a lxs niñxs en los hoteles, que no aceptan que otrxs hagan murmullo, gente que no quiere que otros dialoguemos en los museos, disfrutemos de una charla, gente que cuándo les preguntas por la calle qué hora es o dónde está cual calle se sienten ciertamente amenazados como si fueras apestada o les fueses a robar. Gente silenciada, gente intranquila, gente extinguida, desconfiada. Gente que les molesta las otras gentes. Gente que van a un bar y no entran porque no hay gente, gente que no va a las manifestaciones porque hay mucha gente, gente que viste de zara aunque lo haga toda la gente y gente que va al cine a ver tal peli porque fue a verla otra mucha gente y no permite ser menos que nadie.

Estas líneas están inspiradas en un artículo de opinión que Gustavo Martín Garzo escribió hace un par de semanas para el diario El País. En el cual habla de ese maravilloso libro de Jeffrey Eugenides “Las vírgenes suicidas” llevado al cine por la gran Sofía Coppola. En la cual en una de sus primeras escenas, el doctor visita a Cecilia, la más pequeña de las hermanas, después de su primer intento de suicidio y le pregunta “¿Qué haces aquí guapa? Si todavía no tienes edad para saber lo mala que es la vida…” la respuesta de la niña no se hace esperar “Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de 13 años”

Me sobran las palabras, enmudezco en los gestos, siendo una persona tan visual como soy, me atrevo a decir que faltan ocasiones y sobran excepciones para hablar, dialogar, vivir, relatar, experimentar y alimentar nuestros cuerpos con experiencias que contar sin concesiones a lxs otrxs, no sin antes haberlas experimentado hasta el límite.

26.2.12

yo detrás de la cámara. Un trailer y varias historias del presente. mi primer cortometraje.


Si todas fuésemos ellas (2010) es mi primera propuesta vídeo artística que analiza desde distintas posiciones temas tan complejos como problemáticos que aluden tanto de manera implícita como explícita las experiencias de varias mujeres en una sociedad como la nuestra. A partir de varios ejes temáticos desarrollo este cortometraje de 33 minutos de duración rodado íntegramente en la cocina de mi casa como espacio reapropiado de significado. Con mi video cámara, mi trípode y un programa de edición, vamos totalmente casero por decirlo así, me puse manos a la obra para dar voz a las experiencias. El presupuesto de producción es cero. El ingenio, una vez más, escapa a lo económico. Lo he presentado a varios concursos pero en ninguno ha sido premiado, siempre me lo han devuelto. Lo cierto es que aquí os presento el trailer para abrir boca.

Este proyecto video artístico lo concebí como una micronarrativa, como un pequeño relato. Desde mi punto de vista son historias subjetivas que actúan en este trabajo como una de las muchas formas de resistencia posibles.

El video lo conforman seis mujeres que hablan por primera vez ante una cámara y lo hacen de manera fresca, desenfadada, sin complejos. Yo elegí tan sólo los ejes temáticos. Está rodado sin ningún guión preestablecido, ellas hablan con sinceridad usando su propio criterio y ofreciéndonos su opinión como si estuviésemos con ellas tomando un café tranquilamente sentadas, convirtiéndonos así en sus oyentes, y en sus cómplices.

Ellas son seis mujeres pertenecientes a una misma generación. Una generación marcada por ser una de las primeras en distanciarse enormemente de la de sus madres, en varios sentidos, uno de ellos es poder haber estudiado, todas ellas son licenciadas universitarias, trabajadoras, y de las cuales tan solo una tiene hijos. De sus madres a ellas se abren grandes caminos de luchas, reivindicaciones y derechos que no pueden ser perdidos y muchos menos ignorados. Aún queda mucho por lo que luchar, pero también hay mucho por lo que sentirse satisfechas.
Nunca dejaremos de sentirnos indiferentes ante: la violencia hacia las mujeres de cualquier condición y edad, el analfabetismo femenino, las mutilaciones y
humillaciones, el famoso techo de cristal, la pobreza, la lesbofobia y el feminicidio.
Esto es son tan solo la punta del iceberg de una compleja red de poder y relaciones jerárquicas controladas y legitimadas por el patriarcado que silencian a la mitad de la población mundial relegándonos a un segundo, tercer o último plano.
El arte puede ser entendido como un medio para la transformación de la sociedad y sobre todo como contenedor de significados que puedan recalar en las posibles búsquedas experienciales que todxs tenemos. Hacerme cargo de esto supone posibilitar a los usuarixs distintos enfoques analíticos desarrollando así nuestra capacidad crítica y de acción. Este trabajo pretende más allá de remover conciencias, articular diferentes voces de mujeres comprometidas con los derechos que como mujeres debemos ejercer en todas aquellas causas y derivaciones que nos tengan esclavizadas. En el origen de este vídeo está la acción por los cambios y en su materialización la convicción de que podemos cambiar nuestra manera de relacionarnos con los demás y, sobre todo, con nosotras mismas.

Si todas fuésemos ellas es un pequeño homenaje a todas las mujeres, a que todas y cada una de nosotras podamos ser diferentes a lo que nos marcan las normas y los estereotipos. Queremos vivir sin miedos y nunca avergonzadas, siendo siempre fieles a nosotras mismas y a nuestras maneras de sentir.
Pretendemos también ponernos en la piel de otras mujeres para vivir nuestra propia piel de una forma más empática. Vivimos tiempos de cambios y de crisis y nosotras pedimos nuevos vientos que muevan nuestros flequillos.

21.2.12

La sombra de tu cocina es alargada

Martha Rosler. Semiotics of the kitchen. 1975

Las mujeres, las cocinas, los aparatos usados para múltiples fines, la agresividad, la utilización de elementos que son para lo que suponemos que sirven y para otras cosas más, los espacios, lo privado, lo público,el lenguaje corporal, las cosas que piensas pero que no dices, lo que supuestamente te es propio y lo que supuestamente te hacen propio, la creatividad asociada al concepto de “genio” masculino, la disposición para trabajar en el ámbito doméstico, las herramientas que hacen sostenible que todo esté dónde aparentemente deba estar, los buenos modales, las mentiras, los pensamientos impropios, las herencias maternas, la idiosincrasia, las mujeres como elementos más de las cocinas, la rebelión, las respuestas múltiples, la contestación a lo que tu crees que soy, la ironía y la parodia con tintes políticos y sexuales.

El uso de la performance como medio para trabajar la inquietud, la puesta en escena por descontrolar lo dado, desestabilizar la norma y lo que es lícito es trabajado de manera exquisita por Martha Rosler en este vídeo de la décadade los 70. Varias veces he tropezado de manera casi fortuita con este obra en algunos museos y puedo decir que me es tan delicioso como provocarme la fantasía sexual que contienen algunos de esos objetos.

Lo relaciono de manera directa con un artículo que está disponible en pdf en la red. ¿Por qué no hay grandes chefs mujeres? escrito por Charlotte Druckman. Me quedo con la cita siguiente:  Gwen Hyman, quien escribe sobre género en la política y en la comida, recordó aquella vieja y arraigada frase "Las mujeres cocinan con el corazón, mientras que los hombres cocinan con la cabeza" Si un chef varón sirve un plato de spaguetti a la boloñesa este es alabado con palabras como descarado, intenso; en cambio, el mismo plato preparado por una mujer suele ser elegiado como una comida hogareña y preparada con amor.









19.2.12

¿Qué te gustan más las chicas o la ropa?

Cada vez que viajo en tren suelo llevarme un libro para leer tranquilamente sumergida en sus líneas y en mis paranoias. El viernes viaje a Madrid y para esta ocasión me llevé el libro "El pensamiento heterosexual" de Monique Wittig prestado por una amiga y que aún no he tenido ocasión de leer de manera íntegra. A veces, y según que libros no necesito mucha concentración, casi siempre he leído con música de fondo, la radio, gente alrededor, la televisión en bajito, o mil cosas pululando. Es la herencia de haber vivido con una familia bastante “ruidosa”. Tengo gran capacidad de concentración con lo que cuándo leo suelo evadirme hasta de mí misma. Es algo así como no poder hacer dos cosas a la vez. Lo cierto es que apenas pude abrir el libro, sólo me dio tiempo a leer una página, varios chicos entraron en el vagón como elefantes en una cacharrería y se sentaron uno a mi lado y los otros dos al otro lado del pasillo pero a la misma altura. En cuánto vieron el título de mi libro empezaron a hacer comentarios de todo tipo y a mirarme como si yo fuera un paquidermo desorientado en un vagón del ave. Como una ya está acostumbrada a este tipo de historietas en las que los machos deben hacer pavonadas y justificarse como tales todo el rato voy más bien tranquilina aunque he de decir que me incomoda bastante no pasar desapercibida. Si hubiese llevado un libro tipo "Las aventuras de Sandokan" igual para ellos hubiese sido completamente indiferente.



A la vuelta de mi corta estancia en Madrid de nuevo en un vagón del ave intenté ponerme a leer mi libro pero me quedé perpleja escuchando la conversación que mantenían una chica, que luego me enteré que era la tía, con un niño, su sobrino, de unos 8 años. La tía en cuestión le daba al niño una revista de moda mientras le preguntaba como unas 150 veces en menos de media hora: ¿qué te gustan más las chicas o la ropa? (lo mejor es que ella se hacía gracia a sí misma, es de esas personas que se gustan todo el rato y lo hacen saber al resto) a lo que el niño de forma bastante repolluda por cierto, contestaba que la ropa. A la tía le hacía tanta gracia que el niño contestase que la ropa en vez de las chicas que se lo preguntaba cada poco para ver hasta qué punto el niño era consciente de que las chicas que salían en la revista eran verdaderamente guapas. Sabiendo además claramente o más bien inconscientemente que a todos los niños por el hecho de ser niños les tienen que gustar las chicas y con 8 años uno ya tiene que tener un gusto exacerbado por ellas y babear frente a cualquier revista. Es curioso porque cuando el papá del niño se lo llevó a la cafetería, la tía comenzó a comentar con otro señor que el niño era como una marujita porque le encantaban las revistas, la ropa y las chicas que salían en ellas. Cuándo más bien la que se retrataba en sus propias palabras era ella solita. Es algo así como por un lado le da la revista, por otro lado le hace analizar las ropa que la chicas llevaban diciéndole si una cosa pegaba con la otra o si eran más o menos horteras (en función claro está del gusto de la tía) y por otro lado se extrañaba con cierto asombro de que el niño fuera una marujita. De lo que creo que ella no entendía mucho era del efecto-espejo-proyección. Y luego este tipo de chica-tía se llevará las manos a la cabeza cuando su sobrino se haya convertido en un tirano machista que valora únicamente a las mujeres por su físico y sus ropas.



Desde luego que el trayecto a Madrid en ave me daría para hacer investigación sobre comportamientos sociales. Nunca un medio de transporte me dio para tanto.

2.2.12

la educación, los intereses políticos y las influencias de la iglesia

En estos días que acontece frío siberiano en el exterior en mi conciencia interior retumba una y otra vez y con efecto de vacío la ignominia del ministro de educación José Ignacio Wert recalcando una y otra vez que la educación (refiriéndose como excusa a la asignatura educación para la ciudadanía) no debería basarse en las controversias que puedan dar lugar al adoctrinamiento sino que hay que educar en libertad y valores.  Yo le preguntaría ¿exactamente a que llama él controversias, a qué libertad y a qué adoctrinamiento? Porque no es lo mismo hablar de libertad, controversias y adoctrinamiento desde dónde lo hace él que desde dónde lo hago yo.  Lógicamente.

¿Acaso la educación religiosa no adoctrina? ¿Acaso mi sobrina pequeña que no ha cumplido aún los cinco años sabe de qué habla cuando dice que los ángeles están en todos los sitios? ¿y que hay que portarse bien ante el niño jesús?

 Según mi experiencia la educación de forma generalizada, claramente siempre hay excepciones como lxs proferorxs agitadorxs que se toman su trabajo como agentes mediadorxs del cambio generando autonomía y pensamiento crítico, está anclada en relaciones y construcciones que ya no sirven y que alinean de forma incontrolada.

 La forma de educar es de corte militarista, lxs niñxs, y jóvenes ejecutan normas, no aprender a pensar por que eso requiere esfuerzo, tiempo, disgustos, atención, escucha y dedicación. No aprenden a valerse por sí mismxs en un mundo como el nuestro lleno de incertidumbres aparte de una sociedad tecnócrata que requiere y pide mentes pensantes, críticas, imaginativas, creativas, asertivas y empáticas. Pero esto no interesa trabajar en la escuela. Es mejor no salirse del guión preestablecido siempre da menos problemas y casualmente se da la circunstancia de que se termina cayendo y reproduciendo los errores y las actitudes, acciones y precedentes en los que algunxs fuimos educadxs años ha…en los que incluso nosotrxs mismxs hemos tratado casi en vano de no repetir.

 Al menos lo que yo conozco hasta ahora esta basado en la alineación, que nadie se salga de la norma, ni de lo que hay que hacer, de lo correcto, del pensamiento único y de la única respuesta. Algunxs profesorxs piensan que la creatividad son manualidades y que por lo tanto no forma parte de ningún otro ámbito más.

Lxs niñxs viven preocupados por cuestiones como “me ha salido mal”, “¿hay goma para borrar?”, “¿dónde lo escribo, arriba o abajo?”, “no puedo salirme de la línea”, “el cielo sólo se puede pintar de color azul”, “esto no lo puedo decir” y un sin fin más de cuestiones de este pelo. Lxs adormecemos lentamente. Lxs hacemos intelectualmente pasivos.

La imaginación, la creatividad se ve que forman parte de esa supuesta controversia. El pensamiento divergente, las múltiples inteligencias, el pensamiento crítico, la transversalidad y las posibles respuestas son ninguneadas hasta los límites de no prepararles para pensar por unx mismx sino pensar en masa dónde nadie despunte. Dónde se aborreguen y sean consumidores en una sociedad neoliberal.

Esta es la educación que yo observo a grandes rasgos, por supuesto. Una educación basada en las desigualdades sociales, de género y de conocimientos. Una educación que generalmente premia a aquéllxs niñxs que son buenos en matemáticas y en lengua y discrimina a lxs que son buenxs en ballet, música o arte.  Una educación que premia también la competitividad en los niños y la discreción y la limpieza en las niñas. Una educación que refuerza estereotipos de género generando divisiones tan grandes y profundas como la garganta del gran cañón del colorado.


Una educación de la doble moral que por un lado reprime de forma muy consciente pero que por otro lado se asusta de por qué algunxs niñxs son tan “rarxs”. Una educación que quiere gritar libertad por los cuatro costados pero que en el fondo asesina la libertad en cada momento y coacciona para que entres dentro de la normatividad impuesta.


Sin controversias no será posible una educación para formar ciudadanxs que piensen, solucionen, generen, cuestionen, reflexionen y sean capaces de vivir en el mundo de hoy. ¿de qué nos sirve que los alumnxs sepan de los hombres y mujeres prehistóricos si no son capaces de contextualizar la guerra civil española? ¿de qué nos sirve hablar en general del cuerpo humano si luego no saben que los anticonceptivos son importantes en cualquier relación sexual?


Mientras que no dejemos tampoco espacio para prepararles para afrontar y aprender a vivir con la frustración, la duda, las incertidumbres, el NO, y situaciones desagradables, vivirán un mundo que no saben manejar, que no entienden sin las herramientas necesarias para afrontar su día a día y su relación consigo mismxs y con los demás. Usarán entonces la violencia como medida para reparar esas frustraciones que no han sabido trabajar porque es más fácil pasarla por alto, esperando que el tiempo lo cure, que enfrentarse a ellas.


Las controversias son parte de la vida, sin ella, querido ministro Wert usted ni yo no estaríamos aquí, ni allí, ni más allá, ni menos acá, simplemente no estaríamos.


Recomiendo la lectura de la obra “Posiciones en la enseñaza” de Elizabeth Ellsworth. La autora del inteligente discurso de enseñar es imposible.

1.2.12

Cuerpos mutilados en batalla

Me da repelús escuchar a algunas mujeres que aún hoy en día siguen usando expresiones denigrantes como las siguientes:

-Me vaciaron hace unos años.

No encuentro ningún tipo de explicación lógica para que algunas mujeres frente a la extirpación del útero sigan usando esa expresión tan retrógrada, desagradable y sacada de quicio. ¿no sé dan cuenta del mal que se hacen así mismas? ¿no les da rabia designarse en esos términos? Supongo que la creencia en que una mujer sin útero no es una "mujer entera" o ya no es una "mujer fértil" o quizá vaya más allá "no es ya una mujer" o no se sientan mujeres o piensen que sus relaciones sexuales murieron... todo esto tenga su inabarcable peso de relación histórica y cultural para que hoy en día de forma tradicional y muy vulgar se siga diciendo de forma tan normal y cotidiana. A nadie que le hayan quitado a través de la cirugía un riñón, la vesícula o el apéndice o qué se yo, le he escuchado semejante expresión para contar que ya no dispone de esos órganos. Os imagináis diciendo a alguién que le hayan extirpado las almígdalas ¿qué le han vaciado? porque yo no lo concibo.

La otra expresión de la que quería hablar es:

-Estoy mala. (Es que tengo la regla). De pequeña, cuándo apenas sabía que era la regla,  lo solía escuchar bastante de las mujeres que me triplicaban la edad haciendo que yo alucinase entre el miedo, el pavor y el nosequé de no saber que coño era "estar mala" cuándo yo las veía aparentemente perfectas. Al principio de tener yo la menstruación mi madre también solía usar esta expresión de estar mala para designar el período de sangre menstrual. Yo no entendía (y sigo sin dar crédito) esta expresión, pues nunca me he sentido mala por ello si no a veces todo lo contrario, completamente en forma y muy activa tanto física como sexualmente, curioso a lo menos, ¿verdad?. Esa creencia común de que tener la regla es síntoma de enfermedad o  ese pensamiento extraño que tienen algunos de que se sangra sin estar enferma o esas cosas que se convirtieron en tabú en una sociedad machista y misógina supongo que han llevado a este tipo de términos equívocos, ignorantes, falsos y denigrantes que les tocó llevar encima a generaciones y generaciones de mujeres.

A menudo me pregunto que hubiese sido de mí, de mi vida, de mis experiencias vitales si yo hubiese nacido en los años 30 o 40 del siglo pasado....ahí lo dejo...