25.6.12

NO es otra exposición sobre mujeres artistas



El pasado sábado 23 de junio se inauguró en el MUSAC de León la exposición comisariada por Juan Vicente Aliaga y Patricia Mayayo "Genealogías feministas en el arte español, 1960-2010".  Por lo que he visto hasta el momento y he podido leer no se trata de otra exposición más sobre mujeres artistas las cuales hasta el momento (y todas aquéllas que he visitado durante algunos años) buscan dar visibilidad al trabajo hecho por creadoras pero suelen estar discursivamente hablando faltas de compromísos políticos, nulas en relaciones de trabajos entre las artistas y escasas de discursos de inserción dentro de las posibles historias del arte. 


Esta muestra al parecer tratar de releer la historia del arte español desde los años 60 desde lugares distintos, con otras miradas y otros supuestos.


En cuánto pueda iré a León y supongo que lo haré más de una vez para hacerme una idea de lo que han sido y pueden ser el peso de los distintos feminismos en el ámbito español más reciente. Me muero de ganas por verla. Me excito.


Echaba de menos una exposición así, un lugar para generar reflexión, conocimiento, significados, para ver cuáles pueden ser los procesos de disrupción, ver cómo se han puesto desde cada ángulo distintas problemáticas y cómo a su vez éstas han sido abordadas por las artistas desde los diversos feminismos en cada contexto.


Pienso que Juan Vicente Aliaga no me defraudará.


Continuará...

20.6.12

No es arte son sólo manualidades.


La semana pasada los medios de comunicación hicieron eco de la noticia de una niña australiana de 5 años, Aelita Andre, a la que tratan, sin filtro ninguno, de pintora profesional. Este es un tema controvertido y no sólo porque haya una menor de edad de por medio sino porque soy de las que piensa que lxs niñxs no hacen arte.

Y precisamente los artículos que han aparecido en prensa no me contradicen sino que me dan la razón. En ellos se habla de que Aelita ha sido comparada por varios críticos con Pollock, Dalí y Picasso. Esto no es más que un convencionalismo para seguir normalizando la idea del artista como un genio, varón, blanco de clase media-alta.  Por otro lado compararla con estos tres artistas es hacerle un flaco favor al mundo del arte y a la profesión de artista, ya que si una niña de 5 añitos puede emular la carrera de esos tres artistas consagrados a partir de toda una vida dedicada a su profesión, estamos apañadxs. Con cinco años no se puede ser profesional en nada, es así.

Además los medios generan así la opinión que ser artista es algo que te viene de nacimiento y no algo que puedas aprender, poner en duda e ir perfeccionando a lo largo del aprendizaje tanto académico como personal. Al parecer la niña pinta cuadros abstractos (algo para lo que ya hubo en la Historia un contexto espacio temporal)  que titula de forma tan universal y general como “Secret Universe” o “The prodigy of color”. La propia galería dice que “la niña tiene una capacidad para pintar de manera totalmente intuitiva”. Con esta afirmación tiran por la borda, así de golpe y porrazo, toda la ligazón que tiene el hecho artístico con la reflexión, la actitud crítica, las relaciones con el poder, lo social, el cuerpo, los posicionamientos, y todo un amasijo de inserciones que presentan una colectividad. Todo esto de la intuición ya trae cola, viene de la tradición modernista caracterizada por el formalismo, por su ahistoricismo y por su admiración a la figura del artista-genio reconvertido en héroe. El crítico Clement Greenberg y sus seguidores fueron remisos a considerar la importancia de la transversalidad en el arte prefriendo ensalzar una historia del arte acritica y despolitilizada, dilatando una concepción del arte como expresión individual y obviando la reflexión crítica. Esta visión ha sido muy influyente y ha recorrido universidades, cursos y llegado a los medios de comunicación haciendo que, aún hoy en día, en pleno siglo XXI se siga expandiendo.

 Ya está bien de vaciar los discursos hablando sobre arte.

 Los organizadores de las muestras de Aelita además se atreven a comentar que “la niña pinta siempre con las manos mediante la técnica de la salpicadura con pinceles empapados de pintura acrílica como los utilizadas por Pollock”. Señores, Pollock fue un artista americano que despuntó en los años 40 y 50 con sus pinturas expresionistas abstractas que fueron una reacción contra el Federal Art Project (dentro de las políticas del New Deal) al que había pertenecido. El expresionismo abstracto fue un escape del declive de la oposición socialista y comunista que amenazaba por aquel entonces a EEUU. En resumidas cuentas fue un rechazo de los medios narrativos y realistas empleados por el Federal Art Project. Así que, qué una niña de 5 años esté pintando apolíticamente como políticamente lo hacía Pollock (hace más de 60 años) no tiene sentido ninguno, no tiene ni gracia, vamos.

Para añadir más leña al fuego los organizadores dicen que “sus ritmos estructurales son inconfundibles y completamente instintivos…” “comunican una emoción que anima a la audiencia a dejar que surja su propio niño interior”  Y vuelta a insistir en los aspectos puramente formalistas con lo instintivo a la cabeza denostando así la capacidad de crítica,  de síntesis y posicionamientos comprometidos, haciendo tan sólo hincapié en la parte de la manualidad y habilidad técnica del arte.

Usan además el verbo comunicar que es sinónimo de transmisión, de unidireccionalidad y de que “unos enseñan a los otros que son lo que no saben”. Hablan de emoción, no de pensar, ni de relacionar, ni de aprender, ni de gestionar el conocimiento, ni tan siquiera hablan de experiencias, es decir que el arte sólo juega con las emociones. Y me mata lo de que “anima a la audiencia a dejar que surja su propio niño interior”, infantilizando hasta el límite el proceso creativo, la experiencia estética y el propio hecho artístico. El arte no es una intuición, ni una emoción, ni comunicación. El arte no es cosa de niñxs.

Mira tú por donde que han conseguido que emoción y arte sean para mí un oxímoron.

Aelita podrá pintar mejor o peor, no lo dudo, pero es un fenómeno particular usado como interés económico de los adultos que quieren vender como arte algo que no lo es. Por supuesto que para enriquecerse vendiendo sus cuadros como si del mismo Pollock, Dalí o Picasso se tratase. Un negocio más. Un negocio además que saben que vende y por lo que se ve, muy bien.

Como ella, todxs lxs niñxs usan las manualidades para su propio aprendizaje. El problema no son lxs niñxs si no en cómo lxs educadorxs y padres hacen uso de esta puerta abierta que es el arte. Y NO hacen arte porque algunxs maestrxs y padres están empeñadxs en los presupuestos y modelos de la modernidad, las imágenes que se proyectan en la escuela de infantil (al menos en las que yo conozco) tienen que ver con Dalí, Picasso, Miró, Klee, entre otros, con lo que INSISTO se acepta,  y normaliza la subjetivación de un sujeto creador genio varón, blanco, occidental y de clase media alta. Se da preponderancia a la percepción visual  y a la repetición a través del dibujo o de la pintura de los motivos de las obras de esos artistas sin preguntarse nada más acerca de ellos, de su tiempo y de su contexto.

¿Qué aprenden lxs niñxs dibujando sin más las formas de Miró?  Absolutamente nada. ¿Qué tal si, en vez de dibujar como lo hacían otros hacemos que lxs niñxs se basen en sus propias experiencias propiciadas a partir de la cultura visual, relacionando conceptos que conocen, fomentando así un pensamiento crítico que enlaza con las conexiones entre los saberes que ellxs mismxs generan?

La informacion que he puesto entre comillas la he recogido del periódico 20 minutos del viernes 15 de junio de 2012


14.6.12

Cuando lo valiente se convierte en práctica artística


Sumergida como vivo en el eurocentrismo artístico y en el cual he sido adiestrada académicamente me deviene con fuerza el estudio de las obras de mujeres artistas realizada en otros continentes.  Pero hablar así de otros continentes me sigue pareciendo una idea muy colonizadora. Así que voy a centrarme en el interés que me despierta Latinoamérica como germen de posiciones críticas muy elaboradas e inteligentes aunque demasiado marginadas en ámbitos culturales como mi contexto. Aún no he estado en un país latinoamericano pero a través de mis búsquedas cada vez con más acierto trato de adentrarme en su basto territorio leyendo sobre algunas de sus creaciones artísticas que invaden por supuesto todos los ámbitos desde el activismo, la performance, documentalismo como denuncia o disciplinas varias como la fotografía, y objetos. Y qué poco o nada los conozco. Ellxs son siempre lxs otrxs. Por supuesto que parto con que Latinoamérica no es una masa homogénea si no un conglomerado de culturas, posiciones, que me sugieren estados críticos y relacionales con mi yo local.

Me centro en el estudio de ciertas prácticas artísticas que se adentran en representaciones de realidades estremecedoras. A mi me resultan extrañamente difíciles de abordar debido a la lejanía espacio temporal que me separan de algunas de ellas incluyendo además el contexto y la cultura como parte de una de mis resistencias a hablar de la significación de las mismas. Pero me inclino a hablar de ellas aún a sabiendas que puedo errar de europea blanca globalizadora y totalitaria sin conocimiento apenas de ciertas causas.

Hoy quiero hablar de una artista, de una de mis favoritas. Desde no hace mucho conozco algunas obras de la artista guatemalteca Regina José Galindo. Me fascinan e inquietan sus obras por esa elaboración constante del trabajo directo con el peligro físico en la misma medida que me imanta por ese conocimiento de los límites de una forma misteriosamente extrema. En realidad lo que me atrapa de ella es su carisma, y la exposición de su valentía como materia prima. Ella hace uso del espacio público en sus performances,  en “ese” espacio público que tantas veces nos ha sido lugar de negación a las mujeres en general. Sus perfomances denuncian las diferentes violaciones a los derechos humanos principalmente de las mujeres. En 2004 realizó Himenoplastia una grabación en vídeo de una operación ilegal quirúrgica de reconstrucción de su propio himen. Las  malas condiciones y el peligro con el que muchas mujeres corren al someterse a esta operación son obviadas quizá por el deseo de recomponer esa exigencia moral que mantienen muchos países que requieren que sólo las mujeres vírgenes pueden contraer matrimonio.

Para mí Regina forma parte de esas mujeres valientes, de esas artistas comprometidas con su cuerpo haciéndolo extensible a ciertas causas que nos condicionan como mujeres en nuestras sociedades. Forma parte de esas mujeres sabias, poéticas, intelectuales y estimulantes. Su obra podría relacionarla con otras de las grandes valientes artistas Ana Mendieta y Orlan, que entre otras, también me fascinan de forma evidente.



He sido incapaz de ver el vídeo de Himenoplastia, es más, no puedo con ninguna de las fotografías que documentan esta acción.


6.6.12

Nómadas Interconexiones


Imagen del vídeo "Ping Pong" (2009) del artista Adel Abidin.



¿Cuántas veces nos hemos sentido en medio de todo y en medio de nada? ¿Qué se visibiliza y qué se oculta cuándo dos bandos, dos personas, dos núcleos, dos binomios, o dos mundos se juegan tu futuro, tus ganas, tu dinero, tu dignidad, tu ilusión o tu esperanza? ¿Cómo sigues con tu vida cuándo sientes que te golpean desde fuera, cuándo en la dinámica de un juego de mesa que además ha empezado mucho antes de que tú fueras consciente, y ahora sólo puedes lamentar tu inercia, están manejando tu cuerpo y tu mente? ¿Cómo escapar de la dicotomía sin salir herida? No puedes. No es posible.

¿Cómo digiere una cultura árabe, como la iraquí, de donde proviene Adel Abidin está obra? ¿Cómo afecta a su tabú con el cuerpo desnudo, con el sometimiento, con la política sexual? ¿Cómo la digiere una cultura occidental, como la finlandesa, donde Abidin reside? ¿Cómo afecta a su tabú con el cuerpo desnudo, con el sometimiento, con la política sexual?

En este video (en el link aparece tan sólo un clip) “Ping Pong” (2009) aparecen dos hombres jugando a este deporte en una mesa y una mujer desnuda tumbada en el tablero hace de valla. Una mujer que me recuerda a esas venus púdicas occidentales, pasivas que intentan tapar su genitalidad y que paradójicamente están a merced de los deseos varoniles. Una mujer que lleva las marcas a modo de heridas en su piel de las huellas que la pelota ha dejado en ella. Una mujer que recibe la pelota a modo de latigazo cuando uno de los dos jugadores no consigue dominar el juego.

Cuándo lo visioné por primera confieso que me quedé pegada a la pantalla sin poder articular palabra, me quedé quieta y con la respiración casi contenida.  Creo que fue el propio aterramiento quien me resituó en una micronarrativa desprendida del discurso hegemónico sobre el cuerpo de las mujeres y su disposición histórica, social y contextual. Es decir un cuerpo ofrecido al sometimiento, al dolor, a la sumisión, y a las distintas praxis donde el poder se ejerce y se reparte de manera desigual entre quienes lo generan y disfrutan y lxs que reciben sus consecuencias. En este caso el cuerpo de una mujer se ha convertido en un campo de batalla, en un paisaje que ya ni a ella misma le pertenece.

Adel Abidin cambió radicalmente sus lienzos y pinturas por el soporte vídeo cuándo llega a Finlandia, país que además le ha denegado varias veces el derecho a la ciudadanía finesa.

 Lo que realmente me interesa de su discurso es ese desplazamiento cultural que subyace en su obra a modo de reflexión sobre quienes somos y de donde venimos y cómo choca nuestra forma de ser y entender la vida cuándo se conocen otras realidades. De ese choque, de ese (des)entendimiento surgen varias rupturas convertidas en discursos plurales no hegemónicos. Esta obra metafóricamente me entumece pero me hace pensar, me obliga a hacerlo, es decir me cohíbe pero a la vez  logra sacar de mí una posible relación. Una relación que fusione el hecho artístico y mi cuerpo en un cuestionamiento que me conduce de manera directa a construir un conocimiento que me sea de utilidad.

 Hay un abismo cultural entre Irak y Finlandia y viceversa, he aquí unas palabras del artista recogidas en un catálogo que se hizo con motivo de su exposición “Memory and Assumption” en el 2010 en el centro DA2 de Salamanca.


“He llevado a Irak en mi interior todo

el tiempo desde que me marché hace casi

nueve años (…) pero cuando te vas de tu

hogar, el lugar que alberga tus recuerdos, no

serás capaz de pertenecer a ningún otro sitio

jamás. Pertenezco al tiempo, viajo dentro

del tiempo y eso hace que esté muy unido

a todo lo que veo o incluso recuerdo, porque

todo tiene un valor completamente diferente.

(…) Si estoy utilizando un recuerdo,

veo ese recuerdo como un símbolo que podría

estar en Irak o en cualquier otro lugar

del planeta (…)”.  Entrevista con el artista realizada por Brahim Alaoui en el catálogo editado con motivo de su exposición en

el Kiasma de Helsinki entre febrero y abril de 2010.

4.6.12

Salir a la calle vestida con neopreno o aprender a insultar


Leyendo a Despentes y a Ziga he podido comprobar cómo ciertas cotidianidades, tales como caminar por la calle, y pasar por el bar del barrio por el que pasas todos los días varias veces, y sentirte observada de arriba abajo y que te suelten tranquilamente barbaridades que algunos llaman piropos, forma parte de los actos usuales que hemos naturalizado y asumido como normales.  En estos casos los hombres pocas veces actúan solos. Siempre en pandilla, en camaradería. Ven pasar a una tía y la boca se les hace sexo, tetas, palabras malsonantes que riman con casi todo, culos y posiciones sexuales variopintas que ni siquiera ellos vislumbran o conocen, aparte de que a algunos se les salen tanto los ojos con un par de tetas que me parecen que llevan su papel tan bien ensayado que les daría un cum laude. A ellos estas situaciones les parecen tan graciosas que se mean de la risa y se dan palmaditas de aceptación como de demostración de una virilidad sin límites. Mientras que a mí me dan arcadas y me produce sarpullido. Cuándo presiento una escena de este tipo y avisto algún corrillo de hombres a la puerta de un bar fumando mientras ven la vida pasar ante sus ojos y ante su polla, me voy a la acera de enfrente.  Otras veces pienso que un grupo de tipos no me van a mermar y paso ante sus ojos, mientras caen sobre mí todo tipo de lindezas, que insisto otrxs llaman piropos (con la carga machista y paternalista que rebosa la propia palabra y el acto en sí).  También se que si  me quejo de los piropos siempre hay alguien que me llama estrecha. Ya alguien dijo que ancha es Castilla y estrechas las castellanas. O esa frase que tanto escucho cuándo alguien se queja de que a otra le disgusten los piropos  sueltan un  “hija, a nadie le amarga un dulce”. Pero hay que discernir y saber qué tipo de dulce es. Criterio, señoras por favor.
Me resulta muy curioso que ellos tengan que justificar su virilidad y hombría todo el rato. Si no es una construcción social y cultural como muchxs mantienen, entonces ¿Por qué has de estar todo el rato haciéndolo visible?

Lo cierto es que vivo siempre bajo sospecha, siempre con suspicacias. Si salgo de noche y no voy acompañada trato de no pasar por calles vacías, o camino por mitad de la carretera, o voy a velocidad relámpago. 
Recuerdo como ejemplo la vez que sostuve la mirada a un tipo que pasaba por la calle y él me siguió hasta que me dio su número de teléfono. O el día que otro desconocido me dio su dirección en una tarjeta para pasarme por su casa porque me decía que yo le había sonreído.  Encima tengo que aguantar que sea yo quién les ha provocado. Pobres animalitos.

Por la noche siempre hay algún grupo de chicos o de hombres maduritos reunidos en alguna esquina, bar, o apoyados en un coche que al pasar a su lado tienen que decirte algo, lo que sea, pero algo para llamar tu atención, para hacerte sentir mal, para sonrojarte, para agredirte verbalmente, para meterse con mis tetas, para llamarme seca, para lo que sea, ellos se tienen que hacer notar de una o de otra manera, tienen que hacerte saber que están ahí por si acaso tú no les has visto, o les has ignorado totalmente.

Casi nunca suelo contestarles, lo dejo estar, lo dejo pasar, me mueve la indiferencia en ese momento pero luego siempre pienso  por qué narices se sienten con ese derecho a ocupar tu espacio y además sacudirte con su verborrea barata de gasolinera. Sé que mi silencio sigue legitimando su posición pero es terrible que todos los días tengas que hacer frente a lo mismo, a modo de bucle. Lógicamente esto no suele pasar si vas acompañada de un chico, de tu chico si eres hetero, de un grupo de personas, o de tu padre.

Otro día, un tipo se nos acerco en un bar a mi chica y a mí que estábamos tan tranquilamente charlando tomando un café, él se sentó en una silla a nuestro lado sin pedirnos permiso. Estaba borracho o se lo hacía. Lo cierto es que nos dijo todo lo que se le pasó por la cabeza sin filtro ninguno y se quedó tan tranquilo. Nosotras no pudimos ignorarlo fácilmente porque estaba allí interrumpiéndonos todo el tiempo, él no podía asumir que sobraba entre nosotras dos, así que recurrió al insulto fácil sobre las lesbianas.

Y por supuesto que paseando de la mano con mi chica nos han dedicado y espetado, algunos con saña, un sinfín de insultos, frases hechas y estereotipos todos ellos peyorativos que aludían al hecho de qué estábamos visibilizando nuestra sexualidad. Esto nos ha ocurrido en todas y cada una de las ciudades y pueblos que hemos visitado sin excepción desde Barcelona a Madrid. Cosa que se obvia totalmente si ambas paseamos la una al lado de la otra sin darnos la mano o no nos besamos en público.

Ellos siempre tienen que hacerse notar sea como sea, ahora bien, si eres tú la que te haces notar eres una loca, estás borracha, o eres una camionera.

Sólo hace falta escuchar como recalcan a través de los medios de comunicación y de la sociedad en general cómo somos nosotras quienes debemos de vestir de forma comedida y no provocar, y tratar de pasar desapercibidas. Ser sumisas, vaya. Qué sorprendente es no escuchar nunca los mensajes a la inversa, es decir, cómo aconsejar a los que agreden, cómo prevenirlos de no hacerlo y que aprendan a controlarse, cómo enseñarles a usar sólo su espacio y a no verbalizar todo los que se les pasa por la cabeza.

Ellos, al parecer están legitimados a hacer de todo, a nosotras en cambio nos enseñan a estar siempre en alerta y preparadas para todo, sobre todo para sufrir, aguantar, callar, ser sumisas y  naturalizar lo no natural, evidentemente.  ¡Ah y para no corrernos a voz en grito!.

No me olvido tampoco de aquéllos que piensan que ser educado es abrirle la puerta a una mujer o esos que creen que a una mujer siempre hay que decirle lo guapa que está, aunque esto último ellos mismos sepan que no es cierto.