3.11.12

Plañidera, dolorosa y otras formas del sentir


Soraya Sáez de Santamaría, actual vicepresidenta del gobierno, es una política que de aquí a hace un tiempo cada vez que sale en los telediarios haciendo sus declaraciones usa un formalismo de género para la interpretación de los hechos políticos creando con ello una sobreactuación.


A modo de virgen dolorosa, gimoteadora, sufriente, compungida y casi rozando el llanto habla sobre recortes en educación, sanidad, sobre desahucios, sobre lo que hay que hacer y que ellxs hacen y sobre la herencia recibida. Todo ello sin mover una pestaña, eso sí. Pero bajo una forma de expresarse tan vieja como el mundo y tan usada que pierde en ella pero que a la vez recupera todo  su sentido. Me explico: como se sabe mujer usa el recurso ese tan lastimoso de ser muy sentida con lo que está pasando cuestión que paradójicamente su propio partido curiosamente está generando. Usa ese recurso tan manido de voz entrecortada, ojos cuasi llorosos, piel rosada por la aflicción y el maquillaje y mucho, mucho sentimiento en la voz, esa voz casi a punto de ser quebrada y redimir en llantina. Esto es lo que se espera de una mujer sacrificada, de una mujer-mujer que vela por todxs nosotrxs, de una mujer en política que hace a la vez de madre de todxs y por los que ha de sacar el pecho si hace falta y ¡vaya si lo hace!. Pero claro, esto es sólo apariencia en ella. Es sobreactuación. Es falsa y falsedad. Es pura provocación. Está haciendo justo lo que se supone que tiene que hacer como mujer con un cargo tan, como diría yo, vocacional hacia el cuidado de la sociedad. Y fíjense en el detalle que he tenido de usar vocacional y cuidado en una misma frase, ¿me seguís, no? Bien.  Por otro lado es algo así como una plañidera posmoderna en política. Las plañideras eran llamadas para llorar en los entierros, ser plañidera era toda una profesión liberal del llanto en los entierros y otros actos dolorosos. Recuerdo las primeras plañideras que vi, estaban en relieves en piedra y pinturas en las diapositivas que nos ponían en clases de arte egipcio en la asignatura de arte antiguo en la facultad y desde entonces quedaron grabadas en mi imaginario particular. Pero observo cada vez más y con mucha atención que en  la actualidad algunas plañideras continúan su desarrollo profesional tal cual y algunas como Soraya están haciendo política.

 
 
 

En cambio, no observo ninguna actitud de plañidera, doliente y sufriente en ninguno de los ministros ni otros políticos del panorama actual. Los hombres políticos nunca se rebajan a ser los padres de todxs nosotrxs con todo lo que ello supone, ellos están para trabajar y para trazarse una carrera. Fin. En cambio, Soraya está ahí demostrándonos cuánto le duele todo, cómo de sufrida es y cómo además le afecta en su rostro, voz y actitud.

No diré mucho más, está todo dicho. No sólo no me parece buena política sino que además con esa actitud pierde para mí toda legitimidad, me provoca rechazo en general pero verla así en la televisión me horroriza más dando esa imagen pésame y patética de lo que se espera de ella como vicepresidenta que no deja ser antes mujer plañidera y sufriente. Es decir ella primero es mujer normativa y luego vicepresidenta.

 Si su actitud compungida fuera auténtica sus prácticas políticas serían otras que no originasen tanto dolor en la sociedad y de rebote, entonces, a ella no le ocasionarían ese plañiderismo.

Es decir, Soraya para que nos entendamos, si quieres emular a Elsa Fornero, estás a años luz.

Mientras las mujeres políticas sigan llorando, gimoteando, y mostrándose candorosas, pasivas y sumisas ante las condiciones que se presentan no solo no avanzaremos sino que seguiremos perpetuando valores ancestrales.


Para qué luego me digan, como lo hacen algunxs, que la sociedad está cambiando porque las mujeres están llegando muy alto en política. Pero esto, justo,  me lo dicen generalmente quienes no terminan de acertar por dónde salta la liebre.