11.2.13

La artista está presente. Marina Abramovic.




Tal vez no pueda hablar de Marina Abramovic sin sentir máxima fascinación ni de una forma que no sea apasionada. La subjetividad que suelto en estos párrafos está en conexión estrecha con la adrenalina que suelto en este tipo de espectáculos. Aunque estos espectáculos parezcan que no van más allá de la fisicidad de una pantalla hay momentos que no tengo claro dónde he residido.

Acabo de ver el documental con tanta atención que he llegado a sentir que no estaba mirando una pantalla si no una performance en directo y a ella susurrándome al oído que el arte no tiene que ver con nada más que con una misma. El propio documental es en sí mismo una performance si  éste consigue que seas parte de él simplemente con sentir que la performance está en ti. Ahora mismo me sería complicado pensar cuando la obra de Marina Abramovic llegó a mí en forma de experiencia estética, tal vez, fue en aquélla época en la que barría las bibliotecas tratando de buscar conexiones con mi forma de relacionarme con la alternatividad desde una perspectiva abierta al campo artístico.

De lo único que estoy segura es que la obra de Marina me seduce de una forma hipnótica de la que no puedo dejar de vehicular contra mi propia consciencia la rebeldía, el desasosiego, la incertidumbre, la capacidad de resistencia a los límites establecidos, el rompimiento de las fronteras entre lo que era y es, entre lo que me produce, entre lo que permanece de forma sólida en mi cabeza, entre lo que rechazo de forma inconsciente, lo que me agita, lo que me excita o lo que irremediablemente, aunque lo asuma, no por ello me deje de producir dolor.

 

-angustia-               - ansiedad -                        -yo que de eso sé tanto-

 
Mirar no es tan fácil. Me refiero a mirar viendo algo. Y me refiero concretamente a cómo desde nuestra cultura occidental y cristiana nos han enseñado a vivir desde fuera de nuestra corporeidad, hablo de cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo como un ente ajeno, peligroso, desconocido y sucio. De cómo no nos han enseñado a experimentar,  a disfrutar, a vivirlo, a olerlo, a arañarlo, a sufrirlo y a modularlo.  Y a su vez cómo nos hemos ido construyendo de una forma tal que entra en acción discrepando directamente con las performances de Abramovic. Tal vez ahí, precisamente,  radica el miedo, la atracción, la seducción que ella irradia junto a su imponente puesta en el escenario.

4 comentarios:

  1. "En los años 70, Marina Abramovic mantuvo una intensa historia de amor con Ulay. Pasaron 5 años viviendo en una furgoneta realizando toda clase de performances. Cuando su relación ya no daba para más, decidieron recorrer la Gran Muralla China, empezando cada uno de un lado, para encontrarse en el medio, abrazarse y no volver a verse nunca más. 23 años después, en 2010, cuando Marina ya era una artista consagrada, el MoMa de Nueva York dedicó una retrospectiva a su obra. Dentro de la misma, Marina compartía un minuto en silencio con cada extraño que se sentaba frente a ella. Ulay llegó sin que ella lo supiera, y esto fue lo que pasó..."

    minuto 2.25

    http://youtu.be/XNcWRbh8wQA

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  2. lo que pasó es que eso afectó a su trabajo y a ella misma. ese reencuentro para mí sobraba. Al menos sobraba en su trabajo performativo. No era el lugar ni el momento.

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  3. vaya.

    me pareció que sólo sobraban las cámaras.

    ahora me siento super insensible.

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  4. jajajajaa. aquí supongo que reside el éxito, si es que se puede denominar así, de cómo se recepcionan una experiencia estética. Está claro que no todxs reaccionamos igual ni filtramos de igual manera.
    No eres insensible simplemente conmigo no conectó para nada esa parte y sí otras muchas.

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