1.4.13

La deformidad del extraño caso de los espejos nocturnos


Temo la llegada de la noche cuando todo se llena de fantasmas que aún no han sido. Es como si asomada a una ventana, en pleno invierno, no pudiera retirarme de su poyata. Me plastifico, me deshabito y como si no pudiera avanzar agarro el freno en toda su mesura y me resitúo asustada, temblando, pero a la vez tranquila en mi tortura particular. Y las torturas cuándo son conocidas ya se sabe...
Perfectamente inmóvil. Cansada de anidar en cuerpos que no me pertenecen, en mentes que me idealizan y en actos que no me amparan sino que me someten una vez más a aquello para lo que nunca esperé amar. Cotidianidad. Diario de una actriz que acomete cada día situaciones que propicia, en cierta medida, pero que no le corresponden.
Soy tan elástica que me permito acumular durante años, días, meses y semanas tantos metros cúbicos de capacidad argumentativa con los que podría tranquilamente invadir un mar. Y probablemente no me inmutaría. Lo dejaría estar.

Lo que masco tanto y no vomito, desde luego, que no me mata, me aterra más.

Tal vez, nunca halle todo lo que trato de buscar, eso ahora ya no me importa, pero me alivia saber que saqué ya las manos de los bolsillos.
 

 

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