29.11.13

Noria


Soy una neurótica-hipocondríaca-aprensiva. Me gustan las norias y los bucles. Nunca he montado en una noria. Nunca he salido de ningún bucle.

….ligado a la aprensividad y la hipocondría, está una de las claves para la comprensión de este itinerario. Conozco a bastantes mujeres […] que son igualmente aprensivas respecto a su salud. Las dos cosas suelen ir estrechamente unidas en muchas ocasiones. Es más, es posible que la hipocondría, al margen de que pueda ser interpretada como un rasgo más o menos neurótico, sea bajo otra perspectiva menos psicologicista una condición, no una condición sine qua non pero sí bastante significativa, de ese camino sin retorno que muchas mujeres emprenden para romper definitivamente con esquemas subordinados de género (una interpretación complementaria de la hipocondría en mujeres emancipadas podría ser el hecho de que se refleje en esa vivencia una cierta extrañeza e incomodidad respecto al propio cuerpo, relacionadas precisamente con un proceso de socialización donde, en el marco de una cultura dominante que  hipervisibiliza el cuerpo femenino, se impulsa sobre todo una idea del yo activo socialmente como absolutamente mental, algo que se ha estimulado específicamente desde algunos sectores del feminismo, lo que puede provocar un cierto distanciamiento respecto de procesos corporales cotidianos).

 

Esa mirada corporocéntrica de la vida, ese situarse en sí misma, cualquiera que esté muy atenta a sus signos y síntomas corporales, es una forma de permanecer consigo misma, de tener muy presente la propia vulnerabilidad pero de reivindicarse también así misma por encima de mandatos culturales que intentan forzar a las mujeres a vivir pendientes de los otros y olvidarse de ellas mismas. E interpretarlo así nos sirve para romper con formas psicologistas y patologizadoras de entender las experiencias femeninas.

 
Fragmento de la historia de Juana en página 215 y 216 en:

Mari Luz Esteban. Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidad y cambio. Edicions bellaterra. 2004.

 

Entonces pienso en Juana y pienso en mí, en mis experiencias con el cuerpo y mis relaciones afectivo-emocionales, y creo que Juana y yo tenemos tantos puntos en común como para viajar juntas en el mismo vagón de Noria.

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