27.1.13

Pequeña biografía inestable.


En la ciudad dónde vivo las mujeres de hace años no salían solas de casa. Podían ir a todos los sitios que quisieran pero nunca solas. Eso estaba mal visto como tantas otras cosas que hiciesen por iniciativa propia que no tuvieran como centro a su familia o a sus responsabilidades como amas de casa.

Soy de esa generación de mujeres a las que sus madres siempre nos decían que no fuésemos solas a la calle, a los bares, al cine, al teatro, incluso hasta a pasear. Y no digamos ya viajar.

De esa que escuchó que los tatuajes eran para marineros, camioneros y gentes de mal vivir, o que los hombres que se ponían pendientes eran maricones.

También soy de esa generación de hijas nacidas a finales de los 70 cuándo la sociedad entraba en convulsión iniciando la llegada de la democracia española.

Hija de una generación que dio uno de los saltos más inabarcables en comparación con otras generaciones de atrás. Mis bisabuelas, abuelas (materna y paterna) tías y madre se casaron jóvenes y se llenaron de hijxs, trabajaron hasta que reventaron y fueron amas de casa sin cuestionarse otras posibilidades. Ellas no pudieron elegir nada. ¡Cuántas veces me han dicho a tu edad tu madre ya tenía tres hijx! Y otras tantas cuestiones de ese estilo.

Yo he podido decidir muchas cosas sobre mí. Decidí desde mis estudios hasta cómo vivir mi sexualidad. Otras no pudieron. A veces, cuándo mis fantasmas aporrean la puerta de mi habitación imagino la suerte de mi generación en contraposición con el hecho de haber nacido tan sólo unos treinta años antes.

A veces me asomo a la ventana y veo todo lo que hemos cambiado pese a que yo no me he movido del barrio donde nací y aún así yo he tenido las cosas relativamente fáciles. He luchado mucho pero casi siempre ha sido contra mí misma. He huido tantas veces de mí que la vuelta  me resultaba tan placentera que siempre he pensado porqué ciertas cosas no las hice antes.

Tengo 35 años. Estoy hipotecada hasta la médula. Tengo un trabajo inestable, mal pagado, precario que me produce más úlcera que placer pero soy masoquista y esto es importante para entender muchas otras cosas. Vivo en pareja desde hace 5 años con una mujer que cuándo nos conocimos era investigadora de la Universidad de Barcelona y quiso que yo fuera una de sus sujetos de estudio para su trabajo de campo. ¡Y vaya que sí lo fui!

Amo el cine porque no puedo vivir sin historias con las que relacionar mi existencia y no imagino estar una tarde en casa sin un libro entre las manos.

Me gusta la lluvia y el invierno.

De haber podido pensarlo antes y haber podido elegir antes de nacer hubiese sido sin duda Marcel Duchamp. Si me concedieran un par de deseos con la suficiente retrospectiva uno de ellos sería ser la amante a la que Greta Garbo le hace un cunnilingus de forma desenfrenada las tardes en las que ella estaba ciertamente melancólica y yo demasiado excitada como para pasarlo por alto. Por otro lado moriría por haber compartido aunque sólo hubiesen sido tres tardes en París sentada en un café hablando sobre arte y literatura con Gertrude Stein, Pablo Picasso y James Joyce bajo la mirada de Sylvia Beach.

Pese a que tengo ciertas cosas no muy  claras hay días en los que cuándo realizo cosas sola como ir al cine, ir a pasear o tomar una cerveza en un bar del centro o salir a cenar conmigo misma siento miradas que desvelan que me siento sola que me evidencian mi soledad como si fuera algo no deseado. Y no hay nada más poderoso que el deseo de hacerlo. Construyo culturalmente tras ese reflejo proyectado en mí los miedos de esa generación a la que se nos formo para hacer todo aquello que es correcto para los demás  y no para una misma.

Pero tal vez pienso a la vez que esta ciudad es demasiado pequeña para pasear sin bajarte de la acera porque siempre dijeron que había sitio para todos, eso sí, siempre que fueras acompañada.

 

 

23.1.13

Casi siempre todo me sabe igual.


Tenía ganas de ver esta exposición pero después de visionar este vídeo se me han quitado totalmente.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-tarde-en-24-horas/tarde-24-horas-cultura-24-16-01-13/1667167/
 
Ahí van unas cuantas notas que he ido tomando según lo veía, están descolocadas y a lo loco que es como va mi cabeza después de haber visto el vídeo.

La presentadora dice varias veces que les ha quedado un programa muy femenino cómo si acaso fuera un estilo, una tendencia o un traje típico. Me encantaría preguntarle que a qué se refiere exactamente con eso de programa muy femenino.  Ahora va a ser qué los programas también tienen género y yo  a estas alturas aún sin saberlo. Hay tanto desconocimiento a la hora de usar según qué términos que a veces podían informarse un poquito, sólo un poquito de lo que van a hablar. Aunque claro muchxs pensareis que no es para tanto que me excedo en las líneas y en darle a estas cosas importancia.

Me resulta también increíble que se siga usando el singular Mujer para hablar de las MUJERES en el arte. Usan el singular Mujer como si todas las mujeres fuéramos una o como si todas pensáramos igual,  o hubiésemos tenido todas las mismas experiencias, los mismos obstáculos, la misma forma de amar,  de mirar o de pensar.  Qué manía de meternos a todas en el mismo saco.

Me sorprende que en una exposición que se ha trabajado el tema de las SEXUALIDADES, ellxs en el programa hablen de sexualidad así en singular, tal cual. Todo el mundo sabemos además que la sexualidad es una, es fija, inmutable y todxs sentimos siempre y todo el rato lo mismo.

Me resulta más sorprendente que siempre se diga que LA SEXUALIDAD ha sido siempre un tema de segunda fila pero nunca hablan del por qué ha sido así y qué le ha hecho estar en segunda fila siendo algo que siempre está en nuestra cabeza de manera consciente e inconsciente.

A Rocío de la Villa le diría expresamente que el argumento de una exposición se llama discurso y que normalmente no tiene que ver con la importancia de lo visual sino con la importancia de eso mismo, es decir,  de los DISCURSOS. Evidentemente si es una exposición ya es algo visual así que es redundante.

La pregunta de la presentadora de si hay un arte femenino y un arte masculino me supera en todos los sentidos. La voy a obviar. Me aburre.

Está muy bien hablar de estadísticas y de si hay o no mujeres directoras de centros de arte, galeristas, o artistas pero si no se ponen sobre la mesa los problemas y se visualizan hasta la saciedad los impedimentos es como quien ve llover. Y así nos va. Nos encantan las estadísticas y los números pero ¿y de los problemas, los obstáculos y las imposiciones? ¿Quién habla? ¿Quién las pone sobre la mesa? ¿cómo podrían ser trabajadas? Me da además la sensación que hasta ellas mismas hablan del problema desde fuera como si a ellas no las tocase como si las mujeres fuésemos las otras, como si ellas estuviesen despersonalizadas y no se sintieran parte de la problemática que están contando. Hablan desde lo impersonal como si ellas lo hubiesen tenido todo fácil (oye, igual sí, y son unas privilegiadas, nunca se sabe; la última frase leer en modo ironía por favor)

Yo estoy en contra de las exposiciones  de arte sólo de mujeres a no ser que sean monográficas.  Sé que es un tema problemático y arduo pero pienso que exponer obras de mujeres sólo por el hecho de ser mujeres sin problematizar los discursos no es hacer crítica feminista es guetizar.

Me fascina el hecho que para hablar de mujeres artistas, Rocío de la Villa, nombre que Cristina Iglesias era la mujer de Juan Muñoz. Es decir, cuándo se trata de mujeres artistas se dice que eran mujeres de tal artista, o tal escritor, ya que todo el mundo también sabe que ellas por sí mismas no son ni están sino es de la mano de un hombre.

Y necesitaría comenzar una tesis  para abordar esa idea constante de  “objetos, documentos, piezas de arte que hablan de un UNIVERSO FEMENINO”

La presentadora es genial, comenta que están en lo que llevan de programa hablando de lucha y reivindicación y yo la verdad lo que creo después de sus palabras es que tal vez yo he visto otro vídeo porque de eso es justo de lo que no han hablado.

Rocío de la villa dice que el feminismo surge en los años 60. Y yo le preguntaría ¿Qué feminismo Rocío? ¿Cuál de todos? ¿En dónde? ¿Por qué hablar del feminismo en singular? Y ¿cómo surgió este feminismo de una piedra? ¿O ya había movimientos de mujeres anteriores….????

No estoy para nada de acuerdo con eso de que habla Rocío de la Villa de ARTE FEMINISTA sino más bien pienso en mujeres artistas feministas y de objetos artísticos reivindicativos producidos por ellas mismas.

Conviene recordar y no olvidar fácilmente que no hay UN ARTE QUE CARACTERICE AL FEMINISMO tan sólo como he escrito antes la actitud crítica de algunas artistas frente a su mundo, su contexto y sus circunstancias.

No hay que olvidar que el feminismo nunca ha sido un movimiento unitario sino un conjunto de posiciones críticas caracterizados por un continuo posicionamiento.

¡Cómo se nos olvida siempre lo fundamental!

22.1.13

El orden es la virtud de los mediocres


Es sumamente delicado además a veces parece tan frágil que sobre todo los lunes pienso que no voy a aguantar ni un día más. Pero el martes todo vuelve a la normalidad más o menos a eso de la 13:00 h de la tarde es cuando pienso que todo es pan comido.

Hay tardes que se me hacen eternas cuándo vislumbro que la monotonía de aporrear un teclado de ordenador no es siempre la forma más idónea de sacarme todo aquello que siempre pienso y que no ordeno fácilmente.

Pese a que nunca he sabido muy bien caminar en línea recta aprendí a hacerlo para sobrevivir en suelos resbaladizos que no he dejado de pisar desde que no frecuento la calma.

Vivo en bucle. Y a veces también creo que sueño en eso mismo por eso pienso que casi nunca recuerdo mis sueños. Y porque los sueños duelen más que la vida misma.

Es paradójico porque amo la soledad pero no me gusta dormir sola pero a veces pasa que tengo que hacerlo y no me concentro ¿qué hace una cuándo no puede dormir? Cuándo duermo sola  ocupo también la parte de la cama que me corresponde y no me muevo de mi lado como si eso hiciese rellenar el abstracto de mi consistencia. Esto también lo observo en otras de mis circunstancias cuando termino ocupando solo la parte que piso y consigo de forma muy portentosa no agotar el espacio del otro. Pero esto nadie lo entiende, sólo yo y ese acto delicado que los lunes agoniza por carestía de nervio.

-Pero, entonces ¿qué es lo moderno?-me preguntan algunas veces.

Algo relacionado con la experiencia de la modernidad suelo contestar de forma apasionada según qué día de la semana y que hora sea. También depende de los ciclos lunares y si el día es gris como la gran mayoría de los días de invierno de esta ciudad. Me acostumbré tan bien al gris que forma parte de mi cotidianidad y mi experiencia tanto que si pienso en los días de sol tengo que visualizarme debajo de unas gafas casi opacas que resumen  mi languidez.  

La modernidad, pienso luego, ¿quién coño piensa en la modernidad en días como los nuestros?. La modernidad es tan sólo pasado. La modernidad fue para lxs poetas, lxs escritorxs,  lxs artistas y para ciertas mujeres que creyeron cambiar el mundo.

La experiencia se encuentra siempre sometida a los cambios y nunca es estática pese a que mucha gente diariamente quiere encerrarla en una jaula. La experiencia tiene además que ver con los demás y por lo tanto con las relaciones que establecemos diariamente sean éstas del tipo que sean.

Evidentemente no todo lo moderno trata de temas modernos. Y esta es la parte más complicada. Y esto es justo lo que no queremos aceptar porque es quizá en los propios miedos o en ese orden que desatan esos miedos en dónde residen los posos de la mediocridad.

Sólo los jueves me doy cuenta de lo que realmente he dejado atrás durante los días pasados de la semana.  Y sólo, tal vez como un mecanismo propio de una exclusión poderosa me trato de hacer ver que el arte así como la vida es una simple cuestión de experiencia ya no de principios sino de hábitos.

15.1.13

Princelandia. El paraíso en rosa: de cómo la educación se convierte en pintauñas y peinados.


Ayer a través de una colega en facebook me encontré con unas ofertas de trabajo. La empresa que las oferta se llama Princelandia Gandía y  de forma sorpresiva observo que es una franquicia  adoptada por la comunidad valenciana. Necesitan unas 20 personas con un grado en magisterio de educación infantil. Hasta ahí nada llama mi atención, es más, me produjo alegría por la gente que hace esta especialidad porque es raro que se busquen con tanto fervor profesoras de infantil. Me dispongo a ver el vídeo y es justo ahí cuándo comienza mi espeluznamiento y dolor de cabeza.  Me dan donde duele y vaya que sí duele.

Uno de mis mayores aturdimientos tiene que ver con que día tras día escucho a algunas de las niñas con las que trabajo que quieren ser princesas o bien que se disfrazan de princesas o que sueñan con serlo. Y no sólo eso sino que es su divertimento favorito.  Y sí, siempre pienso que algo estamos haciendo muy pero que muy mal. No he estudiado magisterio pero mi campo de actuación de forma transversal es la educación y me preocupa muchísimo el qué y el cómo educamos.

No tengo otra intención con estas líneas que hacer hincapié en que lo que muestra esta empresa no es educación y sí reforzamiento de estereotipos vinculados al género femenino en su máximo exponente. Una vez más las niñas son tratadas como algo que no serán nunca: princesas y bajo una catarsis que les hará bastante daño a lo largo de su crecimiento sintiendo los efectos secundarios que les irá produciendo. Hace un tiempo escribí un post en este blog sobre la estúpida idea de hacer creer a las niñas que serán princesas. Princesas de rosa, pasivas, solícitas, siempre listas y preparadas, protagonistas sólo en función de la búsqueda de un príncipe azul (inexistente tanto como ellas), unas princesas que se centran tan solo en lo superficial de la vida, en estar guapas y para ello les enseñan a posar, peinarse, lucirse y ser sobre todo sumisas, pasivas y VÍCTIMAS. Bien, pues esto es lo que les enseñan en esta empresa bajo todo un manto de educación en el cuidado y la higiene y para toda esta basura piden profesoras de infantil. Ahora bien,  por favor que no lo llamen  educación,  ni valores ni cuidados porque no es nada de eso. No hablan de educación ni de metodologías, ni principios, ni objetivos, ni de fines más allá de convertirse en una princesa rosa que se sabe peinar y cuidar las uñas a base de aprender a pintarlas. Por supuesto una de las educadoras dice que los niños no pueden apuntarse porque a ellos pues estas cosas no les atraen. Yo sólo conozco una forma de crear educación y tiene que ver con lo plural, lo multidisciplinar, la transversalidad  y la generación de experiencias interesantes capaces de producir conocimiento y crear autonomía en las personas que se están formando. Es decir todo lo contrario a Princelandia.

Desde mi más tierna infancia mis padres me inculcaron el valor del trabajo y sobre todo el que todas las profesiones son dignas o lo que es lo mismo todos los trabajos son respetables, o al menos deberían serlo. Y yo que he creído esto a pies juntillas casi toda mi vida, ayer no salía de mi asombro ante esta empresa que dice además buscar profesoras de infantil para desarrollar semejante trabajo. Sé que la pericia en momentos de crisis no tiene límites pero una cosa es buscarse la vida como se pueda y otra es buscarse la vida estereotipando a las niñas hasta la extenuación, inutilizándolas y haciéndoles creer lo que no son porque además, ¿qué idea es esa de ser princesas? ¿Acaso ser niña no es ya en sí mismo una lucha por no estar siempre siendo un segundo plato en esta sociedad como para encima enseñarlas aún más a ser bonitas, pasivas, víctimas y sufridoras?

A la empresa franquicia Princelandia les pido únicamente formación que es justo de lo que carecen. Que piensen sobre todo en qué consiste el aprendizaje, cómo aprendemos, qué es un aprendizaje significativo y cómo generar experiencias que te sirvan cuando seas adulta para pensar, reflexionar, ser asertiva, prepararse para la frustración y cómo sobrevivirla, y sobre todo a ser una persona crítica para ser capaces de sobrevivir en un mundo como el que se nos está echando encima. La pregunta sería: ¿para qué está Princelandia formando a las niñas?, ¿qué aprenden en un lugar así que les sirva para vivir en una sociedad como la nuestra?, ¿qué tipo de capacidades, habilidades y aptitudes se fomentan a través de actividades tales como ir al spa, pintarse la uñas, desfilar o arreglarse el pelo?

Por cierto, a la coordinadora también le diría que si busca profesionales de la educación infantil, personas con un grado universitario (y, por qué no, probablemente un máster también), ¿a qué viene eso de denominarlas “monitoras”?, ¿en qué quedamos? Ni hablar sabe. Además ellas las “monitoras-profesoras” son las que inculcan los valores ya que las niñas no pueden aportar nada porque como son princesas no saben de este mundo. Es algo así como “Oh, yo profesora-monitora que soy el bien te voy a mostrar a ti niña-pasiva-carente de ideas lo que es lavarte la manos antes de comer”. Su única metodología y discurso es centralizar la educación para la higiene y el cuidado en el hecho de llevar las uñas pintadas porque todo el mundo sabe que llevar las uñas pintadas es sinónimo de pulcritud y amor por la limpieza. De hecho, podríamos denominar su proyecto “educativo” de pintauñismocéntrico, ya que es de lejos su principal preocupación.  

Estoy horrorizada. La guinda llega al final del vídeo cuando las niñas desfilan porque –y cito literalmente: “no todo es pintarse las uñas y hacer moños”-. Claro, claro… para la formación de las niñas de entre 5 y 7 años esto de desfilar moviendo sensualmente el trasero es sin duda lo mejor. Ya lo decían los grandes de la educación como Adorno, Piaget, Lowenfeld, McLaren, Efland, Ellsworth, Freire, Apple y Robinson entre otros.

Y, por supuesto, no podía faltar que Óscar -ese señor con chaqueta gris- es el socio de la franquicia y cuenta la parte en la que las niñas meriendan comida rosa, sobre mantel rosa con platos rosas. Por descontado que ellas son las monitoras y él es el jefe (o hermano fundador). Sí es que han dado en el clavo con todo.

A la veintena de osadas maestras diplomadas que comiencen su andadura profesional en Princelandia, no me queda más que darles mi más sentido pésame (por lo de la peluca rosa, oigan, no vayan a malinterpretarme).