28.2.13

BIRLIBIRLOQUE


No soy voluntaria ni misionera. No soy imbécil.

En lo que va de año he recibido 6 propuestas para dar cursos o charlas en instituciones, asociaciones y museos pero eso sí con presupuesto 0.

Voy a dejarlo bien clarito porque sé que sois muchxs lxs que os pasáis por aquí y lxs que me conocéis.

Está todo bien pero trabajo por dinero. Es así de fácil.

No quiero hacer más largo mi currículo con más cursos impartidos para rellenar y hacer currículo.  Es decir, no quiero trueque. Quiero dinero. Trabajo por dinero.

Llevo más de una década formándome e investigando sobre las repercusiones de los movimientos feministas en el amplio campo de lo artístico y lo educativo. Y esto queridxs todxs y amadxs compañerxs tiene un precio.

Bien, creo que está entendido.

Así que antes de ponerte en contacto conmigo piensa que no voy a mover ni una sola pestaña ni abriré la puerta de mi casa para acercarme hasta ningún lugar si no hay dinerito de por medio.

Todo el mundo ve perfecto que en una tienda las cosas se paguen, las clases se paguen, y otras tantas cosas se saque una entrada por ello y yo no entiendo que lo que yo considero que es mi trabajo tenga que ofrecerlo gratis.

No es mi hobby, ni mi forma de pasar el rato de una manera divertida. Es mi trabajo.

Puede que tal vez nos encontremos en un bar, en un museo, esperando un semáforo o tal vez haciendo cola para ver un espectáculo o ir al baño, entonces sí, si nos ponemos a hablar y a ambxs nos interesa charlar sobre mujeres artistas por ejemplo no te cobraré si me caes bien y tengo un buen día. Para todo lo demás, sí.

A veces, hay que hacer hasta que lo obvio parezca más sencillo todavía. Pero una está muy harta ya.

No vivo afuera del mundo. Se perfectamente que hay dinero y que sólo se usa para lo que una inmensa mayoría posicionada quiere. Y repito NO soy imbécil.

19.2.13

Desnudxs en el Museo

 
Cuando entramos en un museo de arte podemos encontrarnos con obras de diverso soporte e índole dónde el desnudo (en un porcentaje del 97% de mujeres, esta estadística me le he sacado de la manga pero a ver quién se atreve a desafiármelo) sea algo habitual en las salas.
A no ser que sea muy realista ese desnudo puede pasar desapercibido porque está legitimado por el decoro oficial ,la belleza idealizada y así no nos sentimos tan ofendidxs. ¡ja!
Vamos, que toleramos perfectamente un desnudo tizianesco y no uno de mapplethorpe, el primero nos eleva al séptimo cielo y el segundo nos ofende, así tal cual.
Pero ¿qué ocurre si esos desnudos son vivientes, reales y mundanos?  Si son desnudos de gente como tú y como yo que posa o pasea en bolas tan tranquilamente al lado de las obras más aclamadas por su “genialidad” autorizados por la hegemonía clásica. O más concretamente, ¿cómo nos relacionamos con ellxs que transgreden el espacio sacro de un museo?. ¿Nos sentimos, tal vez, ofendidxs, agredidxs, avergonzadxs?
Bien, el resultado es una maravillosa performance de una de mis artistas favoritas, Cristina Lucas, que vuelve a enloquecerme una vez más.
Como generalmente llego tarde a todo y lo asumo, ¿eh?  no hace mucho di con estas fotografías que documentan la performance “Desnudos en el Museo” compuesta por cinco intervenciones efectuadas en la Walker Art Gallery de Liverpool, El Louvre, El Prado, El Kröller-Müller de Holanda y El Museo Nacional de arte Antiga de Lisboa.
Estas fotografías fueron expuestas el año pasado en la galería Juana Aizpuru en Madrid junto con otras obras de Cristina.
Fascinante trabajo.
 
 
 


love, love, love.

17.2.13

Las piedras están ahí para tropezar y luego abrirte la cabeza


-¿Qué necesitas?- me dijo susurrándomelo al oído.

En un momento de envalentonamiento le dije -Verás, he estado pensando y me gustaría...penetrarte.

Se paró en seco y me miró. Nos miramos. Pasaron varios segundos y luego minutos. Hubo un silencio de esos infinitos que más que vacío se siente el ruido cortante de un cuchillo afilándose.

-Estarás de coña, me dijo al fin.

-No, no es una coña, es una proposición, me preguntaste qué necesitaba y te lo he dicho. Me gustaría, sin más, probémoslo. Le dije yo ya no tan segura y sabiendo que lo había estropeado.

No me preguntó con qué le iba a penetrar si no cómo lo iba a hacer. Cómo si acaso sólo los penes sirvieran para hacerlo.

No sólo no le gustó mi plan, sino que además se enfadó bastante.

Es de esos momentos que no sabes muy bien qué hacer, qué mas decir, o hasta cómo comportarte. Tampoco nos conocíamos mucho.

Después de un tiempo largo que ya no sé medir muy bien me dijo:

-Puedes vestirte si quieres y marcharte. Me has bajoneado. Ya no me apetece que estés aquí.

Como si acaso fuera yo la culpable de sus miedos. Cómo si yo aparte de responsabilizarme de los míos tuviera también que afrontar los del resto.

Me vestí. Me acompañó a la puerta. Estábamos en su casa.

-Es una pena que no te puedas comportar como una chica normal y ya van dos veces. Y digo que es una pena porque me gustas. Lo mejor es que lo dejemos aquí.

No supe qué decir, como tantas otras veces. Creo que asentí sin más.

Llamé al ascensor justo cuando él cerraba la puerta.



Varias veces coincidimos por la calle pero nunca más nos vimos.

11.2.13

La artista está presente. Marina Abramovic.




Tal vez no pueda hablar de Marina Abramovic sin sentir máxima fascinación ni de una forma que no sea apasionada. La subjetividad que suelto en estos párrafos está en conexión estrecha con la adrenalina que suelto en este tipo de espectáculos. Aunque estos espectáculos parezcan que no van más allá de la fisicidad de una pantalla hay momentos que no tengo claro dónde he residido.

Acabo de ver el documental con tanta atención que he llegado a sentir que no estaba mirando una pantalla si no una performance en directo y a ella susurrándome al oído que el arte no tiene que ver con nada más que con una misma. El propio documental es en sí mismo una performance si  éste consigue que seas parte de él simplemente con sentir que la performance está en ti. Ahora mismo me sería complicado pensar cuando la obra de Marina Abramovic llegó a mí en forma de experiencia estética, tal vez, fue en aquélla época en la que barría las bibliotecas tratando de buscar conexiones con mi forma de relacionarme con la alternatividad desde una perspectiva abierta al campo artístico.

De lo único que estoy segura es que la obra de Marina me seduce de una forma hipnótica de la que no puedo dejar de vehicular contra mi propia consciencia la rebeldía, el desasosiego, la incertidumbre, la capacidad de resistencia a los límites establecidos, el rompimiento de las fronteras entre lo que era y es, entre lo que me produce, entre lo que permanece de forma sólida en mi cabeza, entre lo que rechazo de forma inconsciente, lo que me agita, lo que me excita o lo que irremediablemente, aunque lo asuma, no por ello me deje de producir dolor.

 

-angustia-               - ansiedad -                        -yo que de eso sé tanto-

 
Mirar no es tan fácil. Me refiero a mirar viendo algo. Y me refiero concretamente a cómo desde nuestra cultura occidental y cristiana nos han enseñado a vivir desde fuera de nuestra corporeidad, hablo de cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo como un ente ajeno, peligroso, desconocido y sucio. De cómo no nos han enseñado a experimentar,  a disfrutar, a vivirlo, a olerlo, a arañarlo, a sufrirlo y a modularlo.  Y a su vez cómo nos hemos ido construyendo de una forma tal que entra en acción discrepando directamente con las performances de Abramovic. Tal vez ahí, precisamente,  radica el miedo, la atracción, la seducción que ella irradia junto a su imponente puesta en el escenario.

4.2.13

Las bambalinas y los despertadores deberían ser siempre intangibles


Suelo salir a pasear por las mañanas muy prontito para sentir el frío arañándome la cara. Me despeja y me anima cual revitalizante. Pero no todos los días puedo hacerlo. Me encanta pasear pero sobre todo me chifla observar y analizar el lenguaje corporal de quienes se cruzan conmigo.  Mi día favorito para salir a pasear temprano son los domingos. Quién me lo iba a decir. Desde hace tiempo he descubierto que los domingos tienen mañana. El día que hice esta profundísima reflexión comprendí que había crecido que ya estaba en la edad adulta totalmente.




Me encanta dormir por las mañanas. Por la noche puedo aguantar qué se yo pero por las mañanas o ciertas mañanas soy como una pesada roca de unos 150 kilos. Siempre me han dado cierta envidia las personas madrugadoras, esas que casi no necesitan despertador y que cuándo lo escuchan se levantan rápidamente. Yo soy todo lo contrario, necesito mil despertadores, mil estímulos y la conciencia muy viva para levantarme. Pero hay días que no sé qué tipo de conjugación planetaria hay que decido por voluntad propia madrugar (o lo que yo considero evidentemente madrugar) me vengo arriba y salgo a pasear, así tal cual, sin perro (que no tengo) y sin ningún tipo de destino en concreto. Salgo a la deriva por una ciudad que me sé tan de memoria que me hastía por eso me la reinvento y así paseo pensando que no es mi ciudad sino el escenario y las bambalinas de una ficción por las que me dejan pasear sin andar de puntillas. Y esto es un poco el devenir de mi situación. A veces para no ver necesito conjeturar para recordarme a mí misma que los días no dependen de algo exterior sino de una misma.