15.4.13

Culturas sublésbicas en las primeras vanguardias


Intentando indagar más sobre Claude Cahun doy con el artículo “El largo (y tortuoso) camino de la diversidad” escrito por Juan Vicente Aliaga, uno de mis autores favoritos.
Las líneas de este artículo me llevan curiosamente a pensar en Berlín o mejor dicho tratar de re-pensarlo. A hacerme una idea, desdibujada claramente, de lo que en materia de libertad sexual se cocinaba en el Berlín de los años anteriores y posteriores a la primera guerra mundial. Si bien es cierto que Berlín tuvo su peso en las vanguardias primeras del siglo XX apenas yo le he prestado el tiempo suficiente y las ganas necesarias para indagar contextualmente en muchos de sus movimientos. Lo cierto es que me fascino leyendo sobre una subcultura lésbica en el Berlín de principios de siglo de la mano como digo de Aliaga, y enlazo rápidamente con Jeanne Mammen y sus acuarelas sobre mujeres lesbianas. Y pienso rápidamente como anteriormente ya había visto obras de Mammen pero que había olvidado en mi maremágnum armarizado del pasado.
Y reviso de nuevo a Hannah Höch, bueno más bien a sus fotomontajes, algunos de los cuales tan desinhibidos como la relación que mantuvo con la traductora holandesa Til Brugman. Y me fascino. Aunque la invisibilidad de ambas fue evidente para la historia del arte.
Y me fascino leyendo sobre la que está considerada como la primera película lésbica de la historia del cine, "Mädchen in uniform" (Muchachas de uniforme) (1931) dirigida por Leontine Sagan. Y me siento como una niña con zapatos nuevos. Y siento que quiero verla ya. Ahorita.
Y sigo leyendo y me encuentro con que lejos de Berlín y del otro lado del atlántico en EEUU y ya en la década de los 70 las obras más explícitamente bolleras corren de la mano de Bárbara Hammer directora de películas de contenido lésbico en tono festivo, bucólico y humorístico. ¿Dónde he estado yo sin saber de esto? Realmente hay vida más allá del bollodrama. Voy a dejar de andar en círculos-me digo-mientras continúo leyendo arropada por la perpejidad que me circunda. Y paso las páginas con alevosía y extrañamiento. Y mi cara es un poema y mis ojos delatan pupilas dilatadas.
Una vez más ninguna de ellas alcanzó la suficiente visibilidad y fueron por supuesto apartadas de los circuitos del arte y del cine.
Todo ello me asombra. Me asombra. Y me fascina a partes iguales. Me asombra cuando relaciono que no fue hasta el 17 de mayo de 1990 cuándo la Organización Mundial de la Salud excluyó la homosexualidad de la clasificación estadística internacional de enfermedades y otros problemas de salud. Y en España la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social y su represión homosexual no fue derogada hasta 1995. Teniendo en cuenta que en el contexto español es en los 90 cuando surgen colectivos artísticos como LSD en  Madrid y en el País Vasco Erreakzioa-reacción . A lo que me pregunto de forma espasmódica ¿cuáles fueron sus modelos,  sus predecesoras? Casi siempre nos hemos mirado en otros ámbitos foráneos, como el anglosajón, pero este es otro tema con sus pesquisas histórico-socio -políticas.
Casi todas las artistas feministas españolas de los 90 tenían como base el trabajo de artistas feministas extranjeras pero ninguna española. Y esto lo enlazo con la exposición genealogías feministas que el Musac mostró este pasado verano sobre la necesidad de crear una tradición dentro de los proyectos feministas en el estado español. 

 










 

Me asombra porque todo esto me recuerda a mi pasado. Y a lo que yo misma pensaba sobre ello. Y a como me obsesioné y a como me educaron.  Y a como viví mi torturada adolescencia a mediados de los 90. Y a como mi vida es parte bucle-parte oculta-parte lucha. Y sobre todo a la importancia que presto a las luchadoras de todos los tiempos, esas mujeres que consiguieron en contextos demonizados producir imágenes, películas, dibujos, libros con lo que crear otras subjetividades ajenas a las normas hegemónicas.  Y correr con ello un riesgo incalculable pero una libertad inimaginable.
 
Me fascina.

8.4.13

Cristina Lucas

Amo las inquietudes presentes dentro de los discursos de las obras de Cristina Lucas. Las amo porque también son en parte las mías. Y esto es la experiencia, justo, lo que conecta con otras experiencias vitales produciéndose así un momento de estética.

Conexión. Ironía. Conexión. Lucha. Posicionamientos críticos. Conexión. Ironía. Conexión.

La primera obra que vi de ella fue en el año 2003 "El eje del mal" un vídeo que me dejó enganchada por las múltiples interpretaciones y por su estética.  Desde aquel día grabé su nombre en mis archivos mentales y desde hasta hoy no ha hecho más que convencerme de que ella es mi artista favorita entre muchas.

Es algo así como un sentimiento que no puedo dominar.

Viajo solo para verte a través de tus obras.

Os recomiendo pinchar en el enlance que aparece abajo. Cristina Lucas habla sobre su proceso creativo e inquietudes.


http://oralmemories.com/cristina-lucas/


Aprovecho para recomendar también la exposición ON AIR que se puede ver actualmente en el CAB de Burgos (yo la visité este pasado sábado). Son sólo tres obras las que se recojen dentro de esta muestra, bajo la misma perspectiva y líneas de trabajo pero merecen la pena enormemente. Estas obras irán luego a la sala Rekalde de Bilbao junto a otras con la misma etiqueta. Iré a Bilbao a verla, sin duda.


2.4.13

Y un día me dejarás que te cuente un cuento.


Ayer tuve uno de esos días tranquilos, uno de esos días, en los que yo estaba adentro de una de las fotografías de Jeff Wall. No es importante ahora precisamente indicar de qué imagen hablo. Es una de esas en dónde la cotidianidad sale a formar parte de la vida del otro que en realidad se parece a la tuya, pero en la del otro siempre es más real. Es como quitarse varios pesos de encima. Uf.
Tenemos todo tan planificado, ordenado y escrupulosamente estructurado que a veces todo me parece Jeff Wall. Él cuida todo hasta el más mínimo detalle hasta ése que justo puede parecernos improvisado.  Y me pregunto cuando yo improviso. Y hasta qué punto se puede considerar improvisación.
Tengo un metro de medir una caja que nunca uso.
Todos los días por las mañanas suelo hacer el mismo camino. A veces cambio de ruta y creo que he hecho algo diferente. A veces voy a desayunar fuera y leo los diarios que nunca compro y pienso que la rutina depende de cómo estemos concienciadxs de esas alteraciones. Pero todo sigue igual, igual de planificado.
Todos los días pienso lo mismo cuándo me levanto de la cama. Desde hace años tengo además la misma sensación que no consigo cambiar y ese es justo el problema.
Todos los días abro primero el cajón de mis calcetines y luego el de mis bragas. Luego abro el armario. Antes de poner la leche en la taza pongo la radio y me asomo a la ventana a ver qué tiempo hace. Ni un solo día cambio de panorama. Y no lo cambio porque no lo pienso, simplemente lo hago.  ¿acaso se puede cambiar?
Cuando miro algunas de las fotografías de Jeff Wall me siento tan planificada que me permito pensar en mi orden sin sentir vértigo ni nauseas y pienso en la sobre domesticación, en el castigo y en el miedo. También pienso en Foucault. Y siento ganas de releer a Derrida. Pienso en todos esos días que trato de hablar de mi experiencia desde un punto de vista estrictamente visual. Y pienso en Jeff Wall. Y pienso que lo que tratamos de narrar continuamente no está en la historia en sí misma sino en cómo ésta es representada. Así comenzó a hacérnoslo saber Magritte y luego Duchamp, aunque tal vez no fue así. Y me relajo pensando en la atmósfera y en su envoltura. Y pienso en humo en humo de fumar. Y me siento liviana como conceptualmente separada del hecho de saber que no se puede dejar de pensar. Como cuándo de forma automática camino por las calles de mi barrio. No me fijo en ellas. Ya no. Si hubiera elementos nuevos estos están ya fuera de mi campo visual. Simplemente los asumo como parte del pasado sin más. Porque mi presente no los ve. Nada consigue alterar mi forma de ver desde que Jeff Wall toma la rutina como disciplina del presente.
En las fotografías de Jeff Wall ellas son actrices, ellos son actores. Los escenarios son personajes habitados y la vida mientras sucede. Sucede como la señal radiofónica de mi despertador. Como la sensación de cerrar todos los días la puerta con llave y el hecho de  cerrar la cortina de la ducha cada vez que entro en ella. Aunque no haya nadie en casa también cierro la cortina. No pienso en ello. Sólo lo concibo visualmente como forma de una estética tan cotidiana que ya no obtengo vivencia experiencial de ellas.
Cierro siempre la cortina.
Algo así me sucede mirando una fotografía de Jeff Wall.

1.4.13

La deformidad del extraño caso de los espejos nocturnos


Temo la llegada de la noche cuando todo se llena de fantasmas que aún no han sido. Es como si asomada a una ventana, en pleno invierno, no pudiera retirarme de su poyata. Me plastifico, me deshabito y como si no pudiera avanzar agarro el freno en toda su mesura y me resitúo asustada, temblando, pero a la vez tranquila en mi tortura particular. Y las torturas cuándo son conocidas ya se sabe...
Perfectamente inmóvil. Cansada de anidar en cuerpos que no me pertenecen, en mentes que me idealizan y en actos que no me amparan sino que me someten una vez más a aquello para lo que nunca esperé amar. Cotidianidad. Diario de una actriz que acomete cada día situaciones que propicia, en cierta medida, pero que no le corresponden.
Soy tan elástica que me permito acumular durante años, días, meses y semanas tantos metros cúbicos de capacidad argumentativa con los que podría tranquilamente invadir un mar. Y probablemente no me inmutaría. Lo dejaría estar.

Lo que masco tanto y no vomito, desde luego, que no me mata, me aterra más.

Tal vez, nunca halle todo lo que trato de buscar, eso ahora ya no me importa, pero me alivia saber que saqué ya las manos de los bolsillos.