26.5.13

150mg de arquitectura placebo


Éramos edificios dónde ahora sólo somos ruinas.

 




 

La arquitectura siempre permanece. O así me lo hicieron creer. Los antiguos construían sus edificios más importantes para que perdurasen para la eternidad.  Era otra filosofía antagónica a la obsolescencia programada. Una de mis profesoras de la carrera siempre decía que cualquier parte de un edificio puede derrumbarse pero no un arco sin está bien cimentado. Cuándo veo esas viejas iglesias románicas rotas, desvencijadas y sin techo pero con sus arcos desafiando las leyes de la gravedad no puedo dejar de acordarme de la eterna fragilidad de las relaciones con los demás y de aquella profesora de la que sólo aprendí eso. A veces me siento arco pero por lo general soy una pared de esas que parecen papel de fumar.
¿Qué queda de aquéllos edificios que en su día tuvieron su uso y hoy forman parte de las arquitecturas cotidianas abandonadas, echadas a perder? Quedan en su esqueleto todas las historias atrapadas entre las paredes que ya no lo son ni lo están.  Queda la imposibilidad de hacer ver que no te ven.
Todos los entornos habitables tienen edificios en desuso, edificios que ya ni eso son pero que funcionan como parte integradora de la fisonomía de un lugar, de un barrio, de una calle. En la estructura está cierta belleza reconvertida en un simbólico desnudo integral.
Esos lugares destruidos se convierten en relaciones que cimentadas en una época hoy son pasto de soledades y rincones que sujetan historias que son expuestas a los ojos de cualquier paseante pero no tan visibles como puedan parecer.
Mi relación contigo es una arquitectura deshabilitada. Una arquitectura muy bien cimentada, familiarmente consolidada pero menospreciada bajo el techo de las autoimpuestas relaciones desiguales y asimétricas. Aquél día que hablamos  deje de habitar tus paredes y cayeron ciertos muros, ese día, el edificio se fue desconfigurando tanto como las fotografías de la artista Concha Pérez. Teníamos un edificio, mientras estuve ahí me construiste mis muros, y dejaste también que yo construyese algunos, ahora entiendo que eran también tus muros, que yo nunca tuve nada propio. Creíamos tener una relación madre e hija cimentada y construida pero ahora admito que era sólo fachada. Tan pronto surgieron derivaciones de la vida todo se desmoronó. Ahora sólo se ven cimientos y un par de arcos. Además crees que yo puedo y debo reconstruirlo pero se te olvida que yo no soy arquitecta, ni tan siquiera fotógrafa, no soy nada de lo que tú esperabas ni siquiera el reflejo. He necesitado muchos años para saber de arquitectura relajada, sofisticada y de escombros.
Concha Pérez es una arquitecta que es también fotógrafa. Una artista que trabaja con los edificios como medida particular de todas las cosas y como receptáculos de lo que en sus días fueron y ya no son. Concha Pérez es mi puente contigo tal y como ella construye sus fotografías en relación a la arquitectura construimos nosotras nuestra inestabilidad.

 
 
 
No hace más de un par de meses que leí el cómic ¿Eres mi madre? De Alison Bedchel. Y de forma cartográfica me he visto  relacionando el libro de Bedchel con las fotografías de Concha Pérez y con esta relación insostenible que mantenemos desde hace otro par de meses.  Leí ese libro justo unos días antes de que todo se volviese como esa arquitectura bien cimentada pero que está ahí sin paredes. Sin intimidad. Dónde entra de todo y sale de todo sin criterio ni forma de cerrarlo.
Leer ese libro pudo ser un presentimiento justo anterior a cuándo se masca la tragedia. Aunque es evidente que no lo elegí de forma aleatoria.
La arquitectura es la medida de todas las cosas y los reproches y la culpabilidad conforman nuestra medida arquitectónica.
La arquitectura también mide mis palabras en tus palabras de forma irrelevante y sin eco. Pero…no te dejan eco, te dejan fría y en silencio. Odio el silencio impuesto. Como odio esas catedrales góticas dónde tiene que reinar el silencio de forma categórica. Como odio tu chantaje emocional basado en el silencio. Háblame,  insúltame pero no me devuelvas silencio.
Silencio Impuesto. Arquitectura del desorden. Bedchel y su tortura materna en forma de cómic y la mía en forma de arquitectura deshabilitada a golpe de reproches y silencio.
No atino a acertar el momento exacto, eso sería imposible,  pero más o menos intuyo cuándo empezamos a derrumbar los muros del edificio en el que hoy sólo permanecen los cimientos y cada vez más escombros. Lo cierto es que los veo todos los días y yo ya no hago nada. Tú tampoco. Sólo nos queda esperar. Esperar quizá a que un día, tal vez, Concha Pérez pueda fotografíarlo como parte de ese discurso arquitectónico tan decadente que es a la vez tan necesario.
 
 
 
Fotografías de Concha Pérez. Fachada 2007 y El invitado 2009.
La fotografía del libro ¿Eres mi madre? la tomé de la página 279.