20.8.13

yo me rutinas, tú te rutinas, ellx se rutina


Eso lo hace mi niño.

¿Cuánto vale esta obra?

¿Cuáles de lOs artistas de la actualidad crees que pasarán a la Historia?

Entonces, ¿tú que trabajas, hija, de guía?

Yo esto no lo entiendo. Yo me quedé en Velázquez

Mi niño pinta muy bien. Es muy artista. Hace unos dibujos que ni te imaginas

La creatividad es un don

Yo es que soy más de ciencias que de letras

El arte no vale para mucho más que para decorar ¿no?

Quién decide qué es y qué no es arte

¿Historia del arte? Uuumm qué carrera tan bonita

El arte tiene siempre que ver con algo bonito, bello, algo que yo no sepa hacer pero que me guste

¿Educación artística? y ¿eso para qué vale? ¿para hacer manualidades con mayor precisión?

El artisteo y la homosexualidad siempre han ido de la mano ¿verdad qué si? es por la sensibilidad tan a flor de piel

AlgunOs creen que con cuatro pintarrejos ya lo tienen todo hecho y ¡ale! a embolsarse dinero

¿Cómo sabes tanto?

LOs artistas siempre van por delante de la sociedad

Yo no tengo habilidad para el dibujo

Pues yo hago figuritas de barro muchísimo mejor que eso

Dicen que Dalí dejó lienzos firmados pero todos en blanco

El arte es expresión

¿LOs artistas dejan por escrito lo que han querido decir?

¿Cómo distingues algo bueno de algo que no lo es?

¿Serías capaz de distinguir un Goya de uno que se le pareciera mucho?
Antes sí que pintaban bien, no como ahora, igual es que a mí ya me ha pillado de mayor todo esto

Entonces ¿esto es arte?
 
¿Segura?




Y ahí tienes al Greco y míralo, en su época no lo entendieron.
Y Van gogh se cortó una oreja.

 
 
 

14.8.13

Página en blanco. Blanco tiza, blanco roto, blanco hueso.

The blank page

 

“The blank page” es un breve relato de Isak Dinesen que encuentro muy estimulante mientras sigo leyendo con fascinación y mil ojos a Griselda Pollock. Necesito ponerle muchos sentidos a todo lo que ella escribe y para ello necesito mucha concentración. Este relato me está dando tanto en qué pensar que he decidido compartirlo en esta entrada. Me guardo, por esta vez, lo que entresaco después de haberlo leído un par de veces. No estoy segura. No quiero estarlo.

 

“En un convento emplazado en una colina sobre praderas sembradas de lino azul de Tierra Santa, las monjas hilan y tejen lino para los lechos nupciales de la realeza y la aristocracia. Atesorados en el mismo convento hay pequeños retales de aquellas nobles camas, con las manchas de sangre que prueban su virginidad, cada uno de ellos dentro de un marco y con sus blasones dinásticos y un nombre. Mujeres mayores y tocadas con mantilla acuden en peregrinación a ese “museo” del “arte de las mujeres” para leer en cada página ensangrentadas historias de matrimonios, intrigas, vástagos, alianzas, el ascenso y la caída de famosas familias. Un lienzo merece especial atención, atrae más las miradas, incita más a la profunda contemplación. El marco es tan fino como cualquier otro y muestra orgullosamente una pieza de vajilla de oro con la corona real. Pero aquella pieza no tiene grabado ningún nombre y el lino enmarcado tiene la blancura de la nieve de punta a punta: una página en blanco”.

 

The Blank page en Last Tales (1957), Londres, Penguin Book, 1986, p.104.

12.8.13

Levitt, Matisse y el Renacimiento


Cuando conocí este pasado mes de junio el Museo Matisse de Niza recuperé de nuevo la idea de lo importante que son otros movimientos artísticos en la vida y desarrollo creativo de muchos artistas. Y digo recuperé porque mi mirada occidental me cercena, me oxida, me dilata solo la pupila. A veces cuando siento el globo pincharse es cuándo me doy cuenta que estar desaprendiendo me quema muchas calorías diarias y una no siempre está en forma aunque ahora haya empezado a ir en bicicleta.

Cierto es que esto es una obviedad pero al menos en mí caso mirando según qué obras se me olvida, se me pasa por alto, me absorto y  me quedo ahí como colgada dentro de algún circuito  plástico que me conduce al placer. Solo a la delectación. Ahora también sé que cada vez me lo voy poniendo más difícil.  La obra de Matisse no me interesa mucho. En cambio, me entusiasmó su vínculo con la música, la danza y el movimiento. Sin nada de esto Matisse no hubiese sido Matisse. A veces cuándo miro una pintura legitimada y orquestada por la crítica como obras de arte, en este caso si hablamos de Matisse, puede que pase por alto todo eso y me dejo arrastrar influida por la forma de estudiar con compartimentos estancos que impiden generar enlaces a otros campos. El discurso de este museo giraba en torno a los vínculos que Matisse estableció con la música, la danza, y el movimiento dando así pie a su trabajo creativo.

¿Por qué nadie me dijo que Matisse fue músico? Igual nadie me lo dijo porque a mí Matisse nunca me gustó.

Para Helen Levitt el movimiento era su forma de funcionar con su cámara Leica abriendo una escala diferenciadora entre la historia y el lugar. Mirar una fotografía de Helen Levitt es desafiar las leyes sobre las que se construyeron algunos de los parámetros sobre los que se sustentaba la historiografía del arte desde el Renacimiento. El movimiento es el punto de inflexión de sus fotografías así como para Matisse lo fue de algunas de sus obras, de esas danzantes que bailaban al son de lejanas músicas haitianas, quizá. El movimiento se convirtió en la parte central de “Desnudo bajando una escalera” de Duchamp y de todo la plataforma de artistas futuristas en la Italia de las primeras vanguardias.  El movimiento provino de las máquinas de la industrialización, pero también de los cuerpos de los obreros, de la gente del campo, de las bailarinas rusas, de la música, el circo y el cabaret. Helen estaba interesada por la danza y el teatro. Matisse también. Pero mirando una fotografía de Levitt o de Matisse llegaríamos fácilmente a la conclusión de que el movimiento en sí no les interesa. No les interesa al menos como le pudo llegar a interesar a Duchamp o a los cinéticos como Vasarely.

Estoy hablando de otra cosa.

A Levitt quizá como a Matisse lo que le importaba era la coreografía. El resto no importaba tanto. Y en ese tanto hablo del Renacimiento.

Por eso me molesta cuando se presenta a Levitt como una artista con cierta predilección por la infancia. Como es leída como mujer y por lo que actualmente entendemos por artista tiene que tener ese encanto maternal a flor de piel y esa ternura innata. Tanto como me irrita ver cómo siempre que alguien habla de Matisse hable de las mujeres haitianas, como si acaso las conociesen o hablen de su pasión por el arte primitivo con esa indolencia superior del resabido que no mide su paternalismo. No sé si la infancia le preocupaba o no, la verdad que no me interesa, no es la infancia y su mundo lo que retrata en sus fotografías si no un espacio coreográfico en el que están ocurriendo cosas. La obra de Levitt se enmarca en el contexto de los años 30 y 40 americanos. Le interesa el contexto, le interesa saber qué y cómo contar historias rutinarias de juegos, vidas y dramas diarios. La performance está en sus fotos, en todas y cada una de ellas. Trabajaba sobre el terreno a pie de calle. Para retratar las problemáticas sociales en el Nueva York de aquéllos años ya estaban los fotógrafos de la Photo League.

Con ello no estoy diciendo que en sus fotografía no muestre las realidades sociales, es precisamente eso de lo que estoy hablando, lo cierto es que  la calle es la única protagonista, sin calle no hay foto y sin movimiento no está el lugar ni las historias que contar.

El hecho es que Levitt y Matisse no tienen nada que ver. Ni tan siquiera yo sé muy bien porque he decidido escribir sobre ellos. Matisse como he dicho antes no me gusta. De Levitt sólo sé que me hizo una señal. Ahora, no sé muy bien cómo organizar qué parte de la historia no encaja en todo esto.


 
 
Canaletto pintó su obra en 1730. Matisse en 1909 y Levitt en 1940.
 

7.8.13

In discutible mente

En 1971 Bridget Riley dijo que las artistas necesitaban el feminismo –“esa histeria”- tanto como un agujero en la cabeza. La declaración apareció en Art and Sexual Politics, una de las primeras publicaciones que afrontaba el tema. En el clima de la modernidad todavía hegemónica, conjuntar los términos arte, sexo y política suponía una transgresión. En los años noventa, sigue siendo teórica y críticamente asombroso, y sin embargo indiscutiblemente necesario.

 

[…]

 

Para Clement Greenberg, crítico que tuvo un importante papel en la definición de los logros más importantes de la modernidad, el sexo, al igual que la clase o la raza, formaba parte del bagaje del conflicto ideológico en las sociedades modernas que había que eliminar para que un arte con ambiciones pudiera cumplir el heroico acto de autoconservarse dentro del capitalismo y frente al fascismo.

 
Inscripciones en lo femenino. Griselda Pollock en Los manifiestos del arte posmoderno. Anna María Guasch (ed.)
 
 
 
 
 
 
"La mujer de genio no existe; cuando existe, es un hombre" Bettina van Hutton.

6.8.13

Usar como arma arrojadiza aquello que te oprime. La vengadora del burka.


He tardado un tiempito para pensar en cuáles de las superheroínas y de los superhéroes no llevan cubierto su rostro. Y la verdad es que no son muchxs. Casi todxs visten traje especial y una máscara o antifaz que suele dejarles tan sólo los ojos al descubierto. Casi todxs son “personas normales” y llevan una vida cotidiana hasta que llega la noche que es cuando se reconvierten en otrxs usando un traje especial y obteniendo unos poderes fuera de lo común. ¿no estoy diciendo gran cosa, verdad? Lo sabía.

 

No soy ninguna experta en superhéroes y nunca me interesó lo suficiente el mundo del cómic y sus historias polares de los buenos salvan el mundo y los malos son realmente fatales. Y esa necesidad incansable que tenemos de necesitar un héroe todo el rato.Y no me he interesado por ellxs por la sencilla razón que mi identificación con los personajes viriles, musculosos, paternales y redentores del mundo tienen muy poco que ver conmigo. O nada mejor dicho. En cambio me interesan exclusivamente las heroínas y las villanas. Me gusta indagar en cómo son construidos estos personajes y sobre todo para qué públicos están lanzadas, como es su estética reforzada en el sexismo imperante y el discurso con el que vencen al mal del mundo y sus historias personales.

 

La semana pasada encontré en varios periódicos la noticia de una serie animada infantil estrenada en Pakistán bajo el nombre de “La vengadora del burka”. Al parecer narra las aventuras de una chica que de día es maestra en una escuela y de noche se convierte en una superhereroína cubierta con un niqab que recorre las calles de su barrio luchando contra todxs aquéllxs que odian la escuela y quieren destruirla.

 

Las armas de ella son los libros y los lápices. Me parece maravilloso. Genial.

 

Algunxs de lxs detractorxs de esta serie van directamente a la utilización del burka como prenda que minimiza los derechos de las mujeres: “Marvi Sirmed, un periodista de Islamabad y activista de derechos humanos, no considera adecuado que se construya una figura de la resistencia a partir de una mujer que lleva una prenda que ha sido fuertemente asociada por algunos con la represión de las mujeres. "Es degradante para todas esa mujeres valientes en los lugares conservadores de Pakistán que han estado luchando por los derechos de las mujeres, por educación y justicia y que han dicho 'no' a este tipo de estereotipo". (tomado de http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/primer-superheroina-pakistan-2555209)

 

Desde mi opinión como consumidora feminista de series, cómics y películas ya sólo el hecho de que una serie tenga a una chica como única protagonista me parece un paso adelante de incalculable valor en el imaginario colectivo para todxs lxs niñxs que vean la serie pero sobre todo una referencia con un sujeto de acción para las niñas. El hecho de que la protagonista use el burka como su “disfraz” que la convierte en heroína para vencer a sus enemigxs no hace más que subvertir la prenda del niqab y resignificarla tomándola como algo poderoso con el que generar otras posibles narraciones. Usado como algo con lo que hacerse fuerte y trabajar desde ahí. Por lo tanto disiento con las palabras de Sirmed porque dónde él ve degradación yo veo una fuerte resistencia, una apropiación muy poderosa como ya el mundo de la ficción ha hecho en numerosas ocasiones con otros personajes y algunos de sus símbolos..

 

Usar como arma arrojadiza aquello que te oprime.