23.12.13

heroínas postestructuralistas


Nausicaä del valle del viento

La princesa Mononoke
 
 
 
En el año 2010 se celebró en Granada un congreso de educación artística, ilustración y cultura visual. Fue ahí donde me empecé a interesar por el cine de Miyazaki a partir de la ponencia de Montserrat Rifá (Universidad autónoma de Barcelona): “Género, subjetividad y visualidad en el shōjo anime o cine de animación para niñas/chicas de Hayao Miyazaki”.

Montse y su mujer Marta tienen una niña, Jana, a la que preocupadas por buscarle películas y series alternativas a las que la televisión y el cine comercial ofrecen a la infancia dieron con Miyazaki y con sus narrativas con títulos como Nausicaä del valle del viento, la princesa Mononoke, Ponyo en el Ancantilado y Mi vecino Totoro.

Tiempo después del congreso me hice con las actas donde pude leer el texto de aquella presentación.

Es una delicia.

En su artículo analiza el género, la visualidad,  la construcción de las subjetividad de las niñas y las mujeres en las películas de Miyazaki desde una visión posthumanista de la subjetividad, donde interseccionan los feminismos, el postestructuralismo y los estudios culturales.

En mi trabajo diario inherente de la cultura visual observo con cierto hastío como cada día niñxs de casi todas las edades y condiciones me hablan de las mismas películas y las mismas metanarrativas. Observo incrédula cómo construyen sus subjetividades narrativas en función de sus referentes televisivos. Y claro una luego en su casa mira con detenimiento algunas de las series y películas que ponen en la tele destinadas a la infancia y al público juvenil y quiere ponerse a llorar con pataleta incluida. Son historias legítimadas por la industria de cine comercial que repiten modelos y actitudes con las que ir tejiendo vidas propias. Las películas de Disney nos devuelven una y otra vez la misma historia pero con distinto collar. Los chicos son los que hacen y deshacen y las chicas las que suspiran por ellos sacrificándolo todo a su paso. Las niñas están convencidas de querer ser princesas y casarse con un príncipe azul que las salve y los chicos tienen que salvar al mundo para quedarse con la chica que a su vez tiene que estar buena. En lo que llevo trabajando con niñxs nunca he escuchado a ninguno nombrar ningún título de Miyazaki. Probablemente porque para ver su cine se necesita algo más que sentarse a ver una película Disney la cual después de fagocitada tienden a naturalizar las actitudes vinculadas con lxs protagonistas.  Es decir, Disney es no pensar. Son películas creadas para uniformar, heterogeneizar, y producir consumidorxs pasivxs, conservadores y no creativos.

Miyazaki, según Montsé Rifá, incorpora múltiples citas que reiterpretan la historia y la cultura de Japón, la literatura fantástica y la ciencia ficción, entre otras fuentes. De este modo, por ejemplo, Miyazaki, posibilita una historia preposterada de la literatura clásica para deconstruir las visiones de la infancia/adolescencia: en sus vuelos Nausicaä del valle del viento, cuyo nombre toma de La odisea de Homero, atraviesa algunos paisajes como resonancias de El principito de Antoine Saint-Exupéry;

 
En las narrativas hegemónicas Disney se reproduce un sexismo imperante y un lógica heteropatriarcal que igualan a las princesas en la representación – todas son la misma, todas  desean al mismo.

 
Giroux (1996) situó este debate en el marco de la política cultural y de las luchas por el conocimiento y la autoridad a través de la cultura popular y apeló a la responsabilidad de los educadores como trabajadores culturales que deben ser críticos sobre “cómo se organiza el poder a través del enorme número de aparatos culturales que van, desde las bibliotecas, cines y escuelas, hasta los conglomerados de medios de comunicación de alta tecnología que ponen en circulación signos y significados” (Giroux, 1996: 53) a través  de una multiplicidad de textos visuales. Desde su punto de vista, es en el espacio híbrido de la cultura popular donde emergen los conflictos en torno a la memoria, la identidad y la representación, ya que los grupos hegemónicos tratan de ejercer su dominio. Por eso, critica la comercialización y el olvido la memoria de Disney, que reescribe las narrativas en torno a las identidades nacionales en un mundo globalizado, generando una pedagogía de la inocencia que construye deseos y representaciones del sí mismo en la infancia:
 
La pedagogía de los textos de Disney funciona como una clase de historia que excluye los elementos subversivos de la memoria. Reducidas a estampas de la inocencia infantil, aventura y caballerosidad, la memoria queda separada del contexto histórico, social y político que la define como un proceso de producción cultural que abre plenamente la historia, en lugar de cerrarla del todo. Es precisamente este control pedagógico lo que recorta la memoria en cuanto forma de remembranza crítica que sitúa la acción humana entre las posibilidades de libertad y la largueza cultural, por una parte, y las restricciones y límites impuestos por el pasado histórico, por otra. Para Disney, la memoria no tiene nada que ver con recordar de forma diferente, ni es una fuerza irresistible para despertar lo que Walter Adamson llama <<energías emancipadoras dormidas… [e] imágenes políticas que satisfacen el intelecto y arrastran la emoción>>. Por el contrario, narrar el pasado se convierte en un medio de racionalizar las tendencias autoritarias y normalizadoras de la cultura dominante que llega hasta el presente.(Giroux, 1996: 58-59).
 
Hasta el momento he visto dos películas: Nausicaä del valle del viento una fantasía épica donde la protagonista es una niña experta en las artes de volar. “se ha dicho que ésta es una película anti-guerra, una película pro-ecológica, una película feminista, incluso una película política” (McCarthy, 2002: 89). Y la princesa Mononoke que es una fábula fantástica donde San es una chica-loba que defiende la venganza de la naturaleza hacia el ser humano. Buenos dibujos, buenos planos y buenas historias. Insisto en el hecho que ver este tipo de películas conllevan cambiar el chip, cambiar nuestra forma de recepcionar películas y de reinterpretar las narrativas, ya que si una no puede visitar el Museo del Prado tal y como visitaría un Museo de arte contemporáneo, una no puede ver una película de Miyazaki con las mismas herramientas con las que ve Disney.

Y ahí es justo donde hacer el proyecto educativo; en la generación de herramientas con las que resituar el conocimiento aprendido con el que incorporan dichas películas.

Aprender a ver otras historias, vincularte con otros personajes y generar experiencias nuevas con las que vincular las subjetividades que pueblan nuestros imaginarios tanto individuales como colectivos. ¡Qué difícil que es esto! Para poner en marcha esto se necesita una artillería de la que adolecemos actualmente desde las instituciones. Para empezar, se requeriría creer en ello. Sin duda, lo más, complicado. Las inercias recibidas son paulatinamente expuestas en ruedas de engranaje donde la cotidianidad lo pule y lo muestra sin apenas cribar. Dicho de otro modo, educar de otra forma es realmente un esfuerzo tan grande que muchxs deciden optar por el camino más corto; aquél en el mismo que se educó y que contrariamente quiere alejarse pero no puede.

 
En los filmes de Miyazaki las mujeres son protagonistas que no luchan por el amor de un hombre, ni se sacrifican por otrxs, las mujeres defienden las causas en las que creen, ejercen trabajos, son respetadas por el resto, y constituyen comunidades sociales. Son mujeres fuertes, independientes, que mantienen venganzas,  generan violencias alterando así el concepto clásico de la feminidad Disney.

 


A menudo me pregunto que cual es el sentido de la educación y por consiguiente de mi trabajo. Nunca se que decir. No puedo contestar.

 

A menudo quiero cambiar de estado profesional.

22.12.13

La bailarina que leía a G. Pollock


Enero de 2005. Quería conocer chicas no heterosexuales. Me fui un fin de semana a Madrid con la idea de pasármelo en Chueca. En mi ciudad es muy difícil conocer a chicas no heterosexuales, yo no conocía a ninguna. Reservé una habitación en un hotelito de la Carrera de San Jerónimo. Una cama doble pedí por teléfono. Me había prometido a mí misma no dormir sola aquélla única noche que pasaría allí.

Llegué pronto así que bajé a la cafetería La catedral ubicada en esa misma calle para desayunar y desde allí ver cuáles eran mis opciones para ese fin de semana.

Estaba nerviosa. Quería conocer chicas pero no sabía por dónde empezar. Hojeé el periódico. Ninguna noticia me interesó. Mientras tomaba el café abrí la mochila y saqué el libro que me estaba leyendo. Realmente me quedaba muy poco para terminarlo. Quería relajarme y sé que cuando leo logro desaparecer. Al rato apareció ella.

-          ¡Hola!-me dijo- ¡No puede ser que haya dado con la chica más culta de todo Madrid-dijo señalando mi libro. ¿en serio que lees a Gergen?

Levanté la vista y vi a una chica menuda, sonriente, muuuy atractiva que con cierta gracia  señalaba a mis manos. Yo leía en aquellos momentos El yo saturado de K. Gergen con la única intención de re-ubicarme y desintoxicarme de mi etapa académica.

-          ¡Hola!-dije yo- ¿Te lo has leído? Yo tampoco puedo creer que conozcas a Gergen.

-          Puedo sentarme contigo y así no tomo sola el café

-          Por supuesto que puedes dije cerrando el libro

No paramos de hablar como en unas tres horas. Sentadas allí en la misma cafetería parecíamos dos amigas de toda la vida. Ella se llamaba Ana y era de Barcelona. Era bailarina y cantante en un musical que esa misma noche se estrenaba en Madrid. Ana me contó que había empezado la carrera de Historia del arte pero que luego se pasó a Musicología. Había hecho también arte dramático y había bailado ballet toda su vida hasta que lo cambió por las giras y los musicales después de tener suerte en un casting. Yo también le conté parte de mi trayectoria profesional y nuestra conversación fue un cúmulo de conexiones imprecisas pero muy estimulantes. Hablamos de Gergen, de Philippe Meirieu, de Adorno, de Bataille, y para cuándo me mencionó a Griselda Pollock yo ya estaba en otra dimensión. ¿Puede una enamorarse en cuestión de unas tres horas de café? La respuesta es sí.

Me dijo que le fuese a ver por la noche al musical. Que tenía varias entradas y que no tenía a nadie a quien dárselas. Por supuesto que le dije que sí. Cuándo me preguntó que qué hacía en Madrid no me atreví a contarle mi propósito así que le mentí, y le dije que había ido para visitar exposiciones y museos, que por otro lado, no era del todo falso.

Después del café de tres horas fuimos a comer. Y continuamos charlando sin parar. ¿Saben de ese flechazo cuándo estás con una desconocida con la que no te importaría pasar el resto de tu vida? Bueno, más o menos, algo así, a veces resulto muy absoluta.

Hablamos de todo pero ninguna de las dos en ese momento mencionó que teníamos pareja. Ella salía con un chico, y yo con otro, pero mi relación estaba en fase terminal, bueno, creo que siempre lo estuvo, es lo que tienen las relaciones tapadera.

Lo cierto es que yo había ido con la intención de conocer a chicas en bares de lesbianas y no solo no pisé ninguno, sino que me vi sentada en la primera fila de un musical descargando todo mi arsenal erótico, estimulada por una chica atractiva, desconocida que bailaba y cantaba y que había leído a Griselda Pollock. Cuando el musical terminó fuimos a tomar una copa pero luego ella me dijo que tenía unos compromisos y que nos podíamos ver el domingo para comer o tomar algo antes de que yo volviese a tomar el tren de vuelta.

Esa noche en el hotel dormí sola. Ningún plan sale como en el boceto.

Durante más de un año Ana y yo estuvimos viéndonos en ciudades distintas y en pueblos variopintos. Nunca pasó nada entre nosotras. Bueno, nunca pasó nada sexual tengo que matizar. O mejor dicho nunca follamos porque sexual lo fue todo desde el primer encuentro hasta el último.

La tensión sexual que acumulamos durante más de un año se condensó en una noche de septiembre del año 2006 en un pueblecito costero cercano a Barcelona. Ella me había invitado a pasar allí unos días. Lo cierto es que sólo pasé una noche.

Después de cenar fuimos a por unas copas. Las dos queríamos. Las dos lo teníamos escrito en la frente. Las dos veíamos que lo inevitable tenía que pasar pero ninguna de las dos quería dar el primer paso. Yo nunca había estado con una chica, ella tampoco. Yo ya le había dicho desde la segunda cita, un año antes, que me gustaban las mujeres, ella por aquél entonces me habló de su bisexualidad pero tampoco había estado con una chica.

Por todos los bares que pasamos nos restregábamos con la mirada, nos abrazábamos, nos tocábamos de manera irreverente, nos reíamos muchísimo y nos comíamos con los ojos. Nos besamos a escondidas en un par de portales. Me metió la mano por debajo de la ropa. Me tocó por dentro, rápido y  fuerte. Estaba tan excitada que pude correrme de pie. Le clavé las uñas en el cuello. Y ahogué mis gritos mordiéndole la camiseta.

Una vez en su cama ya no pudimos tocarnos ni un pelo. Desnudas. Una a cada lado de la cama. El medio vacío. Ya no había abrazos íntimos. Estábamos muertas de miedo. Nos mirábamos de frente a frente. Yo fui incapaz de tocarle. A ella le pasó lo mismo. Dormimos abrazadas pero sin tocarnos.

Recuerdo su olor.

A la mañana siguiente decidí irme. No quise quedarme el resto de los días. Ana no puso resistencia. Lloré mientras me alejaba de ella. Volvimos a vernos unas cuántas veces más, aún hoy en día nos vemos, pero nunca hablamos de aquélla noche. Nunca hablamos de nosotras, nunca hablamos de lo que no pudo ser, nunca le concedimos ni un segundo a esa noche. Nunca le conté porqué decidí irme. Las dos hicimos por olvidarlo.

 

Tan solo tres meses después me presentaron a E.



 
 He modificado algún dato y el nombre de la bailarina de la historia real

19.12.13

Miedo a ir a casa

En una facultad de Nueva Inglaterra donde enseñé, la presencia de algunas lesbianas provocó el pánico entre las estudiantes y profesoras heterosexuales más conservadoras. Las dos estudiantes y nosotras, dos profesoras lesbianas, nos reunimos con ellas para discutir sus miedos. Una de las estudiantes dijo: "creía que homofobia significaba miedo a volver a casa tras la residencia universitaria" (juego de palabras en inglés entre homophobia y home)
 
Y yo pensé, qué apto. Miedo a volver a casa. Y no ser aceptada. Tememos ser abandonadas por la madre, la cultura, la Raza, ser rechazadas, culpadas, dañadas.

Capítulo 4. Movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan. Gloria Anzaldúa en "Otras inapropiables (Feminismos desde las fronteras)" - Varios Autores - publicado por Traficantes de Sueños en 2004.

Uso y circulación




 
 
 
 
 
 
Ana Laura Álaez-Itziar Okariz
Escuela de  Fontainebleau- Ana Laura Álaez
 
 
 
 
 
 
 
Lo artístico es un elemento integrado en el ámbito cultural además de ser un elemento articulador de las experiencias humanas que se relaciona con todos los ámbitos de la vida colectiva conformando significados y experiencias. Enfatizo desde aquí que la carga de significación no está en la obra si no en el usuarix, en el consumidorx de esas imágenes, entiendo que cuando una obra está terminada, está acabada como producto pero no como representación.
 
 
Y estas líneas intento que sean mi trabajo.
Sí, he escrito, intento.

4.12.13

El roto y el descosido

 

2009 es el año de la publicación del libro que aparece en las siguientes fotografías.
Los vi ayer en una biblioteca pública. Olvidé lo que estaba buscando y entonces, tomé fotos.
 

 
 
 







fotos tomadas con la cámara de mi móvil