24.3.14

Why not sneeze?


No sé de qué murió Duchamp. Proust lo hizo de una pulmonía y Van der Weyden lo haría de puro viejo. Creo que Ana Mendieta no se suicidó.

Las mañanas siempre me han resultado para gente activa. Yo soy más de tarde.

Bueno, de noche.

Dormiría todas las mañanas de un tirón y podría hacerlo porque las noches son para otra cosa. El dispositivo que me permite razonar de forma aparente cae repentinamente pasadas las 22 h. Y ahí ya nada se puede hacer.

A medida que avanza el día siento como hago uso de la ficción como un recurso mediador entre mis obsesiones y mis carencias. Si me invento media tarde y se lo añado a lo que tengo que hacer todo es más llevadero. La mentira tiene mil  usos y todos ellos son matojos.

De las obras de arte lo único que me interesa es que de sus temas es de lo que no se habla.

No me importan las técnicas, ni el resultado final, no me interesan los procedimientos ni el tiempo de secado, ni el de exposición, ni su precio, ni su minuto de gloria.

Al pintor flamenco Roger Van der Weyden le he tomado prestado su apellido.

Si tuviera que elegirme un nombre para usarlo a partir de los 40 sería Marcel. Como el Marcel de Duchamp o el Marcel de Proust.

La serie de artistas suicidas Fallen Angels de Kepa Garraza me pone los pelos de punta. Sus personajes son contemporáneos pero las muertes son anacrónicas. De los 12 lienzos que la componen solo hay una mujer suicida. Ana Mendieta ¿qué te paso? ¿qué te paso jodeeer? Su muerte nunca ha sido esclarecida. Yo estoy segura que no fue un suicidio.

¿Qué tienen en común Van der Weyden, Mendieta, Duchamp, Garraza y Proust? ¿y yo con ellxs?

Todxs ellxs sin darse tregua manejan el poder de la destrucción. En épocas y en contextos no relacionados aparentemente. Repito todo son matojos. Una destrucción abigarrada y preparada aunque en el caso de  Duchamp fuese ciertamente inesperada. ¿sí?

En mi caso me gustan por hacer de lo desconcertante un potencial vaso comunicante entre varios supuestos. Uno de ellos sería el placer siempre vinculante al (no) deseo y otro de ellos los juegos de desplazamiento que proyectan conflictos a través del pensamiento rápido. Esto viene a ser algo así como ¿cuánto hay de excitación mientras miras sus obras?

Exclusivamente y de forma rápida de las esculturas que hay dentro de las innumerables iglesias de Roma me quedo con la que preside la tumba de la beata Albertoni. Me es tan eróticamente inmensa que no tendría horas de sueño en toda una vida para repartirme la humedad. Una beata representada en el momento anterior de su muerte ¿os suena lo de sexo y muerte? La beata que prefirió pasar a la eternidad no como benefactora si acaso lo fue, no como lectora si también acaso lo fue si no masturbándose mientras moría. Me arrodillo ante tal hazaña.

Siempre que visito el Prado no puedo irme sin ver el Descendimiento de Van der Weyden. Vuelvo al sexo y a la muerte, al poder de seducción de la destrucción, a esa retórica de la erótica de las mujeres dolientes y sufrientes que aparecen en esta representación. ¿Acaso fue también Ana Mendieta en cierta medida una mujer doliente y sufriente? En la escena que representa Van der Weyden no hay nada natural, todo está forzado incluso hasta el propio soporte fue transformado en formato cruz. Lo único natural que reside es el dolor, un dolor reforzado de erotismo hasta consecuencias ¿límites? María Magdalena era una puta. Una puta que llora y lo hace con mangas rojas. -Una mujer doliente y sufriente como en otra medida lo pudo ser también Ana Mendieta-. María Magdalena y Ana Mendieta son las únicas mujeres que me interesan de todo lo que estoy escribiendo. En el caso de María Magdalena por ser la única mujer del cuadro que parece que hace otra cosa distinta a la que se nos cuenta que hace. En el caso de Mendieta porque fue una artista incómoda y ¿alguien se la quiso quitar de en medio? Lo último no es pregunta.

A todas las molestas nos pasan cosas comunes. Todo el rato y a deshoras.

¿De qué murió María Magdalena?

El teatro que conlleva esta obra sigue siendo vigente en nuestros días. Si no fuese un lienzo y fuese una acción ¿quién hablaría del siglo XV?

En una fiesta de disfraces hace un par de años me disfracé de Rrose Selàvy.
 
Eros. C’est la vie.

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