5.4.14

Dime de qué sospechas y te diré el color de tu baldosa

Para Bourriaud el término autorx cobra un nuevo sentido en el siglo XXI creamos a partir de las ideas de otrxs. Deleuze y Guattari ya habían planteado que el conocimiento se produce de forma rizomática. Bourriaud en su libro de 2009 me convence sobre la idea de que es impensable crear algo de la nada.  Y si tengo en cuenta esto debo nombrar a Augué  y sus no lugares como propósito inmediato de la contemporaneidad y de la etnología de la soledad.

El otro día hablaba con R. sobre el concepto de originalidad, de idea propia, sobre el rol de lxs artistas en la actualidad. Aún hay muchxs románticxs renancentistas. Muchxs aún siguen persiguiendo ese estado catártico de crear cosas, objetos únicos. Todo un sinsentido. Buscar la genialidad en nuestro mundo hipertecnificado es en sí mismo un suicidio creativo.

Díganselo a lxs creativxs de muchos de los videoclips de madonna, lady gaga o Miley Cyrus por poner un ejemplo. O a Jeff Koons, Damien Hirst, los hermanos Chapman o Jeff Wall por poner otro ejemplo.

Cuando creamos lo hacemos ya a partir de un input, tomamos de nuestra mochila, bebemos de lo que somos, nada surge de la nada por arte de magia, lo reconectamos con otra cosa, con otra idea(s) y así lo original deja de tener su sentido.

No es copiar. Es generar a partir de. Es abismo.

Nos aferramos al románico porque queremos ver piedra. Queremos sentir eternidad. Y en este mundo de incertezas quien necesita de tan solo una piedra.

Pensé entonces en cómo nos hacemos con esas relaciones. Y pensé en 4 películas que de alguna forma están siempre muy presentes cuando trato de usar el cine como una estrategia metodológica sobre la multiplicidad interpretativa.  Podría haberlo hecho con otros soportes pero hoy pienso en cine. Y pienso en el poder del inconsciente como aprendí de Ellsworth para generar un relato visual trazando un hilo conductor sobre las obsesiones  y como estas no representan la realidad sino que la construyen.

Todas las vi en mi época universitaria. No he vuelto a ver ninguna de ellas. Guardo por lo tanto recuerdos imprecisos aunque alguna escena la tengo tatuada en alguna lámina nerviosa del cortex.

Todas las vi sola.

Todas son dramas.

Todas están dirigidas por hombres.

En todas hay cierta monotonía en su argumento.

En todas hay personajes excesivos, maniáticos, obsesivos, deformes, grandilocuentes, en todas hay situaciones límites.

Todas rezuman sexo, muerte y destrucción.

En todas están presentes las relaciones asimétricas del poder.

En todas hay un desarrollo extraordinario de los sentimientos reprimidos.

Todas son Freud. Alguna Foucault. Y por momentos Derrida.

Todas me pusieron cachonda

Todas tienen trampa.

Ninguna es una historia de amor aunque quieren hacerte creer que lo son. Son historias que hablan de personas castradas por el contexto, son historias obsesivas, puede ser entonces, historias que hablan del amor desde los márgenes.

De cualquiera de ellas se diría que sus personajes están enfermxs o son delirantes.

En ninguna de ellas solté ni una lágrima

Si ahora sacamos Calígula del análisis. Las tres protagonistas ostentan comportamientos ilícitos que la sociedad considera masculinos como ver porno, proponer preferencias sexuales, masturbarse y ser sujetos activos. No me resulta determinantes las causas pero sí los efectos.

Las tres son un desfile de errores, frustraciones, dolores, obsesiones permanentes y duraderas, en todas ellas hay violaciones.

El vínculo que las une a todas es cómo se genera, se desarrollan y finalizan estos dramas interpersonales en contextos patriarcales, heterosexuales y en sociedades que marginan y ridiculizan los ¿excesos sexuales? demonizándolos de la mano de la enfermedad.

 




 

No hay comentarios:

Publicar un comentario