18.6.14

Sentido colectivo de propiedad del cuerpo


Año 2008. Para el proyecto de fin de carrera de Bellas Artes en la Universidad de Yale, Aliza Shvarts se inseminó artificialmente una vez al mes durante 9 meses y tomo abortivos cuando se aproximaba la fecha de su período, con el fin de producir una narrativa sobre la experiencia, así como una instalación de vídeo en la que aparecía sangrando en una taza y mostraba restos de sus períodos inducidos. Nunca se sometió a una prueba de embarazo, no hay constancia de que hubiera logrado fertilizar un óvulo, haya estado embarazada o hay abortado un embrión. La posibilidad biológica de existencia de embarazo se deja abierta para traer a primer plan las inversiones ideológicas en términos legales y médicos del cuerpo de la artista como el marco más fiable para extraer la “verdad” de la obra. La “verdad” de la obra reside en cómo elige el público interpretar la historia de Shvarts.

Varios sitios de facebook recogen campañas de odio contra Shvarts, periódicos de todo el país han recibido pilas de cartas y correos electrónicos en respuesta a la cobertura de la historia y se ha convertido en noticia del arte como oportunidad para alardear sobre el estado del arte de la representación.

Sorprendentemente, teniendo en cuenta su apoyo a la distribución de la píldora del día después sin receta médica y la facilitación de aborto a demanda para las estudiantes, la Universidad de Yale no respaldó el proyecto de Shvarts. Redefinieron su acción como “ficticia” A su entender la estudiante nunca estuvo embarazada y jamás abortó.
“De haber sido reales estos actos- explicaba la portavoz de la universidad -habrían infringido normas éticas básicas y planteado graves problemas de salud mental y física”
Entonces los administradores de la universidad amenazaron con impedir la difusión del trabajo a menos que la artista confesara por escrito que la exhibición era una obra ficticia.
Robert Storr decano de la facultad de bellas artes de Yale, reiteró la posición de la institución cuando manifestó: “Esto no es un proyecto aceptable en una comunidad donde las consecuencias van más allá de la persona que inicia el proyecto e incluso pueden poner en peligro a dicha persona”.
Shvarts se negó a firmar cualquier renuncia de responsabilidad sobre las descripciones de la acción y se le prohibió presentar cualquier aspecto en este sentido en su defensa de tesis final. A día de hoy, el proyecto está sin título y sin exhibir; sólo existen las historias que se cuentan al respecto, incluida esta.

Los registros públicos que se tienen del proyectos son ambiguos en cuanto si Shvarts realmente vivió el proceso que describe; en parte porque el proyecto se interrumpió y ni siquiera sabemos cómo hubiese presentando Shvarts la documentación de la representación. Yo decidí ignorar la cuestión de “qué ocurrió realmente” para centrarme en lo que sí ocurrió: la condena casi unánime de la iniciativa al completo.

Para los sectores más críticos ofendidos con el proyecto por la idea de aborto y porque todo fuera un montaje les obsesionaba la pregunta ¿llegó a estar embarazada Aliza Shvarts? En este punto el proyecto teatralizaba una parte característica de las compañeras heterosexuales activas de Shvarts que no utilizaban medios anticonceptivos: la incertidumbre todos los meses, la búsqueda de indicios de embarazo, conversaciones sobre el té de salvia. Para Shvarts, la cuestión de si alguna vez estuvo embarazada o no nunca tuvo relevancia: lo importante era explorar el camino discursivo en torno al sexo y la reproducción y, en particular, llamar la atención sobre el extraño estado de la artista como autora en el contexto de la representación, donde el cuerpo femenino está implicado.



Texto literal tomado del ensayo Chicas, interrumpido: Feminismo queer, arte y aborto de Jennifer Doyle.

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