13.10.14

1994 el vestido del último fin de semana de agosto


Recuerdo aquélla risa. Aquéllos paseos por la playa. Aquél verano en el sur. ¿te conté que nunca he vuelto a aquéllas playas?

Recuerdo escuchar una y otra vez Eye in the sky the alan parsons proyect en aquél verano de 1994. Sonaba en tu bar. Sonaba cuando estabas tú. Yo luego la escuchaba porque me recordaba a ti, a ese verano, a esa barra en la que servías cervezas y sonrisas. Me costó muchísimo hacerme con esa canción. Antes no era ahora. Desde luego.

Recuerdo, sí,  tu risa. Y también la mía. Recuerdo que la risa a veces terminaba en abrazos. Y ya por aquélla época prefería los abrazos a los besos.

Recuerdo cuando tan solo un roce por muy pequeño que este fuese me bastaba para mojarme las bragas.

Me recuerdo bailando en aquélla sala. Con aquélla luz de atardecer mediterráneo. Escuchándote con ese acento. Era la primera vez que tomaba cerveza. A la segunda me emborraché y reía. Tú me hablabas de él y yo solo pensaba en ti. Qué típico.

Es esa época en la que sentía dominar mis miedos porque no los conocía realmente. En la que no me importaba nada-bueno ahora tampoco- y vivía los días tan intensamente que las noches eran solo para bailar.

Era esa época en la que pensaba que podría vivir eternamente dentro de mi armario.

Solo coincidimos dos veranos. Yo no volví nunca y me he preguntado todos los demás veranos desde esa fecha si tú volviste allí una y otra vez, una y otra vez, si te enamoraste en esos veranos en ese mar y sobre todo pienso en que nunca te dije que estaba enamorada de ti. Y no te lo dije a ti ni a ninguna otra de las que siguieron después de ti. Para que ocurriese eso tuvieron que pasar muchos años y experiencias por mí.

Recuerdo el vestido que llevabas la última noche del último fin de semana de agosto. Te morirías de risa si supieses que me suelo acordar de las cosas banales. Pero estoy tranquila porque nunca lo sabrás. Yo sería como una dectective que haría solo el trabajo de recordar visualmente la escena de un crimen. Cada detalle, cada minúsculo detalle sería almacenado en mi cabeza. La fotografía me quitó el trabajo.

Y ahora pienso en si alguna vez nos hemos cruzado por alguna ciudad y no nos hemos reconocido. Siempre tiendo a pensar que no voy a reconocer a las mujeres que me importan y no viven en mi ciudad.  Siempre pienso además en el abandono. Curiosamente soy yo la que abandona. Pero esto por supuesto tiene una sencilla explicación.

Recuerdo muchas cosas de ti y de mí de esos veranos. Nunca más he vuelto al sur de esa forma. En realidad nunca he vuelto. No me perdonarías tal vez que después de tanto recordar no consiga evocar tu nombre pero al menos tengo presente tu mote.

¿dónde estarás? ¿qué harás? Me pregunto cómo será tu vida y si serás feliz. Y me siento tan hipócrita como antes. A pesar de todo nada importante en mí ha cambiado. A parte de abrir la puerta de aquél maldito armario.

Hay vidas que se cruzan y recuerdos que se aplican a la piel como tatuajes.

Forever Young se convirtió en nuestra canción en esa época en las que sólo teníamos 17 años.  Qué paradoja temporal. Si no era a los 17 no sería nunca.

Forever Young fue esa canción mantra que me ponía antes de hacer un examen en mi época universitaria. ¿Recuerdas aquélla tarde en la que te dije que haría bellas artes? Recuerdo que me dijiste que tú nunca serías universitaria. Y qué bien hiciste si finalmente lo cumpliste. Y una piensa en cómo relaciona los buenos momentos, con el despertar sexual y ¿la suerte? antes de un examen que es como el preludio antes de algo nefasto Esa suerte de desperfectos en la que una imagina y olvida. En realidad no soy tan diferente a cuando tenía 17 solo que ahora me disfrazo. A partir de los 17 comencé a torturarme de forma consciente. La política me llegó a partir de los 23. Y el rechazo fue total rondando los 26. Para los 30 estaba agotada y perjudicialmente afectada. No digo que irrecuperable pero lo suficientemente herida como para llorar todos los martes por la tarde.

A partir de los 30 sufro insomnio. Y lxs mosntruxs son mis noches.

Y recuerdo todo esto porque la mente es selectiva. Y mientras caminaba el otro día por la calle de la ventanilla bajada de un coche sonaba eye in the sky y a mi lado cruzando la calle pasaba una chica que me recordó a ti. Todo en el mismo segundo. ¿fue simplemente la canción la que me evocó tu presencia? O  ¿son las casualidades de la vida las que te referencian el recuerdo?

Probablemente nunca vuelva a saber de ti.

Han pasado 20 años.

Aún así lo mejor de los recuerdos es que permanecen congelados. Vivos pero congelados. Vivos pero congelados. Vivos pero congelados. Vivos pero congelados. Vivos pero congelados.

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