17.12.14

monstruo ctónico femenino

La contemplación prohibida: Las artistas y el desnudo masculino a fines del siglo XIX en Francia. Tamar Garb.


…pero el desasosiego que provocaba la perspectiva de una mujer viendo el cuerpo de un hombre desnudo seguramente está basado en algo más que la protección de la castidad femenina requerida para su intercambio y circulación de acuerdo a los intereses de la familia burguesa. En todo caso, incluso si esto yace en el corazón mismo del orden social, no es principalmente la protección de las mujeres y su modestia lo que está en juego aquí, sino la preservación de la masculinidad tal como es vivida en las diferentes esferas sociales. Discursivamente, esto podría, desde luego, hacerse pasar como benéfico para las mujeres.

…el foco de inquietud de la historia se centra en las problemáticas del mirar y la vista, porque es por  medio de ellas que le poder se codifica o se subvierte. Es mediante la usurpación de una mirada culturalmente prohibida que la contemplación, la cual supervisa el mirar, se ve momentáneamente amenazada y se presenta vulnerable. Pero no sólo la mirada de la mujer es potencialmente peligrosa. En la percepción del hombre de la mujer que mira reside una amenaza más profunda, puesto que mediante el descubrimiento de la castración-ligada aquí, como en el caso de la cabeza de Medusa, “a la vista de algo” para citar a Freud-la masculinidad está potencialmente en riesgo. El efecto del poder de Medusa, su “funesta mirada” es que no sólo mata o devora, sino que también ciega.

Freud. Medusa’s head (1940/1922) T. de Lauretis, Alice doesn’t. 1984.




Medusa. Caravaggio.



…¿qué contemplaciones prohibidas están aquí en juego? Por un lado, la historia debe contener y vigilar la sexualidad femenina, reinscribirla como carencia, y subordinarla al deseo masculino para que el orden se mantenga.

…para mitigar la ansiedad de castración, la virilidad masculina debe afirmarse. ….la masculinidad necesita erección como reafirmación. El arte requiere la oclusión o disminución del pene para que el orden fálico permanezca intacto. Cuando las mujeres finalmente fueron admitidas en la Ecole en 1897, tras haber sido obligadas por algunos futuros colegas a irse de la escuela con gritos de “¡Abajo las mujeres!”, los talleres seguían cerrados para ellas, y las lecciones de dibujo natural y anatomía se impartían por separado, con modelos cuidadosamente metidos en sus muy desacreditados calzoncillos.

Las mujeres artistas tendrían un deterioro de sus capacidades reproductoras, resultado inevitable de una estimulación mental excesiva.

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