12.8.15

2,62839289 meses


Y como le dijo Axun a Maite “Cuando estoy contigo es cuando más me siento yo”


No suelo recomendar películas ni libros ni lugares ni canciones ni olores.

Pero hoy tengo que hacer una excepción.

80 egunean es una de las mejores películas que he visto en los últimos años e igual me quedo corta.

Para delicia de E. la película está rodada en euskera. Solo se puede ver en versión original subtitulada lo cual es un punto fuerte.

Una película extremadamente valiente, muy poderosa y tierna (creo que es de las primeras veces que escribo en este blog esta palabra) que cuenta el (re)encuentro de dos mujeres que tras verse de forma fortuita después de 50 años no “pueden” separarse de nuevo.

Una historia de cómo lo cotidiano y lo anecdótico va tejiendo una urdiembre donde se tensa de manera arriesgada la homosexualidad ¿contenida? entre dos mujeres de 70 años teniendo como escenario el medio rural. Toma ya!!!

Una historia atípica, ¿quién puede nombrar otra película en la misma línea?, que basa su poder magnético en lo minucioso para señalar a toda una generación, a la que pertenece mismamente mi propia madre, y de la que todas podemos conocer a alguien bien cercano.

Una historia que araña, que duele, que rasga y escuece. Y que contiene chispazos de humor sabiamente injertados.

Una película que AL FIN presume acertadamente de huir de la fácil sensiblería y del dramatismo barato que suelen acompañar a la gran mayoría de películas que tocan el tema de las relaciones lésbicas.

He de confesar que el final me dejó con el corazón en un puño aun siendo un final abierto salí de la sala con más ganas de llorar que de comentar.

Y esto me demuestra que cuando se quiere, en este país, se hace buen cine. Buen cine que por supuesto ha pasado por las carteleras españolas sin pena ni gloria. Y eso dice mucho también de la cultura que consumimos. Esta película debería verse en institutos, centros cívicos, asociaciones, en cines comerciales y hasta en un camping con pantalla al aire libre.

Una pequeña crítica que haría tendría que ver con la “idealizada” vida que se proyecta en torno a Maite, una de las protas, y todo lo que la circunda, es la lesbiana independiente a la que se le atribuye cierto estatus con vida desahogada y libertad in extremis por el hecho de serlo. Hay ciertos estereotipos pero aun así el conjunto es de matrícula de honor.

Y algo que me da bastante rabia es que tanto el guion de la película como su dirección son de dos directores. ¿Cuándo algo así o mejor de una bollo-directora? ¿Será tan difícil?

Y es que…me he quedado con muchas ganas de hacer cine forum ¿alguien más la ha visto?

5.8.15

Mi familia de elección

Vivo agarrada a la tesis "la familia lesboparental: reinvención de la familia" de Silvia Donoso López y me pregunto una vez más que sería de mí sin estos tesoros.


Todas las relaciones de parentesco son de alguna manera ficticias, es decir significativamente construidas, los genes y la sangre constituyen símbolos que implican una forma cultural específica de demarcar y calcular las relaciones. Asentar el parentesco en el amor, en la dimensión social de las relaciones, dejaría de enfatizar la distinción entre relaciones eróticas y no eróticas, y permitiría englobar amigas y amigos, amantes y ex-amantes, e hijas e hijos, juntos, bajo un único concepto. 


Lejos del simbolismo biogenético utilizado para priorizar relaciones en las sociedades occidentales, en el marco electivo que constituyen las familias creadas por lesbianas y gays, las familias de elección (families we choose), utilizando el término acuñado por Weston (1991), la conexión biogenética aparece como una opción equiparable a la adopción o las relaciones fundamentadas en lazos sociales y afectivos. El compromiso emocional y social está por encima de los lazos genéticos y la conexión biológica debe incorporar la conexión social para constituir parentesco. Como señala Weston (1991: 105.106, 189), con el replanteamiento de los materiales simbólicos familiares en el contexto de las relaciones no-procreativas, lesbianas y gays han formulado una crítica del parentesco euro-americano que pone en cuestión los supuestos sobre la importancia de la biología, la genética y el coito heterosexual en nuestra significación de familia. Desde esta lógica, las familias de elección no pueden ser interpretadas tomando las relaciones de sangre como punto de partida, ya que no constituirían una derivación de las mismas sino una transformación en las relaciones de parentesco que cuestiona su base simbólica. Esta transformación iría más allá al romper no sólo con la necesaria diferencia de sexo sino con el mandato patriarcal de la jerarquía de sexos. 

Las familias creadas por lesbianas y gays, liberadas del confinamiento de una estructura y contenidos particulares, no sólo han modificado las formas de convivencia sino también las relaciones que se configuran en su seno, permitiendo dar respuesta a las necesidades, deseos y proyectos individuales. Estas familias, creadas a partir de la elección, se asientan en las emociones y los sentimientos, el amor, la solidaridad y el libre compromiso entre las personas que las integran. El desarrollo de relaciones democráticas e igualitarias parecería ser una norma dominante en las relaciones de lesbianas y gays, conformando relaciones que Giddens (1991) definió como “relaciones puras”, relaciones en las que la confianza no tiene soportes externos y deben desarrollarse sobre la base de la intimidad. Es el amor confluente frente al amor romántico. El amor confluente, nos dice Giddens (1995:63-64), es contingente, activos, sin garantía de permanencia; presupone la igualdad en la reciprocidad emocional y no incorpora los supuestos sobre el género, el poder, la monogamia y el compromiso que caracteriza el amor romántico. 


A veces según voy leyendo me paro en una frase, o en un párrafo, y literalmente no puedo continuar. Pienso, me encojo, me arrugo, me intereso por las negociaciones que me afectan, mis conflictos y mis contradiciones, y es entonces cuando me siento incoheremente más sola que nunca, entonces, sucede que me recompongo y retomo la lectura como prácticamente mi única tabla de salvación. 

27.7.15

la tarde

Abría la libreta verde  una y otra vez solo para tomar garabatos sin ningún tipo de orden. Mientras esto sucedía metía con cierto ralentí mi dedo corazón en el bote de la crema de cacao. Lo subía y lo hundía. Rara vez me lo chupaba.
Miraba por la ventana como la vecina regaba 2 plantas en la ventana. La vecina se había hecho un tatuaje en el cuello y yo la quería gritar muy fuerte y prolongado estúpida pero solo podía tocarme por dentro de la braga mientras eso sucedía.
Se me ocurrió cortarle las patas a una de las sillas del salón y tenía tres formas de hacerlo y cuatro utensilios para llevarlo a cabo. A la vez puse 2 empanadillas de bonito caseras a freír. Y todo me parecía tan normal. Era mi tarde libre.

6.7.15

Cómo pintar un buen bodegón sin utensilios domésticos.


Me senté en aquella silla donde lo había hecho otras tantas veces en períodos no correlativos. Dejé el bolso en el suelo y me crucé la pierna izquierda sobre la derecha. Observé todos los objetos que había encima de la mesa con la idea de memorizar a posteriori cualquier indicio de confusión.  Luego me di cuenta que la persiana estaba medianamente bajada a diferencia de otras tardes. En la estantería tal y como le había sugerido ahora había varios libros sobre la segunda guerra mundial pero ningún título del que yo le hablé.

Comencé a conversar de una manera bastante torpe y espesa.

La verdad es que a mí nunca me ha interesado el sexo -Y ella comenzó a tomar nota de todo lo que yo iba diciendo- No soy muy sexual que digamos. No sé si es la edad o que realmente me he dado cuenta que el sexo no es interesante por sí mismo. Y, bueno, esto no es que lo haya descubierto ahora, quédese con ello claro, si no que ahora es cuando lo reconozco. Me gusta la excitación, eso sí, por la sencilla razón que me cuesta mucho conseguirla. A veces tengo que recurrir a tácticas que usted misma me ha reconocido como retorcidas y otras tantas a pensar en detalles que para usted misma pudieran pasar desapercibidos, o que fueran demasiado tontos, o tal vez inexplicables para pensar que una pudiera excitarse.

Empecé follando con hombres todos muy machos- muy heterosexuales y qué quiere que le diga. Para mí el sexo era una especie de entretenimiento aburrido. Ahora en la distancia veo que viví las típicas relaciones unidireccionales donde ellos se crecen y una no encuentra la salida de emergencia porque no tiene las gafas puestas. No sé si me entiende. Básicamente y a modo de resumen le diré que yo estaba muy interesada en la penetración pero no en la mía sino en la de ellos. De todas salí como diría mi madre como el rosario de la aurora, menos con uno, con el que no tenía sexo básicamente y cuando lo teníamos solo fumábamos y bebíamos, el resto evidentemente era impedimento.

Con las mujeres me relajé. Y me relajé básicamente porque aquí hablamos de locura, de orificios disponibles y de relaciones mucho más consensuadas. Podría hablarle de muchas cosas pero creo que esto tampoco es lo que exactamente quiere saber de mí. Podría hablarle de cómo un hombro pasó a ser potencialmente mi objeto sexual, o cómo sus brazos llenos de venas me excitaban o tal vez cómo me gustaba frotar mi clítoris sobre su barbilla o cómo era correrse en su rodilla. Fue también la época versátil de dildos ocupando cualquier cavidad con hueso o libre de hueso ¿me sigue? guardados en la mesita de noche, dildos que yo nunca usaba con ellas sino que todas usaban conmigo de forma consentida ¿encuentra la diferencia?

Y ahora después de varias décadas puedo decir que el sexo como yo lo he entendido no me ha interesado. Más allá de lo que te acabo de comentar de forma general y que tú ya sabías de otras sesiones, he usado la masturbación para liberar tensiones. Tensiones de todo tipo, si tuvieses ansiedad, maldita sea, tal vez sabrías de qué mierda le estoy hablando pero no, yo todo esto te lo tengo que contar. Y mira que ahora no me importa, pero no te creas, piensa que mañana puedo desdecirme. Sí, ya sé que con eso también cuentas. Tensiones antes de la menstruación o tensiones diarias, estúpidas tiranteces de la vida común. Me masturbo para que todo fluya dentro de mí, y cuando digo esto apunta que es dentro de mi cabeza no de mi coño.

¿Empoderamiento? Si jajajajaaa, eso es justo lo que busco, la que no te aclaras eres tú, emergiéndome una voz como desde dentro de las entrañas, con rabia de dos días.

Podría mantener contigo si tú quisieras y dejases de interrogarme una conversación altamente excitante (el tema puede ser cualquiera incluso si son cuestiones banales mejor que mejor) ni siquiera tendríamos que rozarnos y yo finalmente me iría a mi casa exultantemente relajada. Apunte, apunte en su libreta, le estoy hablando de una conversación no de un monólogo como este, un par de copas y saber que tal vez nunca nos acostaríamos para follar juntas. Eso sería para mí una noche perfecta. Tienes mi teléfono.

Podríamos irnos a tu casa y que tú me leyeses algo de tu libro favorito o ni tal vez eso… que igual te pondrías nerviosa, algo para leer que encontrásemos de forma fortuita si ninguna necesidad más que leer en voz alta. Tal vez también podríamos estar en silencio y completamente desnudas pero ni aun así tendría la más mínima intención de tocarte. Tampoco quiero que tú te acerques a mí. Básicamente sería para mí otro plan altamente excitante. ¿Has estado con alguien en silencio, de frente, mirándoos a los ojos? ¿Cuánto tiempo has aguantado? En eso radica mi deseo actualmente.

Como te he dicho y me reafirmo no me interesa nada más. En alguna ocasión he tenido muchas ganas de tirarme a alguna chica que acabo de conocer o a alguna amiga o alguna vecina, es decir, a alguien que conoces mucho pero no en el terreno sexual. Pero a continuación he pensado en que perdería automáticamente el interés, es mejor, así. No sexo.

Media hora después como todas las veces me entregaste de forma mecánica el informe. Me dedicaste cinco escasos minutos a decirme lo que pensabas nuevamente sobre mis neurosis y literalmente me echabas abriéndome la puerta. Yo, descruzaba la pierna izquierda sobre la derecha, tomaba de nuevo mi bolso del suelo y te estrechaba la mano en un acto de inmediata concordia. Gracias por la escucha solía decirte mirándote fijamente a los labios.  Y volvía a recomendarte, según salía por la puerta, otro título sobre la segunda guerra mundial con la suma paciencia de saber que volverías a olvidarte.

Luego al bajar las escaleras y pasar por tu buzón te dejaba tres notas. En una de ellas siempre aparecía la palabra NO, en la otra el nombre de una fruta de temporada y en la tercera una dirección con 3 maneras de llegar.

27.4.15

23 días


Aquélla era su cama. Y el lugar donde yo me encontraba su cuarto. No era muy grande y tampoco era acogedor pero allí estaba su cama. A mí me daba morbo estar allí porque lo que yo deseaba era ver, estar y oler las sábanas de su cama. Yo había dormido con ella en muchas otras camas pero ninguna de esas otras camas eran nuestra cama. Ahora, delante de mí, se encontraba su guarida, el lugar dónde ella residía normalmente, ese lugar que ante mí se me abría como el más maldito de los deseos.
En aquélla cama dormía con su marido. Cuando empezamos a follarnos ella le había pedido a él un tiempo para pensar y él se había ido de casa. En todo ese tiempo, mientras ella pensaba, nos habíamos visto muchas veces. Siempre en ciudades distintas y siempre en hoteles. Lo primero que hacíamos era buscarnos en la estación de tren o de bus y con toda la prisa llegábamos al hotel, lanzábamos las maletas contra el suelo y nos desnudábamos arrancándonos la ropa para acabar dentro/fuera de las sábanas corriéndonos cada media hora. Yo no había experimentado la concatenación de orgasmos y delirios hasta ese momento con ella. A veces, y solo mientras duró aquélla época antes de dormirme me tomaba una cerveza y luego solía fumarme un cigarrillo asomada a la ventana.
Normalmente entre una y otra visita entre nosotras transcurrían 23 días. Y se hacían tan largos como el hecho de contar de cada minuto los segundos que tienen 12 horas de forma obsesiva.
Y un día me invitó a su ciudad, a su casa y a su cama. Yo tomé un vuelo a la semana siguiente, en cuanto pude. Mi ciudad y la suya tan solo estaban a una hora en avión con lo que tampoco me dio tiempo a pensar mucho mientras volaba. Ni siquiera tuve que ir al baño a masturbarme para estar más tranquila, estuve sentada todo el rato mientras duró el trayecto.
Después de mirar su cama, abrí todos los cajones de su cómoda en un acto casi infantil del que después me arrepentí. Luego me senté en la cama, en el lado izquierdo y debajo de la almohada vi su pijama. Me imaginé mientras estaba allí sentada a ella y a su marido haciendo el amor y luego dándose las buenas noches. Pese a que la idea me repugnó a su manera, en la otra de las maneras estaba descontrolada por estar en su mundo, por respirar su olor, por ver su cotidianidad y habitar sus objetos. Esto era lo más excitante que había encontrado en muchos años.
Deseaba estar con ella en su cama, en su propia cama y follarnos en ese espacio tan ajeno a mí, tan oscuro, tan decadente y tan apetecible. No había nada que me excitase más aquél día, aquélla noche, y en aquélla casa. Lo cierto es que no pude. No pude correrme ni una sola vez. Ni siquiera rescatando de mi cabeza todo tipo de escenas pornográficas que guardo para días en apuros,  ni siquiera repasando una y otra vez esa historia que sin ser erótica me pone, ni siquiera pidiéndole que me hablase con su voz grave cerca del oído.
Lo cierto es que no pude. Como me ha pasado tantas veces. Como me suele pasar casi siempre. Y es entonces cuanto tengo que imaginarme historias, tengo que rellenar con frases, palabras e imágenes el vacío que me provoca ese aire que nunca sé calcular entre tú y yo. Y mira que ya han pasado más de 23 días.
El deseo es un ambicioso proyecto que pende de tres hilos dos de ellos deshilachados.

21.2.15

Un fénix en mi ventana


Nunca había sentido en mí la falta de luz y lo que ello me provocaría.

Aquélla mañana cuando abrí el grifo de la ducha dejando que el agua corriese de forma abundante, mientras tomaba el bote del champú, sentí como la piel se me desprendía y caía en forma de escamas contra el suelo de la bañera. No era doloroso pero me extrañé sin alarmarme demasiado.

Tan solo un tiempo después estaba prácticamente sin piel. Mis uñas cortas resaltaban en los dedos por primera vez en todos estos años.

Cuando me toqué la cabeza me quedé con un mechón de pelo y luego con otro, y otro más, así hasta que ningún pelo quedó sobre ella. Piel y pelo bailaban una danza inquieta sobre el piso de la bañera como si de un ritual macabro se tratase.

Cuando cerré el grifo y me sequé, recogí todos los restos de mí que allí mismo había vertido y los tiré en una bolsa de plástico y más tarde a la basura.

Justo en ese momento el reloj marcaba mediodía. Miré por la ventana. Había salido el sol y varios rayos entraban en mi habitación haciendo que el rojo de la pared pareciese eléctrico.

Me estiré. Me vestí. Me miré tres veces en el espejo. Y salí a pasear.

El suave viento que corría esa mañana acarició mi cara sin piel y yo, yo…sonreí muy profundamente.

16.2.15

the madness or art - - - - - - - - - - - - -

Fui a almorzar; me molesta ser ignorada y me marché corriendo.
Francesca Woodman


En casi todo lo que puedas encontrar sobre ella lees suicidio. Ella se suicidó con 23 años. Suicidio.  Suicidio antes de ser adulta. Se suicidó. Se suicidó Se suicidó Se suicidó Se suicidó. Y parece que así el suicido ocupa más que su vida, más que sus fotografías, más de lo que ella fue e hizo, deshizo y rehizo.

Aprecio contundentemente que el suicidio se convierte para algunxs artistas a título póstumo en una pócima mágica, como un reclamo exitoso para atraer a una audiencia deseosa de chismes. Audiencias deseosas de comentar con cierta impostada tristeza “Oh, pobre loca que se suicidó” y quedarse tan tranquilxs. Lo digo con acritud.

Por supuesto que también unido a suicidio suele aparecer la palabra leyenda para ya cerrar el círculo del culmen morboso.

También se puede encontrar frecuentemente que Francesca Woodman trataba su cuerpo con mucho candor, casi de una forma infantil, de esto se encarga muy bien de comentarlo Victoria Combalía. Ya sabemos todas a estas alturas de la peli que las mujeres que usan su sexualidad como sujetos activos es devuelta ésta siempre, siempre de forma ingenua, con cierta inocencia provocativa además. Porque ellas nunca saben nada ni siquiera hacen uso de su cuerpo, de su sexualidad hasta que un hombre lo hace por ellas, entonces sí, ahí sí, hablamos de fuerza, vigor, hablamos de arte ¿me siguen, no?

Y es que si quieres ser alguien interesante en el campo artístico siendo mujer y quieres que en el futuro hablen de ti, más que de tu obra, debes sufrir y estar enferma como Frida Khalo, pasar desapercibida como Camille Claudel, que tú seas Lee Miller y que tu amante Man Ray te quite delante de tus narices tu descubrimiento sobre la técnica fotográfica de la solarización, quedar literalmente recluida en la locura como Ángeles Santos o tal vez suicidarte como Francesca Woodman.

Francesca Woodman fue una talentosa fotógrafa que retrató una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez su cuerpo desnudo en diversas posiciones con las que podemos construir interesantes relaciones  aludiendo a la historia del arte más legitimada. Utiliza su cuerpo como cuerpo, como objeto, como representación de sus corporales experiencias contextualizadas en viejas casas victorianas y con ese aire que solo proporciona el blanco y el negro. Habla por ella misma no deja que otrxs le hablen, ni escucha solo actúa. El simbolismo, la metáfora y la ironía forman parte de esas arenas movedizas que solo ella sabía congelar en sus imágenes.

Como ya habían mantenido otras artistas como Mendieta, Wike, Goldin, Sherman o Lucas su obra se derrama entre el yo y la representación del cuerpo femenino lleno de vetas por explorar, cuestionar y repensar. Un cuerpo aguerrido de heridas.

Lo que a mí me interesa de sus fotografías es su cuerpo. Su forma de tratarlo, de mostrarlo, de tocarse, de mirarse, de leerse. Me gusta porque su cuerpo es un hipertexto capaz de provocar polifonías. Me gusta porque la imagino realizando sus fotografías, preparando al detalle la escenografía, oteando el lugar, desnudándose, tocándose desafiante al patriarcado, mirando con recelo el resultado y repitiéndolo tal vez una y otra vez, una y otra vez hasta dar con la fotografía “perfecta”.  Básicamente me gusta su fotografía porque me excita de forma violenta.

Me habría encantado ilustrar esta entrada pero no puedo elegir una sola imagen. No he podido Me fascinan todas sin excepción. Me vale con la del perfil que aparece en el blog.

Hace unos meses tuve la suerte de trabajar directamente con una de sus obras. Una tarde estuve media hora sin pestañear mirando la fotografía. Varias veces vinieron a preguntarme si me encontraba bien.

Hay un documental sobre ella que merece la pena ver.



13.2.15

Un estado vital amarillo absenta


Cada mañana el mismo mágico ritual. Me enfundo en un traje entero de cuero negro. El traje hecho a mi medida se pliega en cada parte de mi cuerpo haciéndome ultraligera y flexible. Con el puedo correr, saltar, lanzarme al suelo e incluso si tuviera que arrojarme al agua no tendría problema pues es impermeable. A parte del traje llevo también guantes, botas altas, un cinturón con cientos de posibilidades, una capa ultrafina que me ofrece ciertas funciones  extras y un antifaz, todo ello también de cuero negro. Para darle cierto brío y aspecto de traje con súper poderes le he añadido algunos motivos en rojo que se distribuyen tan solo por el brazo izquierdo a modo de enredadera. Sólo en los días de mucho frío llevo un sombrero de ala ancha. Por supuesto que cuando me pongo el traje, algunas tardes me permito fumar en pipa inglesa, apoyada en alguna esquina con mi apostado aspecto engreído.

Salir todos los días al mundo hetero es realmente complicado. Envidio de una forma irracional a todas aquéllas mujeres no heterosexuales que en algunos foros y redes sociales en los que me meto frecuentemente dicen habitar en cierto gueto donde permanecen de forma feliz.  Tal vez la culpa también la tengan ciertas series lgtb donde imagino mundos de relaciones no heterosexuales que en mi vida diaria no dispongo.  Ya lo decía Mulvey sobre la proyección y la fascinación del cine.

Lo cierto es que yo diariamente tengo que habitar un traje de cuero negro con súper poderes. Un disfraz, una mascarada, todos los días para darme credibilidad y habitar en un mundo escondidamente hostil. Este micro mundo hostil solo está a los ojos de aquéllos habitantes que nos vemos obligadas a enfundarnos en el traje mencionado.

Cada tarde al anochecer, cuando llego a casa, me quito totalmente el disfraz, prenda a prenda, y las voy dejando todas cuidadosamente dobladas encima de una silla, donde permanecerán hasta primera hora de la mañana, que es cuando iniciaré de nuevo el ritual.

De algo tendría que servirme haberme pasado media vida leyendo cómics sobre súper heroínas.

 

21.1.15

M de Mendieta


Cuando alguien nombra a la artista Ana Mendieta suele ser para hablar de su obra, de su trabajo artístico y de cómo trabajó la performance. Pero hablar de Ana Mendieta debería ser hablar de otras cosas. Estoy pensando en los temas de sus obras pero más allá de estos mismos. No suelo escuchar hablar del desarraigo, (no hay que olvidar que ella no se exilió sino que la exiliaron) no suelo escuchar hablar de sus luchas por las minorías latinas en EEUU, por los derechos de las mujeres, por denunciar la violencia machista y por leerse así misma como mujer no blanca en un país de mujeres y hombres blancos de clase media-alta.  ¿cómo esto le afectó en su vida? ¿y en su obra? ¿por qué los libros de texto y todo tipo de medios hablan de su muerte como un suicidio o accidente? ¿por qué no se habla deliberadamente de un asesinato machista?

Muchxs piensan que hablar de la obra de los artistas es más intelectual que hablar de su vida como si acaso obra y vida pudieran separarse, como si acaso una viviese y trabajase de forma colateral con su forma de pensar, vivir, amar, sentir, experimentar de ser activista o de  pasarse los domingos jugando al tenis.

No hay nada más potencialmente peligroso que una mujer con éxito, en este caso en su trayectoria artística, con iniciativa, audacia, inteligente, una mujer que sabe lo que hace y cómo lo hace, en definitiva una mujer luchadora y que cuestiona su mundo, pone patas arriba al patriarcado, al capitalismo, pese a quién le pese. Lo mejor quitarla de en medio ¿verdad Carl Andre?

La muerte de Ana Mendieta sea probablemente un caso más de violencia feroz machista, un asesinato impune con pacto de silencio y misterio alrededor. Yo no creo ni en un accidente ni en un suicidio.

No hablar de su muerte como un asesinato y seguir especulando sobre ello es faltar a sus derechos y a su trabajo. Pero para algunxs el interés de esta artista en tan solo hablar de su obra sin hablar de ella.

A mí me interesan las historias, las vidas, las esperanzas y cómo se forjan, qué se desea, cómo se desea y cómo se desarrolla éso, precisamente, las historias de los deseos. Si no me cuentas nada de eso, probablemente me aburriré eternamente.

“Carl André está en el Guggenheim ¿Dónde está Ana Mendieta?” Se preguntaban mediante pancartas en 1992 las Guerrilla Girls, “¿no estás aburrido de ver una y otra vez la obra de los mismos artistas hombres blancos?” ellas mostraban estas pancartas junto al colectivo de mujeres WAC cuando concluyeron las obras de ampliación del Guggenheim de NY. En ese momento tenía lugar una exposición integrada exclusivamente por hombres entres los cuales estaba Carl Andre.

Carl Andre sigue vivo. Ella NO.

Pero veamos:

Ana Mendieta, mujer, cubana, artista, feminista, activista. Activista, cubana, artista, mujer, feminista. Mantenía discusiones interminables con otras feministas blancas americanas de clase media-alta sobre el trato injusto que ellas mismas les daban a otras mujeres feministas latinoamericanas y a otras minorías.

Ana Mendieta mujer cubana sacada al exilio a los 12 años hacia Iowa junto con su hermana Raquel en lo que llamaron la operación Peter Pan. Nacida en el seno de una familia poderosa, su tío bisabuelo fue Carlos Mendieta presidente de Cuba en 1930. Su padre Ignacio Mendieta fue un abogado con buenas relaciones políticas. Su apellido en la isla estaba enraizado en el nacionalismo cubano.

Ana Mendieta en Iowa vivó en orfelinatos y varias instituciones católicas así como correccionales juveniles. En cuba Ana Mendieta y su hermana Raquel procedentes de una familia rica nunca habían tenido que cuestionar su raza o etnia. Su hermana Raquel, dos años mayor que ella, aseguraba en una entrevista “jamás se nos pasó por la mente que éramos gente de color”. Ni Ana ni Raquel estaban preparadas para el racismo institucional de EEUU.

Hay un artículo maravilloso de Jane Blocker llamad “Tierra” en el cual baso algunas de las partes de esta entrada.

Por ejemplo en una ocasión, cuando su madre putatativa descubrió que le faltaba dinero en el mondero supuso, tal como era de esperar, que las dos niñas lo habían robado. Kaki, la prima de Ana, recuerda la carta que el sacerdote estadounidense envió a su familia en Cuba, diciendo que “la familia que las acogió, con benevolencia y caridad, las ha acusado de robo”. Así se llegó a la conclusión de que para sus tutores estadounidenses las niñas eran “sospechosamente latinas”

El color de las niñas, que era más oscuro que el de la mayoría de los habitantes de Iowa, que eran, sobre todo, descendientes de europeos del norte, las fue haciendo objeto de racismo cada vez con más frecuencia. Raquel cuenta que en el bachillerato, a mediados de los sesenta, fue cuando “sentimos, por primera vez, el racismo de nuestro grupo de compañeros” Relata que Ana recibía llamadas telefónicas anónimas llamándola “Níger” y diciéndole “puta regresáte a Cuba”. Más adelante, Ana Mendieta declaró por la televisión cubana que “como parezco latina, para ellos siempre fui “la putica”.

Raquel (Kaki) Mendieta Costa, “Silhoutte” trad. De David Frye, Michigan Quarterly Review. 1994.

Ana Mendieta “muere” a la edad de 36 años. Su muerte nunca ha sido esclarecida. ¿POR QUÉ? En la gran mayoría de sus biografías suelen referirse al suicidio o a un accidente. Lo cierto es que su marido, el escultor Carl Andre, fue acusado de asesinato. La versión oficial dice que se cayó por la ventana del piso 34 que era donde vivía con su marido en el barrio Greenwich Village o que se suicidó. Los vecinos aseguraban haber escuchado una fuerte discusión entre la pareja y él fue acusado de asesinato, pero no hubo pruebas concluyentes para saber con certeza si se trató de un accidente o de un crimen.

Ana Mendieta trabajó la performance usando todo tipo de materiales, formas y conceptos. Usó tierra, se fusionó con los árboles, habitó esqueletos,  usó su sangre, se puso barba, usó su cuerpo como herramienta transdisciplinar. Una de sus primeras performances son imágenes de su propio cuerpo ensangrentado para el proyecto de 1973, Rape Scene, creado a partir de una violación que sufrió una estudiante de Iowa en la Universidad donde ella estudiaba.

Ana Mendieta, mujer, artista, cubana, negra en Iowa, rica en Cuba, feminista, activista en defensa de las minorías y de los derechos de las mujeres. Una mujer asesinada.

Repito ¿hay algo más peligroso que una mujer que cuestiona el patriarcado capitalista? ¿qué pone en jaque las cuestiones de raza y género? ¿qué tiene éxito profesional?

Su obra, en muchas charlas, libros, está descontextualizada y “separada de sus experiencias vitales” no se suele poner en relación con todo lo que la atravesó en vida, ¿por qué nadie habla de su desarraigo? de sus vínculos, de sus afectos, ella que vivió en el exilio y que se identificó ya en EEUU como mujer de color, mujer-no-blanca.

El artista Kepa Garraza hizo una serie de obras “Fallen angels” sobre artistas suicidas incluyendo a Ana Mendieta entre ellxs. Por la misma razón que él incluye a Mendieta como artista suicida yo tengo derecho a pensar que fue asesinada por su marido, Carl Andre.

¿Dónde está Ana Mendieta?

 

Yo escupiré sobre la obra de Carl Andre.