16.2.15

the madness or art - - - - - - - - - - - - -

Fui a almorzar; me molesta ser ignorada y me marché corriendo.
Francesca Woodman


En casi todo lo que puedas encontrar sobre ella lees suicidio. Ella se suicidó con 23 años. Suicidio.  Suicidio antes de ser adulta. Se suicidó. Se suicidó Se suicidó Se suicidó Se suicidó. Y parece que así el suicido ocupa más que su vida, más que sus fotografías, más de lo que ella fue e hizo, deshizo y rehizo.

Aprecio contundentemente que el suicidio se convierte para algunxs artistas a título póstumo en una pócima mágica, como un reclamo exitoso para atraer a una audiencia deseosa de chismes. Audiencias deseosas de comentar con cierta impostada tristeza “Oh, pobre loca que se suicidó” y quedarse tan tranquilxs. Lo digo con acritud.

Por supuesto que también unido a suicidio suele aparecer la palabra leyenda para ya cerrar el círculo del culmen morboso.

También se puede encontrar frecuentemente que Francesca Woodman trataba su cuerpo con mucho candor, casi de una forma infantil, de esto se encarga muy bien de comentarlo Victoria Combalía. Ya sabemos todas a estas alturas de la peli que las mujeres que usan su sexualidad como sujetos activos es devuelta ésta siempre, siempre de forma ingenua, con cierta inocencia provocativa además. Porque ellas nunca saben nada ni siquiera hacen uso de su cuerpo, de su sexualidad hasta que un hombre lo hace por ellas, entonces sí, ahí sí, hablamos de fuerza, vigor, hablamos de arte ¿me siguen, no?

Y es que si quieres ser alguien interesante en el campo artístico siendo mujer y quieres que en el futuro hablen de ti, más que de tu obra, debes sufrir y estar enferma como Frida Khalo, pasar desapercibida como Camille Claudel, que tú seas Lee Miller y que tu amante Man Ray te quite delante de tus narices tu descubrimiento sobre la técnica fotográfica de la solarización, quedar literalmente recluida en la locura como Ángeles Santos o tal vez suicidarte como Francesca Woodman.

Francesca Woodman fue una talentosa fotógrafa que retrató una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez su cuerpo desnudo en diversas posiciones con las que podemos construir interesantes relaciones  aludiendo a la historia del arte más legitimada. Utiliza su cuerpo como cuerpo, como objeto, como representación de sus corporales experiencias contextualizadas en viejas casas victorianas y con ese aire que solo proporciona el blanco y el negro. Habla por ella misma no deja que otrxs le hablen, ni escucha solo actúa. El simbolismo, la metáfora y la ironía forman parte de esas arenas movedizas que solo ella sabía congelar en sus imágenes.

Como ya habían mantenido otras artistas como Mendieta, Wike, Goldin, Sherman o Lucas su obra se derrama entre el yo y la representación del cuerpo femenino lleno de vetas por explorar, cuestionar y repensar. Un cuerpo aguerrido de heridas.

Lo que a mí me interesa de sus fotografías es su cuerpo. Su forma de tratarlo, de mostrarlo, de tocarse, de mirarse, de leerse. Me gusta porque su cuerpo es un hipertexto capaz de provocar polifonías. Me gusta porque la imagino realizando sus fotografías, preparando al detalle la escenografía, oteando el lugar, desnudándose, tocándose desafiante al patriarcado, mirando con recelo el resultado y repitiéndolo tal vez una y otra vez, una y otra vez hasta dar con la fotografía “perfecta”.  Básicamente me gusta su fotografía porque me excita de forma violenta.

Me habría encantado ilustrar esta entrada pero no puedo elegir una sola imagen. No he podido Me fascinan todas sin excepción. Me vale con la del perfil que aparece en el blog.

Hace unos meses tuve la suerte de trabajar directamente con una de sus obras. Una tarde estuve media hora sin pestañear mirando la fotografía. Varias veces vinieron a preguntarme si me encontraba bien.

Hay un documental sobre ella que merece la pena ver.



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