13.2.15

Un estado vital amarillo absenta


Cada mañana el mismo mágico ritual. Me enfundo en un traje entero de cuero negro. El traje hecho a mi medida se pliega en cada parte de mi cuerpo haciéndome ultraligera y flexible. Con el puedo correr, saltar, lanzarme al suelo e incluso si tuviera que arrojarme al agua no tendría problema pues es impermeable. A parte del traje llevo también guantes, botas altas, un cinturón con cientos de posibilidades, una capa ultrafina que me ofrece ciertas funciones  extras y un antifaz, todo ello también de cuero negro. Para darle cierto brío y aspecto de traje con súper poderes le he añadido algunos motivos en rojo que se distribuyen tan solo por el brazo izquierdo a modo de enredadera. Sólo en los días de mucho frío llevo un sombrero de ala ancha. Por supuesto que cuando me pongo el traje, algunas tardes me permito fumar en pipa inglesa, apoyada en alguna esquina con mi apostado aspecto engreído.

Salir todos los días al mundo hetero es realmente complicado. Envidio de una forma irracional a todas aquéllas mujeres no heterosexuales que en algunos foros y redes sociales en los que me meto frecuentemente dicen habitar en cierto gueto donde permanecen de forma feliz.  Tal vez la culpa también la tengan ciertas series lgtb donde imagino mundos de relaciones no heterosexuales que en mi vida diaria no dispongo.  Ya lo decía Mulvey sobre la proyección y la fascinación del cine.

Lo cierto es que yo diariamente tengo que habitar un traje de cuero negro con súper poderes. Un disfraz, una mascarada, todos los días para darme credibilidad y habitar en un mundo escondidamente hostil. Este micro mundo hostil solo está a los ojos de aquéllos habitantes que nos vemos obligadas a enfundarnos en el traje mencionado.

Cada tarde al anochecer, cuando llego a casa, me quito totalmente el disfraz, prenda a prenda, y las voy dejando todas cuidadosamente dobladas encima de una silla, donde permanecerán hasta primera hora de la mañana, que es cuando iniciaré de nuevo el ritual.

De algo tendría que servirme haberme pasado media vida leyendo cómics sobre súper heroínas.

 

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