6.7.15

Cómo pintar un buen bodegón sin utensilios domésticos.


Me senté en aquella silla donde lo había hecho otras tantas veces en períodos no correlativos. Dejé el bolso en el suelo y me crucé la pierna izquierda sobre la derecha. Observé todos los objetos que había encima de la mesa con la idea de memorizar a posteriori cualquier indicio de confusión.  Luego me di cuenta que la persiana estaba medianamente bajada a diferencia de otras tardes. En la estantería tal y como le había sugerido ahora había varios libros sobre la segunda guerra mundial pero ningún título del que yo le hablé.

Comencé a conversar de una manera bastante torpe y espesa.

La verdad es que a mí nunca me ha interesado el sexo -Y ella comenzó a tomar nota de todo lo que yo iba diciendo- No soy muy sexual que digamos. No sé si es la edad o que realmente me he dado cuenta que el sexo no es interesante por sí mismo. Y, bueno, esto no es que lo haya descubierto ahora, quédese con ello claro, si no que ahora es cuando lo reconozco. Me gusta la excitación, eso sí, por la sencilla razón que me cuesta mucho conseguirla. A veces tengo que recurrir a tácticas que usted misma me ha reconocido como retorcidas y otras tantas a pensar en detalles que para usted misma pudieran pasar desapercibidos, o que fueran demasiado tontos, o tal vez inexplicables para pensar que una pudiera excitarse.

Empecé follando con hombres todos muy machos- muy heterosexuales y qué quiere que le diga. Para mí el sexo era una especie de entretenimiento aburrido. Ahora en la distancia veo que viví las típicas relaciones unidireccionales donde ellos se crecen y una no encuentra la salida de emergencia porque no tiene las gafas puestas. No sé si me entiende. Básicamente y a modo de resumen le diré que yo estaba muy interesada en la penetración pero no en la mía sino en la de ellos. De todas salí como diría mi madre como el rosario de la aurora, menos con uno, con el que no tenía sexo básicamente y cuando lo teníamos solo fumábamos y bebíamos, el resto evidentemente era impedimento.

Con las mujeres me relajé. Y me relajé básicamente porque aquí hablamos de locura, de orificios disponibles y de relaciones mucho más consensuadas. Podría hablarle de muchas cosas pero creo que esto tampoco es lo que exactamente quiere saber de mí. Podría hablarle de cómo un hombro pasó a ser potencialmente mi objeto sexual, o cómo sus brazos llenos de venas me excitaban o tal vez cómo me gustaba frotar mi clítoris sobre su barbilla o cómo era correrse en su rodilla. Fue también la época versátil de dildos ocupando cualquier cavidad con hueso o libre de hueso ¿me sigue? guardados en la mesita de noche, dildos que yo nunca usaba con ellas sino que todas usaban conmigo de forma consentida ¿encuentra la diferencia?

Y ahora después de varias décadas puedo decir que el sexo como yo lo he entendido no me ha interesado. Más allá de lo que te acabo de comentar de forma general y que tú ya sabías de otras sesiones, he usado la masturbación para liberar tensiones. Tensiones de todo tipo, si tuvieses ansiedad, maldita sea, tal vez sabrías de qué mierda le estoy hablando pero no, yo todo esto te lo tengo que contar. Y mira que ahora no me importa, pero no te creas, piensa que mañana puedo desdecirme. Sí, ya sé que con eso también cuentas. Tensiones antes de la menstruación o tensiones diarias, estúpidas tiranteces de la vida común. Me masturbo para que todo fluya dentro de mí, y cuando digo esto apunta que es dentro de mi cabeza no de mi coño.

¿Empoderamiento? Si jajajajaaa, eso es justo lo que busco, la que no te aclaras eres tú, emergiéndome una voz como desde dentro de las entrañas, con rabia de dos días.

Podría mantener contigo si tú quisieras y dejases de interrogarme una conversación altamente excitante (el tema puede ser cualquiera incluso si son cuestiones banales mejor que mejor) ni siquiera tendríamos que rozarnos y yo finalmente me iría a mi casa exultantemente relajada. Apunte, apunte en su libreta, le estoy hablando de una conversación no de un monólogo como este, un par de copas y saber que tal vez nunca nos acostaríamos para follar juntas. Eso sería para mí una noche perfecta. Tienes mi teléfono.

Podríamos irnos a tu casa y que tú me leyeses algo de tu libro favorito o ni tal vez eso… que igual te pondrías nerviosa, algo para leer que encontrásemos de forma fortuita si ninguna necesidad más que leer en voz alta. Tal vez también podríamos estar en silencio y completamente desnudas pero ni aun así tendría la más mínima intención de tocarte. Tampoco quiero que tú te acerques a mí. Básicamente sería para mí otro plan altamente excitante. ¿Has estado con alguien en silencio, de frente, mirándoos a los ojos? ¿Cuánto tiempo has aguantado? En eso radica mi deseo actualmente.

Como te he dicho y me reafirmo no me interesa nada más. En alguna ocasión he tenido muchas ganas de tirarme a alguna chica que acabo de conocer o a alguna amiga o alguna vecina, es decir, a alguien que conoces mucho pero no en el terreno sexual. Pero a continuación he pensado en que perdería automáticamente el interés, es mejor, así. No sexo.

Media hora después como todas las veces me entregaste de forma mecánica el informe. Me dedicaste cinco escasos minutos a decirme lo que pensabas nuevamente sobre mis neurosis y literalmente me echabas abriéndome la puerta. Yo, descruzaba la pierna izquierda sobre la derecha, tomaba de nuevo mi bolso del suelo y te estrechaba la mano en un acto de inmediata concordia. Gracias por la escucha solía decirte mirándote fijamente a los labios.  Y volvía a recomendarte, según salía por la puerta, otro título sobre la segunda guerra mundial con la suma paciencia de saber que volverías a olvidarte.

Luego al bajar las escaleras y pasar por tu buzón te dejaba tres notas. En una de ellas siempre aparecía la palabra NO, en la otra el nombre de una fruta de temporada y en la tercera una dirección con 3 maneras de llegar.

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