12.8.15

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Y como le dijo Axun a Maite “Cuando estoy contigo es cuando más me siento yo”


No suelo recomendar películas ni libros ni lugares ni canciones ni olores.

Pero hoy tengo que hacer una excepción.

80 egunean es una de las mejores películas que he visto en los últimos años e igual me quedo corta.

Para delicia de E. la película está rodada en euskera. Solo se puede ver en versión original subtitulada lo cual es un punto fuerte.

Una película extremadamente valiente, muy poderosa y tierna (creo que es de las primeras veces que escribo en este blog esta palabra) que cuenta el (re)encuentro de dos mujeres que tras verse de forma fortuita después de 50 años no “pueden” separarse de nuevo.

Una historia de cómo lo cotidiano y lo anecdótico va tejiendo una urdiembre donde se tensa de manera arriesgada la homosexualidad ¿contenida? entre dos mujeres de 70 años teniendo como escenario el medio rural. Toma ya!!!

Una historia atípica, ¿quién puede nombrar otra película en la misma línea?, que basa su poder magnético en lo minucioso para señalar a toda una generación, a la que pertenece mismamente mi propia madre, y de la que todas podemos conocer a alguien bien cercano.

Una historia que araña, que duele, que rasga y escuece. Y que contiene chispazos de humor sabiamente injertados.

Una película que AL FIN presume acertadamente de huir de la fácil sensiblería y del dramatismo barato que suelen acompañar a la gran mayoría de películas que tocan el tema de las relaciones lésbicas.

He de confesar que el final me dejó con el corazón en un puño aun siendo un final abierto salí de la sala con más ganas de llorar que de comentar.

Y esto me demuestra que cuando se quiere, en este país, se hace buen cine. Buen cine que por supuesto ha pasado por las carteleras españolas sin pena ni gloria. Y eso dice mucho también de la cultura que consumimos. Esta película debería verse en institutos, centros cívicos, asociaciones, en cines comerciales y hasta en un camping con pantalla al aire libre.

Una pequeña crítica que haría tendría que ver con la “idealizada” vida que se proyecta en torno a Maite, una de las protas, y todo lo que la circunda, es la lesbiana independiente a la que se le atribuye cierto estatus con vida desahogada y libertad in extremis por el hecho de serlo. Hay ciertos estereotipos pero aun así el conjunto es de matrícula de honor.

Y algo que me da bastante rabia es que tanto el guion de la película como su dirección son de dos directores. ¿Cuándo algo así o mejor de una bollo-directora? ¿Será tan difícil?

Y es que…me he quedado con muchas ganas de hacer cine forum ¿alguien más la ha visto?

5.8.15

Mi familia de elección

Vivo agarrada a la tesis "la familia lesboparental: reinvención de la familia" de Silvia Donoso López y me pregunto una vez más que sería de mí sin estos tesoros.


Todas las relaciones de parentesco son de alguna manera ficticias, es decir significativamente construidas, los genes y la sangre constituyen símbolos que implican una forma cultural específica de demarcar y calcular las relaciones. Asentar el parentesco en el amor, en la dimensión social de las relaciones, dejaría de enfatizar la distinción entre relaciones eróticas y no eróticas, y permitiría englobar amigas y amigos, amantes y ex-amantes, e hijas e hijos, juntos, bajo un único concepto. 


Lejos del simbolismo biogenético utilizado para priorizar relaciones en las sociedades occidentales, en el marco electivo que constituyen las familias creadas por lesbianas y gays, las familias de elección (families we choose), utilizando el término acuñado por Weston (1991), la conexión biogenética aparece como una opción equiparable a la adopción o las relaciones fundamentadas en lazos sociales y afectivos. El compromiso emocional y social está por encima de los lazos genéticos y la conexión biológica debe incorporar la conexión social para constituir parentesco. Como señala Weston (1991: 105.106, 189), con el replanteamiento de los materiales simbólicos familiares en el contexto de las relaciones no-procreativas, lesbianas y gays han formulado una crítica del parentesco euro-americano que pone en cuestión los supuestos sobre la importancia de la biología, la genética y el coito heterosexual en nuestra significación de familia. Desde esta lógica, las familias de elección no pueden ser interpretadas tomando las relaciones de sangre como punto de partida, ya que no constituirían una derivación de las mismas sino una transformación en las relaciones de parentesco que cuestiona su base simbólica. Esta transformación iría más allá al romper no sólo con la necesaria diferencia de sexo sino con el mandato patriarcal de la jerarquía de sexos. 

Las familias creadas por lesbianas y gays, liberadas del confinamiento de una estructura y contenidos particulares, no sólo han modificado las formas de convivencia sino también las relaciones que se configuran en su seno, permitiendo dar respuesta a las necesidades, deseos y proyectos individuales. Estas familias, creadas a partir de la elección, se asientan en las emociones y los sentimientos, el amor, la solidaridad y el libre compromiso entre las personas que las integran. El desarrollo de relaciones democráticas e igualitarias parecería ser una norma dominante en las relaciones de lesbianas y gays, conformando relaciones que Giddens (1991) definió como “relaciones puras”, relaciones en las que la confianza no tiene soportes externos y deben desarrollarse sobre la base de la intimidad. Es el amor confluente frente al amor romántico. El amor confluente, nos dice Giddens (1995:63-64), es contingente, activos, sin garantía de permanencia; presupone la igualdad en la reciprocidad emocional y no incorpora los supuestos sobre el género, el poder, la monogamia y el compromiso que caracteriza el amor romántico. 


A veces según voy leyendo me paro en una frase, o en un párrafo, y literalmente no puedo continuar. Pienso, me encojo, me arrugo, me intereso por las negociaciones que me afectan, mis conflictos y mis contradiciones, y es entonces cuando me siento incoheremente más sola que nunca, entonces, sucede que me recompongo y retomo la lectura como prácticamente mi única tabla de salvación.